Manolo Micler: “El Conjunto Folclórico Nacional está comprometido con la cultura”.

Bailarín, profesor, coreógrafo y director del Conjunto Folclórico Nacional (CFN), Manolo Micler llegó a la agrupación con 17 años. Tras siete décadas de vida consagrada a la danza, recibió el Premio Nacional de Danza.

Fidel fue uno de los impulsores del CFN, propiciando que se convirtiera en embajador de la cultura cubana

Sí, nosotros fuimos invitados por el Comandante en Jefe muchas veces a realizar actividades artísticas en Cuba y en el exterior. Estábamos de gira en Moscú y nos mandaron a buscar porque él nos había invitado para que actuáramos en la Cumbre de los Países No Alineados, que se celebraba en Argelia, y allí fuimos. Aun así, siendo reconocidos y apoyados por la más alta dirigencia del país, quedan algunas personas que no son muy amantes de las manifestaciones folklóricas, considerándolas un subproducto de la cultura nacional. No las valoran por tener conceptos pequeñoburgueses y racistas acerca de lo que es arte, menospreciando las expresiones más raigales creadas por el pueblo.


Manolo Micler. Foto: BUBY


Hubo un momento en que el Conjunto no tenía sede, y ya le querían arrancar la cabeza, en esa ocasión Ramiro Guerra le da la posibilidad de ensayar en los salones de Danza Moderna, en la Plaza de la Revolución y es allí que, casualmente, mientras hacían sus ensayos, pasan Raúl Castro y Juan Almeida y al escuchar los tambores  se interesan y asisten al ensayo. Según cuenta el Dr. Rogelio Martínez Furé, apresuradamente hace una carta explicándoles que iban a desaparecer al Conjunto Folklórico Nacional de Cuba porque no “había presupuesto”, y es entonces que  ambos dirigentes hacen posible que le den lo necesario a la Compañía y la oficialicen. Después, el líder de la Revolución fue a nuestro estreno, de ese momento existen fotos donde está él junto a Bola de Nieve en el debut del Conjunto en el Teatro Mella.

¿Desde el principio tuvieron claro que se llevaba el hecho folklórico a escena?

Al principio no teníamos muy claro ese concepto, y Martínez Furé fue el encargado de hacernos entender que nosotros no hacíamos folklore, que hacíamos proyecciones teatrales inspiradas en las manifestaciones folklóricas creadas por nuestro pueblo. Santiago Alfonso mantenía ese concepto pero con otro nivel de propuesta escénica. Esa afirmación nos la dio Furé: “El folklore lo hace el pueblo, y nosotros hacemos proyecciones teatrales inspiradas en esas manifestaciones”, nos dijo.

¿En qué momento comienzan a llegar al Conjunto Folklórico Nacional de Cuba los egresados de la Escuela Nacional de Arte (ENA), y cómo se produce el diálogo entre ustedes, que se habían formado de manera empírica?

Yo soy malo para las fechas, sé que aún estaba bailando cuando empezaron a entrar bailarines egresados de la ENA. Ese fue un diálogo positivo, pero fueron muy pocos, no grandes oleadas. Si a nosotros nos habían ayudado los fundadores, teníamos el deber de ayudar a estos nuevos bailarines que se incorporaban. También entraron otras bailarinas, como Leonor Mendoza, Isabel Lancés, Lucía Subiadur, que tenían nivel técnico porque eran de la escuela que había en nuestra institución, o venían de la Escuela de Ballet de L y 19,  o del grupo Nuevo Teatro de Danza. Fue un poco más fácil que ellos se fueran incorporando al repertorio del Conjunto con nosotros.

¿Se puede bailar folklore en Cuba sin ser religioso?

Por supuesto, yo empecé a bailar sin ser religioso, en mi casa no vi nada de religión, solamente lo que ve la mayoría de los cubanos, catolicismo porque están Santa Bárbara y la Caridad del Cobre o San Lázaro, pero hasta ahí. Martínez Furé siempre nos cita a Fernando Ortiz: “No es un problema de natura sino de cultura, de asumir los valores de la cultura”. Yo asumí íntegramente los valores culturales de mi pueblo y me considero heredero de los aportes mandingas, congos, sevillanos, extremeños, franceses, haitianos y de todo ese ajiaco de naciones que conforman nuestra identidad.


Foto: BUBY


Hay una tendencia a conservar todo lo que tenga que ver con el folklore, pero la sociedad le permite evolucionar

El folklore mismo está evolucionando, ya la gente no baila la rumba como la bailaban antes. La manera de hacer coreografía no es la misma, hay que evolucionar.

¿Cómo eligen las obras que van a montar?

El coreógrafo presenta su proyecto, si es una manifestación que no ha sido investigada tiene que hacer investigaciones. Si es alguna obra, por ejemplo, de bailes bantú, ya investigada, lo único que tiene que haber es una sinopsis de la obra. La hacen los coreógrafos y, por supuesto, pasa por la revisión de Furé, que es nuestro asesor.

¿Y cómo se van renovando los músicos del Folklórico?

Es difícil porque no hay escuela de percusión ni de canto folklórico. Hay que buscarlos en los focos, se coge de la calle porque no hay escuelas especializadas, pero está cerrada esa posibilidad de entrar gente al sector. Además, no tengo ningún interés en estos momentos de traer egresados de las escuelas.

¿Por qué?

Porque no están bien formados folklóricamente, además no están motivados, no les interesa venir para el Conjunto, solo hablan de pertenecer a agrupaciones de “fusión”. Hemos recurrido a bailarines callejeros y hemos tenido que formarlos en nuestros salones. Lo que más me preocupa es que los muchachos no tengan interés en las danzas tradicionales o en querer pertenecer a una compañía como la nuestra. Para gustos se han hecho los colores, pero creo que la escuela no los motiva, hay deficiencias e inexperiencias de profesores que ocasionan estos problemas.

¿Cómo funcionan los laboratorios que convocan a personas que no son parte de la compañía?

Este año hicimos una reunión y decidimos que hay que darle un vuelco a esos talleres, eso empezó con una fuerza tremendísima, pero tenemos que dar un giro para recuperar esa etapa de esplendor.

Todavía tienen buena aceptación; pero hay muchos talleres particulares que están atentando contra de los nuestros, creo que también hay mucho intrusismo profesional, cualquier institución que no tiene nada que ver con la cultura está haciendo talleres de bailes folklóricos, viene una persona que dice que es especialista y, sin serlo, da clases de folklore o bailes populares, y entonces lo que están recibiendo de esos “especialistas” es un producto de quinta categoría. ¿Quién controla eso? ¿Cómo se controla eso? Por nuestra parte creo que debemos   hacer renovaciones en algunos aspectos para lograr atraer a todos los interesados en aprender los ritmos, bailes y cantos que nos han identificado como nación durante años.


Foto: Archivo Juan García
 

En los últimos tiempos es habitual el flujo de bailarines, gente que va y viene. ¿Cómo logran mantener el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba con esa situación latente?

Hay un grupo de personas aquí, los de mayor experiencia y conocimientos, que tenemos una resistencia a prueba de balas, porque el éxodo es constante, y eso no lo puedes evitar, que la gente quiera irse a otro lugar para mejorar económicamente, o porque tiene otras aspiraciones artísticas, es comprensible. Donde nosotros estamos “plantados en siete y media” es en la formación del artista, los artistas que nosotros necesitamos los estamos sacando a pulmón, mientras nos queden fuerzas lo seguiremos haciendo, y pasándole a nuevas generaciones estos conocimientos, si no estamos perdidos. Hay que contar con las nuevas generaciones, si no contamos con ellos, si no les transmitimos conocimientos, si no formamos gente que continúe, entonces sí perdimos, pero mientras haya ese interés, esa posibilidad de transmitirle lo hacemos, transmitiéndole a los más jóvenes el amor hacia la Compañía, el sentido de pertenencia que deben tener, porque aunque hayan muchos que se van, hay otros muchos que se quedan porque dicen: “esto es lo mío”. Es lo que tenemos que lograr, que haya gente de las nuevas generaciones que estén comprometidas con la cultura popular tradicional cubana y como dijo el Maestro Fernando Ortiz: “CIENCIA , CONCIENCIA Y PACIENCIA”.