Maestros de danza: momento fundacional

En los archivos del Ballet Nacional de Cuba, el doctor Miguel Cabrera guarda con celo una foto en la que posan varias figuras de la danza cubana. Es la instantánea del momento fundacional de lo que es hoy la Facultad de Arte Danzario del Instituto Superior de Arte de La Habana.

Mucho tiempo debieron esperar las tradiciones danzarias cubanas para que la academia universitaria las acogiera. El Ballet Nacional de Cuba, Danza Contemporánea de Cuba y el Conjunto Folclórico Nacional, eran las puntas visibles de una especialidad que había alcanzado sus máximas expresiones tras el impulso que la Revolución le había dado a las artes. Sedes para trabajar, salario para bailarines y equipo técnico, teatros para presentarse, posibilidad de formar públicos, escuelas para la enseñanza de la danza. Pero hubo que esperar hasta septiembre de 1997 para que surgieran los estudios universitarios de danza.


Fundadores de la carrera de Arte Danzario. Foto: Cortesía de Miguel Cabrera. Historiador del Ballet Nacional de Cuba


Los bailarines con afanes de estudios debieron acudir a la Escuela de Letras de  la Universidad de La Habana. Ya se ha registrado en numerosas ocasiones la influencia intelectual ejercida entre los bailarines de personalidades como Fernando Alonso y Ramiro Guerra, de Isabel Monal y Rogelio Martínez Furé, quienes desde sus respectivas posiciones estimulaban la necesidad de investigar, de revertir el carácter efímero de la danza mediante el estudio.

Bailarinas como Loipa Araújo y Aurora Bosch estudiaron Historia del Arte, la profesora Silvia Rodríguez recuerda a compañeros de aula en la Escuela de Letras como Juan Padrón, el creador de Elpidio Valdés. Johanes García rememora la hornada del Conjunto Folclórico Nacional que llegó a los predios de Cubanacán a estudiar en el ISA después de sentar pautas en la escena: Juan García, Alfredo Ofarrill, Manolo Micler, entre otros. Marianela Boán y Rosario Cárdenas, bailarinas y coreógrafos, integrantes de la que es hoy Danza Contemporánea de Cuba, estudiaron carreras de Humanidades. Y todos coinciden en la manera positiva en la cual los estudios universitarios ampliaron sus perspectivas de la danza y posibilitaron el desarrollo de sus carreras como profesionales.

La foto fundacional, como se le conoce en los pasillos de la danza, recoge algunos de los rostros más venerados. En el sitio más relevante se encuentra Alicia Alonso, la figura más excelsa de la danza cubana. Las cuatro joyas de la escuela cubana de ballet están ahí: Loipa Araújo, Josefina Méndez, Mirta Pla y Aurora Bosch, discípulas del maestro Fernando Alonso, quienes ya habían estudiado carreras de Humanidades en la Universidad de La Habana.  También Ramona de Saá, la querida Cheri, justamente reconocida con el Premio Nacional de Enseñanza Artística, y la profesora Silvia Rodríguez, de la primera graduación de la ENA, consagrada a la enseñanza del ballet desde que tenía quince años hasta hoy. La danza contemporánea es representada por el maestro Ramiro Guerra y Lorna Burdsall, fundadores del estilo cubano de danza moderna. También están el bailarín Miguel Iglesias, director de Danza Contemporánea de Cuba, quien ha estimulado a los jóvenes miembros de su compañía a cursar estudios universitarios; y Víctor Cuéllar, coreógrafo que signó uno de los momentos más gloriosos de la danza moderna en nuestro país y que hoy es apenas recordado pues su obra ya no es parte de la compañía a la cual perteneció. Iván Tenorio, coreógrafo que rompió los límites del ballet clásico y colaboró con la gente de teatro y los de danza moderna, es uno de los protagonistas. Rogelio Martínez Furé, folclorista, poeta, colaborador de los hermanos Camejo en el Guiñol Nacional, investigador e incansable promotor de la cultura del continente africano, es uno de los iniciadores de la carrera de Danza Folclórica.

Hay rostros que no alcanzo a reconocer, y espero que la publicación de la foto en este sitio propicie que los lectores contribuyan a identificarlos. Esa es una de las objeciones que debo hacerle a los estudiosos de la danza, la demora en realizar los registros de su Historia. Una especialidad de carácter tan efímero como la danza debe recoger su devenir, el nombre de sus protagonistas, sus grandes momentos…, para evitar que caigan en el olvido. Es cierto que buena parte de los Trabajos de Diploma se ocupan de estos asuntos, pero esas investigaciones no suelen trascender los marcos de la Facultad, a pesar de los aportes que han hecho. Ya es hora de que circulen por otras zonas para que sus revelaciones sean de uso público.

Ahora solo queda resaltar la importancia de los estudios universitarios de danza, el hecho de que pensemos el ser cubano desde la perspectiva de la danza, vital en un país de fuertes tradiciones danzarias, con bailarines y maestros de gran prestigio internacional.