Martí y Lezama, a través de sus Diarios

En el apasionante viaje por los cuadernos de anotaciones personales de Martí y los de Lezama sobresalen, por encima de cualquier otro aspecto paratextual o de poética, la presencia numerosa de reflexiones y juicios que evidencian lecturas bien atenidas y estudio profundo de los más diversos, pero siempre valiosos autores, comprobando legado y aporte. Como afirma  Carmen Suárez

Lo primero que se percibe es que estamos fundamentalmente en el ámbito de la lectura en su más alto grado, crítica y creadora, de lo que se trata es de incorporar al mundo personalizándolo, del autor que se reconstruye a sí mismo entre lo uno y lo diverso. El texto leído es casi siempre un libro, es letra impresa pero también puede ser un texto musical, es muchas veces un texto pictórico, incluso cuando se trata de datos que proceden de la experiencia vital […] se piensa y se recrea el hecho desde una lectura personal que baraja los elementos y los lee como poesía, como historia, como política y sociología, como texto para el sentir y el conocer, destinado a enriquecer y modular un saber poético y filosófico, que servirá luego al método de acción sobre la vida, al crecimiento y la transformación de la propia obra y el mundo [1].


Pintura de Roberto Fabelo


En este ámbito son frecuentes las referencias a opiniones de determinados escritores sobre otros escritores y a su parecer —autores que Lezama cita y confronta—, pues “leer para él era una forma de escribir” [2]. La lectura es aquí un proceso que contiene reflexión, asociación con el universo de sus poéticas y la cita, como conclusión o elucubración propia. Corroborar todo con sus propias palabras, como afirma Lezama, evidenciar que “en todo lector existe la posibilidad y el deseo de escribir la obra que lee.” La defensa del auténtico fuego creativo, idea contenida en las poéticas de ambos escritores, tiene, en el caso de Lezama, una gestación derivada de ideas de Pascal, Wilde o Aristófanes. Veamos de dónde parte una importante conclusión:

Si Oscar Wilde hubiese meditado esta frase de Pascal: los verdaderos cristianos obedecen a las locuras, pero no porque respeten las locuras, sino el orden de Dios, quien, para castigo de los hombres, les ha sujetado a estas locuras; no hubiese el pobre Oscar, si hubiese meditado esta frase, caído en inutilidades, en acedías, como dicen los teólogos. Las locuras no hay que provocarlas, constituyen el clima propio, intransferible. ¿Acaso la continuidad de la locura sincera, no constituye la esencia misma del milagro? Provocar la locura, no es acaso quedarnos con su oportunidad o inoportunidad. Lo propio del sofista, según Aristófanes, es inventar razones nuevas.

Procuremos inventar pasiones nuevas, o reproducir las viejas con semejante intensidad [3].

La necesidad de perseguir lo nuevo o generarlo, empleando como medio fundamental la asimilación creadora, también desvelaba a Martí, quien  confesó que “lo que importa en poesía es sentir, parézcase o no a lo que haya sentido otro; y lo que se siente nuevamente, es nuevo” [4].

La lectura, que no es otra cosa que descifrar el mundo analíticamente, comprende igualmente las enseñanzas que se reciben por enunciados ajenos y que el poeta abraza: poner lo que creemos de una manera mejor, en boca y en la pluma de otros. Piénsese en la siguiente cita de Baudelaire que tal parece el centro irradiador de la poética lezamiana, y que describe lo que el escritor hace propiamente con la imagen y la figura histórica y literaria de Martí: “Glorificar el culto de las imágenes (mi grande, mi única, mi primitiva pasión)” [5]. En tal sentido Marilyn Bobes ha afirmado que las claves de la escritura lezamiana pueden encontrarse en una anotación del Diario donde el escritor confiesa: “El mucho leer y la muerte de mi padre, el 19 de enero de 1929, me alucinaron de tal forma que me fueron preparando para escribir. El ejercicio de la lectura fue completado por la alucinación. Mis alucinaciones se apoderaban de la imagen y me retaban y provocarían mi mundo de madurez, si es que tengo alguno” [6]. Concebir a la creación como punto supremo o punto de desboque del amor es también una idea martiana que Lezama bebe asimismo en Platón y León Bloy:

 “22 Feb/ 45. ‘El don de sí, sin amor ¿no es un desorden espantoso?’

León Bloy‟

“He rechazado siempre el maniqueísmo, combatir el mal, he buscado siempre actuar dentro de lo que Platón llama el amor [7]”.


Pintura de Ernesto García Peña


En “Asedio a Lezama Lima” integra dichos saberes a su credo cuando afirma: “la expresión es una experiencia total siguiendo la tradición griega y cristiana, pues ahí coinciden Platón y San Agustín que estaban acordes en que era lo mismo hacer el bien que combatir el mal, y hacer un buen poema es el mejor gesto de protesta contra los poetastros pimpantes” [8].

No se nos escape, al analizar estas últimas anotaciones, cómo Lezama igual que Martí une bien y belleza, y reconoce que hay belleza en la justicia, a propósito de unas anotaciones concebidas luego de la lectura de Nietzsche: “La justicia es un sentimiento apolíneo” [9]. Sobre la naturaleza del acto creativo, Martí refiere en los apuntes en hojas sueltas que no creía “que el escritor se debe poner ante el público para lucir sus poderes, sino para darle, en la forma más propia del asunto, la cantidad mayor de ideas posible” [10]. En esa preeminencia del bien pueden ubicarse varias de las gravitaciones entre lo ético y lo artístico que allí se recogen.  

En un ejemplar de El libro vulgar, de Boyensen; sobre Goethe, el Fausto

y Schiller, hallo esta nota manuscrita:

“If there were offered to me in one hand character and in the other intellect, I would choose: what power can man who lacks moral satisfaction can his work brings when impaired by an impure heart: Goethe wielded his sceptre well —but much greater would he have been if he had always restricted his impulses. Admire him as a poet, and not as a man.” [Si me ofrecieran algo escrito de la mano de un genio, o de otra inteligencia, yo elegiría: ¿qué poder puede manejar un hombre que carece de satisfacción moral? ¿Puede crear su obra cuando esta es dañada por un corazón impuro? Goethe empuñó muy bien su cetro —pero mucho más grande pudo haber sido si siempre hubiera contenido sus impulsos. Admirarlo como poeta y no como hombre.]

Yo mismo acaso no hubiera dicho eso de diferente manera. Los poetas no deben estar entre los voraces, sino entre los devorados [11].

 

Martí cree en el poder luminoso y engendrador de la virtud que asoma como una presencia esencial, constitutiva, que engrandece la aureola de la obra artística, y defiende la humildad y el sentido de sacrificio que debe acompañar al poeta en detrimento de “la inclinación intelectualmente aristocrática de Goethe y sus ambiciones cortesanas, su olímpico egocentrismo y su indiferencia política” [12]. Dicha vocación de servicio e instinto sacrificial pueden percibirse con claridad en este apunte: “Escribe mucho cuando sufran los demás: —cuando tú sufras, escribe poco—‟.

“Hay almas cadáveres. No se trabaja para el aplauso de los egoístas: se trabaja para la compañía futura de los mártires” [13].

Irrumpe aquí el anhelo ético que intenta erigir en precepto de su escritura, la lucha contra la obsesión o el ansia de decir, no desprovisto de cierto sentido místico, y que involucra un antiquísimo refrán, que además de predicar por la laboriosidad constante, está emparentado con el famoso verso de su poema “Hierro”: “Ganado tengo el pan: hágase el verso”. Con tales pilares, y otros analizados en los Cuadernos de Apuntes, llega a cuestionarse: “He trabajado yo acaso para que me premien, o para estar contento de mí mismo” [14], reconociendo con el ímpetu de su juventud y su gran talento la raigalidad ética de su creación artística, que alcanza un punto de giro o momento culminante aquí también en el repliegue de su vocación artística para dedicarse enteramente a la organización de la guerra. Luego de tales razonamientos es acertado concluir que para ambos escritores el arte es expresión de verdades universales y actividad creadora que se propone el bien del prójimo. Semejante precepto humanista se une a otro de su misma condición. Me refiero a la preocupación en ambos cuadernos de escritores por el conocimiento de la etimología de las palabras. Dentro de semejante interés filológico resalta la concepción del lenguaje como parte integrante y activa del universo que se rige por sus leyes y la inclusión de precisiones etimológicas, una de las vías indudables de los procesos de asimilación cultural y gnoseológica en sus obras. Lo etimológico es concebido, por tanto, como elemento base en la formación de la cultura [15].

La constante inclusión de testimonios de lecturas y estudio de citas ajenas demuestra la preocupación de ambos poetas por el proceso dilatado de formación de un escritor, y el hecho de tomar de todas las culturas y crear en sí [16], en la cual el artista debe tener el suficiente ingenio para distinguir entre desgarramiento y retórica balbuceante:

“No quiero, para la poesía, la lengua débil de Séneca —ni aquella floja, sobrada, vacilante, copiosa, exuberante: —de Lucano: —Pláceme, como en Sondraka, la abundancia legítima: —y, de no haberla, por las condiciones ásperas de la naturaleza en que se cría, pláceme la rugosa y troncal lengua del Génesis” [17]—”.  

 “Nov 3 1942. En su Diario, Otto Weininger, refiriéndose a la conocida frase de Nietzsche, dice: ‘yo no escribo con sangre sino sólo con tinta roja’. He ahí una confesión que conviene hagan todos los epígonos, para no confundir la sangre, el agua coloreada y la tinta roja [18]”.

En ambos cuadernos de anotaciones podemos hallar casi siempre tramos autorreflexivos y huellas que dan fe de un proceso de autoaprendizaje constante, de un proceso continuo de conocimiento, gracias a la majestad de la lectura, que opera como un mecanismo o manifestación del pensamiento, predominante tanto a lo largo de los Cuadernos de apuntes y apuntes en hojas sueltas como en los Diarios. En ellos los escritores mezclan mágicamente “su capacidad germinativa y la acumulación de la tradición”  [19], pues “como participantes de la cultura europea solamente por medio de la herencia ilegítima de la colonia, el escritor americano puede compartir cualquier tradición cultural que le atraiga sin compromiso alguno, […] sus repertorios culturales no aceptaban límites, ni cronológicos ni geográficos [20]” . Entre ideas propias hay definiciones que copia y traduce a su personal sentir y pensar, proceso en el cual hace asombrosos aportes. Así, al consolidar sus conocimientos, crean acercamientos singulares a las definiciones. En tal sentido, advertimos en las anotaciones de Martí y Lezama el tratamiento de los temas típicos o emblemáticos de sus obras, que se perciben también en la inclusión de fragmentos de escritores ajenos y fragmentos propios que estos cuadernos recogen, dígase la reflexión continuada sobre la poesía, como centro irradiador de preocupaciones estéticas —lo poético se convierte primero en Martí y luego en Lezama en luminoso y mágico seguimiento, en una forma de apropiación de la realidad —fundamentada por las constantes relaciones que se establecen entre poesía e historia, poesía y ciencia, poesía y filosofía, poesía y pintura, y, por extensión, literatura y cultura, con la vida o las interacciones entre la poesía —léase también literatura— y el bien, todo mediado por la manifestación de la verdad; pues según Vico, en la raíz del saber se encontraba la poesía [21]. Para estos poetas pensadores, al decir de Julio Ortega, su devoción pasional por la literatura es una fe absoluta en los dones, enigmas y certidumbres de la poesía como tierra central, de la poesía como pensamiento o el uso de los recursos poéticos como herramientas para pensar el mundo sensible y la relación del ser con dicho mundo [22], pues ambos escritores “intentan ofrecer una imago-mundi totalizadora, en la cual la historia y la cultura ocupan un papel principal [23]”. Hemos tratado de demostrar en el presente ensayo que las continuas reflexiones sobre la poesía que encontramos en los Diarios de Lezama son intensificaciones de las ideas y enunciados de Martí en sus Cuadernos y otras zonas de su obra. Su pensamiento sobre ella como forma esencial de la literatura está en la base de la concepción que construye Lezama, quien convierte a la poesía en un método de conocimiento de la realidad, “más que método, sistema y más que del conocimiento de la historia, de afirmación en el mundo” [24].  Tal argumento ensancha la aseveración de Fina García Marruz en que revela que aunque “su actitud pareció ‘casaliana’, su poesía ‘gongorina’, estuvo en realidad más cerca —pese a las obvias diferencias— de Martí que de Casal” [25].


José Lezama Lima. ​Foto: Internet


Si todo texto literario, como afirma Eduardo Ramos Izquierdo, encierra en sí mismo una carga de intertextualidad, estos llamados Diarios, como propiamente los ensayos de Lezama, remiten a un saber múltiple. Su carga es densa y se abre a una posible multiplicidad de relaciones: literarias, filosóficas, religiosas, mitológicas, históricas geográficas, artísticas. Y son, como el resto de su obra, una amalgama atravesada por la poesía [26], como los apuntes de su ilustre antecesor. Estos poetas, que a través de un ejercicio intelectivo continuado arrojan una visión eminentemente teórica acerca del hombre, el saber y la historia, como también Valmiki, Tagore, Dante, Eliot, y que coinciden en la orientación teleológica que sobre la vida ofrecen en sus obras, al decir de Lourdes Rensoli, “pueden ser definidos como poetas filósofos, o si se prefiere, poetas que poseen una concepción filosófica del mundo propia y la expresan en su poesía […] y en otros géneros abarcados por su obra [27]. Por supuesto, esto no excluye en modo alguno las diferencias muy grandes que existen entre cada uno de los nombrados” [28]. Aunque es preciso admitir con Cintio Vitier que el Martí de la “era de la posibilidad infinita” de Lezama, junto a las más altas recepciones anteriores o simultáneas, terminó por ser la clave de su propio pensamiento poético, en la medida en que lo intuyó como paradigma y anuncio de la encarnación de la poesía en la historia [29]. La reflexión continuada sobre la poesía —concebida como sacerdocio—, la pasión por la historia y la filosofía, los clásicos, las religiones y las mitologías en ambos creadores, “una forma nueva de ver las cosas, un peculiar sentido del lenguaje, una inquietante y misteriosa trascendencia, un renunciamiento al facilismo” [30], la asimilación de preceptos evidentes y sutiles del autor de Versos sencillos por parte de Lezama en los Diarios, y específicos ángulos cosmovisivos en que se aprecia la vocación de síntesis y de integración de lo diverso en lo universal autóctono [31] o la ávida curiosidad integradora, al decir de Vitier, en ambos escritores donde se vincula la vida con la literatura, y la naturaleza con la cultura (la espiritualización de la naturaleza —si bien en cada uno las influencias filosóficas que condicionan tal rasgo tienen sello y dirección diferentes, según Rensoli) hacen confluir las anotaciones de ambos poetas que siempre trabajaron en función de producir una obra, y que no se debían al acabado de un libro [32]. Su condición de poetas pensadores con un estilo de pensamiento profundamente afirmativo y con estilo integrador, y de hombres dialógicos en cuya ética hay preocupación por el lugar del otro en el yo, como asevera Julio Ortega, se vincula en gran medida con su cualidad de poetas mayores, que, según Fina García Marruz, son aquellos que tienen ojos para ver la gloria, la sospecha de que el sufrimiento no es quizás lo más profundo, no obstante su atronadora evidencia rodeándonos, para ver la sustancia de dicha en el ser de la Creación, en los cándidos adentros de color [33]. Por tanto, la trascendencia de la obra y el pensamiento de José Martí era una respuesta articulada para el universo poético lezamiano.

 

Notas:
1. Carmen Suárez León. “Lezama y Martí. Absortos ante el espejo de sus apuntes” en Revista Unión, n. 70, La Habana, 2011, p. 16.
2. Cintio Vitier. “Martí y Darío en Lezama” en Revista Casa de las Américas, sep.- oct., La Habana, n. 152, 1985, p. 5. En tal sentido Marilyn Bobes apunta sobre el Diario de Lezama que este refleja las impresiones que le producen no solo las lecturas sino también la audición de ciertas piezas musicales o la contemplación de obras pictóricas y que, aun cuando se mencione en ellos a importantes figuras de las letras y las artes con las que mantuvo una profunda amistad, los apuntes carecen de incidencias relacionadas con experiencias vitales. Y que no encontraremos en ellos peripecias ni confesiones sentimentales, sino ejercicios del intelecto superior que pugna por convertir al hombre en instrumento de su mente, relacionando e interpretando más que disfrutando hedonísticamente los placeres sensoriales. Véase Marilyn Bobes. “Lezama a Diario” en Granma, 11 de mayo de 2010. La Habana, p. 15
3. José Lezama Lima. ob. cit., p. 56. El subrayado es mío.
4. José Martí. O.C, T. 5, p. 512.
5. José Lezama Lima. ob. cit., p. 92.
6. Marilyn Bobes. “Lezama a diario” en Granma, 11 de mayo de 2010. La Habana, p. 15.
7. José Lezama Lima. Diarios, pp. 76 y 84, respectivamente.
8. En “Asedio a Lezama Lima”, p. 148. En ambos cuadernos de anotaciones hallamos los “testimonios de su intimidad intelectual” y la búsqueda de “las categorías apropiadas para la formulación de sus poéticas.” Carmen Suárez León. “El dragón criollo de Lezama en la Biblioteca Francesa” en Biblioteca Francesa de José Lezama Lima, Centro de investigación de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana, 2003, p. 13.
¿Pone a prueba Lezama su catolicismo frente a la fuerza, socavadora, pero regeneradora, de la cosmovisión filosófica? Eso parece. Más que decididas críticas —como en sus poemas, cuentos y novelas sí pueden hallarse— debido a su sistematización —figura una polémica que sostiene consigo mismo. El poeta Lezama debe encontrar primero el fundamento de la unidad, el substrato del misterio, para realizar su función de mistagogo. Quien aspire a serlo, ha de discernir por sí mismo ser y no ser, verdad y error, bien y mal.” Lourdes Rensoli. “la cultura del poeta: la filosofía en el Diario de José Lezama Lima, en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, n. 3, 1989, La Habana, p. 87.
9. José Lezama Lima. Diarios, p. 97.
En el propio Martí, lo que, persiste es justamente la exhortación a unir en el quehacer artístico lo bello y lo bueno, consciente de que nocionalmente son dos conceptos diversos, aunque en la realidad del ser la identidad sea absoluta. Leamos este fragmento de una carta de 1891, escrita en la misma época que los dos textos citados anteriormente: “Por lo que mueven los corazones, y por lo que se inspiran en ellos, mido yo el mérito de las obras de arte. Lo demás es trabajo de nubes y pompa de papelería.” O.C, T. 20, p. 384 - 385. Y en 1881 había formulado de otro modo la misma convicción: “La forma bella es tan necesaria al pensamiento bueno —como el ir vestido lo es al hombre virtuoso.” O. C, T. 21, p. 170. Va descubriendo la comunión poco a poco en el arte porque también está en la vida. En ese año anota en su cuaderno otra sentencia semejante ya citada al tratar sobre la leve tendencia contenidista de su poética, ahora nos sirve para este nuevo aspecto: “Hay que vindicar: poesía es esencia. La forma le añade, más no podría constituirla: —como añade apariencia agradable a un hombre limpio de alma, andar limpio de cuerpo. Carlos Javier Morales. La poética de José Martí y su contexto. Editorial Verbum, 1994, Madrid, p. 437- 438.
10. José Martí. O.C, T. 22, pp. 251 - 252. Véase otra cita afín, ya incluida en su obra publicada: “No se ha de escribir para hacer muestra de sí, y abanicar como el pavón la enorme cola, sino para el bien del prójimo, y poner fuera los labios, como un depósito que se entrega, lo que la naturaleza ha puesto del lado de adentro de ellos.” O.C, T. 10, pp. 134 - 135.
11. José Martí. ob. cit., Fragmento 64, p. 42.
12. Arnold Hauser. “Alemania y la ilustración” en Historia Social de la literatura y el arte, Edición Revolucionaria, La Habana, 1966, p. 119.
13. José Martí. ob. cit., Fragmento 251, p. 159.
14. José Martí. ob. cit, “Otros Fragmentos”, Fragmento 10, p. 313.
15. “Harem”, del árabe haram, vedado.
Serrallo, del persa serai, palacio. ob. cit. p. 283. Fijémonos en esta temprana aprehensión de las esencias de la lengua en el Cuaderno de apuntes 2. “Hasta en el lenguaje está la síntesis: Yo, el ser es monosílabo, y la mayor cantidad de ser en la Tierra. Sí, la afirmación es un monosílabo: es la mayor cantidad de afirmación en una voz. Es la esencia. Monosílabo. Es la expresión mayor de germen de ideas […] Y no, la negación mayor y casi todas las ideas primitivas se expresan por muy cortas o monosilábicas palabras. ob. cit, p. 66.
“9 de enero 1942. Nietzsche decía: Dichosos los que tienen gusto, aunque sea mal gusto.
Para el griego sabio significa hombre de gusto.” José Lezama Lima. ob. cit, p. 49 “En griego esfinge y esfínter tienen la misma raíz: contraer”. José Lezama Lima. ob. cit., p. 86.
16. A esto Julio Ortega lo llama “el no rechazar teresiano”, aludiendo a un ensayo de Lezama de Tratados en la Habana donde analiza el modo creativo de Santa Teresa.
17. José Martí. O.C, T. 21, p. 214.
18. José Lezama Lima. ob. cit., p. 39.
19. Alessandra Riccio. “El ‘Diario’ de Martí en José Lezama Lima” en Revista Unión, n. 2, 1985, La Habana, p. 100. “Una vez más, Lezama le resta importancia a la causalidad y le otorga primacía a la chispa creadora y a los procesos que fomentan su aparición: la impregnación, la conjugación y la ‘genminaridad’. Estos procesos forman parte de las actividades poéticas fundamentales que él llama ‘asimilación creadora’ e ‘imaginación retrospectiva’.” Gustavo Pellón. “Martí, Lezama Lima y el uso figurativo de la historia” en Revista Iberoamericana, ·154, enero - marzo de 1991, Pittsburg, Pennsylvania, p. 83.
20. Gustavo Pellón. ob. cit, p. 88.
21. Véase Carlos M. Luis. “Presencia de Lezama Lima” en www.el nuevoherald.com.presencia.de.lezama.lima.htm
22. Véase Juan Manuel Sepúlveda. “Lezama Lima: El poeta como pensador” en Revista de Literatura Hispanoamericana, Universidad de Zulia, n. 31, Zulia, 1995, p. 33.
23. Margarita Mateo. Paradiso: la aventura mítica, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2002, p. 61. Oscar Hurtado, hechizado por la centralidad que en el sistema poético de Lezama tiene la poesía, reflexiona:
Con Lezama aprendí que nada hay más serio que la ocupación poética; aprendí que habitar la poesía es habitar un claustro y una llama; y que el poeta debe ejercitarse diariamente en su cultivo personal, estudiando todas las posibles ramas del saber humano, porque el poeta es el más alto representante de la humanidad y de la cultura, que en ciertos momentos se identifica con la cultura, cuando crea y recrea el idioma[…] Y cuando me adentré en su sistema, descubrí que había creado una cosmogonía, uno de los géneros literarios más antiguos y venerables; una cosmogonía, donde a los dioses se les reemplazaba por entidades como la Poesía, el Poema, la Imagen y la Metáfora. “Sobre ruiseñores”. Recopilación de textos sobre Lezama Lima, La Habana, 1970, p. 301.
24. Cintio Vitier citado por Juan Carlos Ghiano. “Introducción a Paradiso de Lezama Lima”. Recopilación de textos sobre Lezama Lima, La Habana, 1970, p. 250.
25. Fina García Marruz. “La poesía es un caracol nocturno (En torno a ‘Imagen y posibilidad’‟ en Coloquio Internacional sobre la obra de José Lezama Lima. Poesía, Vol. I, Centro de Investigaciones Latinoamericanas, Universidad de Poitiers, Editorial Fundamentos, Madrid, 1984, p. 259.
26. Eduardo Ramos Izquierdo. “La era imaginaria de Lezama Lima” en Coloquio Internacional sobre la obra de José Lezama Lima. Poesía, Vol. I, Centro de Investigaciones Latinoamericanas, Universidad de Poitiers, Editorial Fundamentos, Madrid, 1984, p. 70. Lezama conserva “la fe en lo imposible, sustancia de nuestras mejores tradiciones cifrada en una profética intuición de José Martí. ‘Lo imposible es posible. Los locos somos cuerdos’. Pero el tema de la posibilidad de lo imposible ¿no está en el centro de la poesía de Lezama?” Cintio Vitier. “Introducción a la obra de José Lezama Lima” en Valoración Múltiple de José Lezama Lima, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2010, La Habana, p. 114.
27. Lezama describe la conciencia de tal idea de la siguiente forma: “Martí retomó la tradición, profundizó el conocimiento de nuestros clásicos, se empapó de las zonas más creadoras de nuestra expresión. Fue reavivador del idioma, es decir, el español desde la época de los grandes clásicos, Santa Teresa, Quevedo, Gracián, no volverá a lucir tan ágil, flexible y novedoso como en Martí […] Se apoderó de la herencia de los clásicos, pero para comunicarle nueva vida y esplendor.” “En José Martí culminaron...” en Martí en Lezama, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2000, p. 62.
28. Lourdes Rensoli Laliga. “La cultura del poeta: la filosofía en el Diario de José Lezama Lima” en Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, n. 3, 1989, pp. 73 - 74.
29. Véase Cintio Vitier. “Brevísima Presentación” en Martí en Lezama, La Habana, Centro de Estudios Martianos, 2000 p. 12.
30. Armando Álvarez Bravo. Órbita de Lezama Lima, Ediciones Unión, La Habana, 1966, p. 11.
31. Cintio Vitier afirma que dichas cualidades Lezama las aprendió de Martí. Véase “Martí y Darío en Lezama”, Revista Casa de las Américas, La Habana, sept.- oct., n.  152, 1985, p. 13.
32. Véase Julio Ortega. “El reino de la imagen” en Valoración Múltiple, 2010, p. 142.
33. Véase Fina García Marruz. “Por Dador de José Lezama Lima” en Valoración Múltiple, Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2010, p. 224.