Los hijos de Yuya Martínez

Los años 70 están abriéndose al mundo. Ángela Davis y Miriam Makeba comienzan a formar parte de la vida cotidiana de los cubanos. La primera, por ser el símbolo de una lucha con la que los habitantes de esta Isla estaban identificados: el fin de la discriminación racial y el abuso que sobre los afronorteamericanos ejercían las fuerzas dominantes.

Para ese entonces, el Ku Klux Kan (KKK) era uno de nuestros declarados enemigos —aún hoy lo sigue siendo, aunque sus crímenes no se reflejen con la misma crudeza e intensidad de entonces—. Para bien de nuestra conciencia social, Santiago Álvarez había hecho su versión de Now, un tema de origen judío que se erigía en canto para exigir libertad y respeto. Paradójicamente, aún estaban frescas en la memoria las imágenes de la guerra de los seis días que conmovió al Oriente Medio.

La Makeba venía desde el sur de África y, aunque era una exiliada, representaba la cultura de un pueblo que poco a poco se nos hará familiar. Nelson Mandela era todo un desconocido para la gran mayoría de los cubanos. A Ángela Davis y Miriam Makeba las unía la misma causa: poner fin a la discriminación contra el hombre negro.

En otro extremo del planeta hay una guerra que a todos conmueve. Vietnam es el punto de partida para el fin de algunos mitos. La tierra del “Tío Ho” es otro punto cardinal que marca la vida de los cubanos.

Para ese entonces, ya habíamos tenido nuestros primeros desengaños amorosos, algunos sueños truncados y metas que posponer; sin embargo, eso no impedía que la música fuera nuestra compañera ideal para palear por estos acontecimientos.

Una de las grandes virtudes del cubano como pueblo, además de su carácter gregario, es la de tomar sus fracasos y convertirlos en punto de partida para nuevas batallas; en otros casos, se aferra a una frase o a una palabra y con ella construye un canon social, filosófico y cultural, donde aplica la música como punto de partida.

A lo largo de la historia del siglo XX, se han reflejado en la música acontecimientos relevantes. El descubrimiento de la penicilina y su aplicación terapéutica ganó notoriedad con un danzón de igual nombre; lo mismo ocurrió con el tratamiento del nervio trigémino para evitar algunos males y dolores, lo cual dio origen a un son esdrújulo con un estribillo peculiar (bota las muletas y el bastón/ y podrás bailar el son).

La década de los 70 no es menos pródiga en acontecimientos que reflejará la música. El primero ocurrirá en 1969, cuando en diciembre de ese año se funde una orquesta que impactará en los jóvenes de estos años: los Van Van, cuyo nombre está inspirado en la consecución del sueño más arriesgado de esos años: lograr producir diez millones de toneladas de azúcar. El cumplir la meta estuvo cerca, pero la gran enseñanza será el surgimiento de los cronistas musicales de la Cuba de estos tiempos.

El segundo vendrá de la mano de otro joven, irreverente y rebelde como el tiempo en que está viviendo; su nombre es Silvio Rodríguez. Solo, acompañado de su guitarra y de una inagotable creatividad, escribe una canción de alto vuelo poético; sin embargo, será una de sus frases la que definirá, en parte, el carácter del comienzo de estos años: “matando canallas”. El texto, extrapolado de su tema “Canción del elegido”, se convertirá en la muletilla nacional, en el proverbio de moda…, será el reflejo de cuanto puede ser importante.

La década comenzaba con una rara combinación de baile y poesía; pero también traerá otros acontecimientos que la convertirán en una de las más importantes de toda la historia musical cubana de la segunda mitad del siglo que corre. Por lo pronto, “los canallas morirán tomando compota de palo… porque Yuya Martínez así se llamó…”.