Maia Plisetskaia: disciplina, talento, perfección

 

En el verano de 1959 arribó a La Habana la primera delegación artística de la Unión Soviética. Por aquellas fechas todavía no existían relaciones diplomáticas formales con esa nación; no obstante, bajo el rótulo de Estrellas del Ballet Soviético, se presentó un grupo de artistas con danzas folclóricas y clásicas, integrado por más de una decena de figuras importantes del teatro, que realizaron exitosas funciones en el Auditórium y en el Anfiteatro de la Avenida del Puerto.

Fue aquel el primer paso hacia un intercambio cada vez más dinámico, que tuvo su punto culminante durante las funciones, en la temporada de 1962, del Circo Soviético, con el célebre payaso Oleg Popov.

Sin embargo, fue la llegada de la prima ballerina assoluta Maia Plisetskaia, el 29 de octubre de 1965, el suceso que marcó el punto cumbre de aquel intercambio artístico en los años iniciales de la Revolución Cubana. La bailarina llegó invitada por el primer ministro Fidel Castro, y a recibirla al aeropuerto acudieron numerosas personalidades, entre ellas Alicia y Fernando Alonso, en unión de otras figuras del ballet cubano.

Muy emocionada, Maia declaró a los periodistas: “He dejado el frío que hay en esta estación en mi país y me encuentro con este calor de Cuba: calor de clima y de recibimiento”.

Nacida en 1925 y graduada en 1943 de la Escuela de Ballet de Moscú, Plisetskaia encantó con su arte a los combatientes de las trincheras durante la Segunda Guerra Mundial y ostentaba la Orden Lenin y el título de Artista del Pueblo, máximas distinciones que podían conferirse a un artista en su país.

Su debut cubano tuvo lugar en la noche del sábado 30 de octubre, en el teatro Chaplin —hoy Karl Marx, en el barrio de Miramar—, con El lago de los cisnes, en función extraordinaria complementada con las actuaciones de Alicia Alonso, Josefina Méndez, Loipa Araújo, Aurora Bosch y Azari Plisetski como protagonista masculino.

Crítica y público quedaron complacidos, y es necesario recordar que tanto la primera como el segundo estaban acostumbrados a ver funciones de ballet de primerísima calidad y tenían un juicio aguzado por muchos años de experiencia. Los miembros de la delegación asistieron, además, a la recepción del 7 de noviembre, con motivo del 48vo. Aniversario de la Revolución de Octubre.

Al ser entrevistada, Maia Plisetskaia reveló, en unas pocas frases, “el secreto” de su perfección: “Se trata —dijo— de un combate diario, de un duro combate de cada día. Dos días que esté sin trabajar, sin entregarme a la disciplina de los ejercicios, y ya el cuerpo deja de responder”.

Maia regresó a Cuba en 1968, para bailar Carmen en el otrora teatro García Lorca. Oriunda de un país de grandes artistas del ballet —Anna Pavlova y Galina Ulánova, por citar dos bien conocidas—, de grandes coreógrafos y de no menos grandes compositores de música para ballet, Maia, con su amplísimo repertorio de obras clásicas y modernas, se inscribe como una de las personalidades claves de todos los tiempos dentro del célebre Ballet del Teatro Bolshoi, cuyas actuaciones han recorrido el planeta de un extremo a otro, dando justificada celebridad a varios de sus integrantes.

Figura emblemática del ballet ruso en el período soviético, la diva falleció el 2 de mayo de 2015. La noticia conmovió al mundo artístico, pero no por ello se cerró el capítulo de una bailarina que, por sí sola, es parte de la historia de la danza.