Los días del Moncada

 

SANTIAGO DE CUBA, 26 de julio de 1953, Año del Centenario de José Martí: La ciudad de Santiago se despertó con el tableteo de las ametralladoras y un intenso tiroteo de armas de distintos calibres que obligó a salir de sus casas a gran parte de sus habitantes a excepción de los que a esa hora -cinco y quince de la mañana, aproximadamente- se encontraban en la calle camino de sus casas después de una noche de carnaval.

Fue domingo de Santa Ana, la víspera se había celebrado la fiesta por el santo patrón de la ciudad, Santiago Apóstol. Con ese motivo, desde días anteriores, como es tradicional, habían estado arribando a la ciudad cientos o quizás miles de personas procedentes de otras provincias, entre ellas un contingente de 165 jóvenes que venían del occidente de la Isla, quienes tenían propósitos bien distintos de los de participar en los carnavales santiagueros; estos jóvenes revolucionarios cuyo heroísmo trascendería a la historia, asaltaron el cuartel Moncada, la segunda fortaleza militar en importancia del país.

Los atacantes del Moncada habían decidido reivindicar la memoria del Apóstol José Martí en el año de su centenario.

Al frente de aquella vanguardia iban Fidel Castro y, como segundo jefe, Abel Santamaría.

Al día siguiente del asalto al Moncada, el primer periódico que apareció fue Prensa Universal, de Santiago de Cuba, cuyos ejemplares el pueblo prácticamente arrancaba de las manos de sus vendedores. Algunos ejemplares, que tenían valor de tres centavos, se vendieron a un peso y más. El principal cintillo del periódico en primera plana decía: ASALTADO MONCADA, 48 MUERTOS Y 29 HERIDOS. Transcurridas varias horas más, esas cifras ya no correspondían a la realidad. Luego veremos.

En una de sus páginas interiores tenía otros títulos donde el diario de provincia calificaba el hecho como: LOCA AVENTURA DE UN GRUPO DE JOVENES QUE INTENTARON TOMAR LA FORTALEZA. Y ofrecía detalles como éstos: "Lograron hacerse fuertes en los primeros momentos. Varias bajas sufre el ejército. Persecución a los fugitivos...".

LA PREGUNTA QUE SE HACÍAN TODOS EN SANTIAGO

¿Qué es lo que pasa? Esa fue la pregunta que se hacía todo el mundo al amanecer. Cuando la población comenzó a darse cuenta de que los tiros provenían del cuartel Moncada, la alarma creció y fue agravándose por la falta de noticias. El silencio o la negativa descarnada a dar noticias que mantuvieron los jefes militares y civiles del régimen se prolongó hasta la entrada la tarde del 26. Ni las estaciones de policía, ni el cuartel, ni el distrito naval daban una versión exacta de lo que estaba sucediendo. Esto provocó infinidad de rumores acentuándose el de que se trataba de una lucha entre soldados, ya que algunos vecinos del cuartel vieron que todos los contendientes estaban vestidos de caqui amarillo.

Las primeras referencias de una acción revolucionaria protagonizada por jóvenes de La Habana alertaron al pueblo, que de inmediato comenzó a organizarse de forma embrionaria para prestar cualquier ayuda posible a esos jóvenes, aún sin conocerlos.

El tiroteo, que al principio se sentía intenso e ininterrumpido, se mantuvo luego en forma esporádica hasta pasadas las diez de la mañana, aproximadamente, en que cesó. A partir de ese momento comenzaron a escucharse descargas aisladas. A esa hora la población comenzó a invadir los lugares públicos, dirigiéndose al centro de la ciudad en busca de información. Empezaron a salir algunas patrullas y se efectuaron numerosas detenciones entre los dirigentes de los partidos políticos de oposición. Entre los primeros detenidos en Santiago se encontraba José Villa Romero, "Totico", que había sido jefe de la policía en esa ciudad durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás, a quien ahora el régimen, en su despiste sobre la identidad de los que encabezaban el movimiento que había asaltado el Moncada, responsabilizaba de los hechos que acababan de ocurrir.

La mayoría de los detenidos en las primeras horas y los días sucesivos en Santiago, e incluso en La Habana, eran dirigentes de los partidos Auténtico y Ortodoxo, así como del Socialista Popular (Comunista) y líderes estudiantiles conocidos.

La prensa local tuvo acceso el día 26 a los centros hospitalarios donde estaban ingresados algunos heridos por los sucesos del Moncada y hasta se tomaron fotos, con excepción del Hospital Civil. Las clínicas privadas Los Angeles, Sagrado Corazón, Colonia Española y Centro Gallego fueron tomadas militarmente y se registraba e interrogaba a las personas que a ellas iban. El único centro hospitalario que no se pudo visitar el 26 de julio fue el Hospital Civil Saturnino Lora, situado precisamente frente al cuartel Moncada y en parte escenario del combate. La prohibición absoluta de entrada al hospital emanó de los centros militares superiores, según se dijo. Esta prohibición fue tan estricta que ni siquiera los familiares de los enfermos allí recluidos pudieron entrar, ni salir de él hasta muchas horas después.

CONFERENCIA DE PRENSA

En horas de la tarde, el coronel Alberto del Río Chaviano, que no se encontraba en el Moncada en el momento de producirse el asalto revolucionario, ofreció una conferencia de prensa. En su informe oficial acusaba directamente al ex presidente Carlos Prío, a "Millo" Ochoa, dirigente del Partido Ortodoxo, y en tercer lugar al doctor Fidel Castro. A Prío lo acusaba de promotor y financista de la acción (¡La gran mentira!) y al joven abogado Fidel Castro de jefe del grupo que asaltó el Moncada (¡la única verdad que dijo Chaviano!). En su informe plagado de falsedades, Chaviano que tuvo bien ganado el sobrenombre de "El Chacal", atribuyó a los revolucionarios crímenes que sólo él y sus subalternos -asesinos natos- cometieron.

Después de la conferencia de prensa, Chaviano mostró lo que él llamaba "el teatro de los hechos", burdamente preparado. La prueba de los crímenes era evidente: se veían los cadáveres de los revolucionarios macerados por las torturas. A simple vista se comprendía que los habían vestido con uniformes nuevos, después de haberles dado muerte; ningún uniforme tenía huellas de bala.

Aun cuando se tomaran numerosas fotos que evidenciaban el crimen que se pretendía ocultar, se prohibió la publicación del testimonio gráfico. Casi en su totalidad las fotos fueron requisadas e igualmente las películas.

El propio periódico Prensa Universal, en un cuadro destacado, decía en su primera edición después de los sucesos del Moncada: "A nuestros lectores: Con motivo de una disposición superior nos vemos imposibilitados de ofrecer a nuestros lectores la amplia información gráfica que obra en nuestro poder, donde recogemos interesantes aspectos de los trágicos sucesos registrados en el día de ayer en el frustrado asalto al cuartel Moncada".

DETENIDOS Y LIBERTADOS

Cerca del mediodía, fueron llevados al cuartel Moncada para someterlos a interrogatorios, entre otros, los profesores Raúl Gutiérrez Serrano, Felipe Martínez Arango, la señora Alicia Jiménez y el señor Eduardo Cañas Abril. Luego se dispuso su libertad; algunos de ellos se encontraban de tránsito en Santiago de Cuba y ninguno tenía vinculación con los hechos.

OPERACIONES DE LIMPIEZA

Se informó que el centro de mando de los revolucionarios se encontraba en la granjita Siboney, propiedad del comerciante José Vázquez, quien la alquiló a unos jóvenes procedentes de La Habana para la instalación de un negocio de pollos.

En horas de la tarde del día 26 el comandante Andrés Pérez Chaumont, que llegó al cuartel después del combate, vestido de civil para que no lo reconocieran, encabezó las "operaciones de limpieza" en las afueras de la ciudad.

Por versiones de vecinos y de algunos empleados del Hospital Civil, se supo que los militares habían detenido a un grupo de combatientes que ocuparon el Saturnino Lora, entre ellos dos mujeres y a un médico. Sin embargo, este punto no fue confirmado por las "autoridades", que dijeron a los periodistas que en el Moncada "no había prisioneros". Los primeros combatientes asesinados, sin duda, fueron los del Hospital Civil, detenidos con Abel Santamaría.

El Saturnino Lora había sido ocupado en acción sincronizada con la toma de la posta tres, e igualmente de la Audiencia. Mientras el propio jefe de la acción, Fidel Castro, tomaba la posta con un contingente de sus compañeros, Abel Santamaría, segundo jefe, ocupaba el Hospital Civil -frente al Moncada- que constituía la retaguardia. La toma del hospital evitaba que esa posición estratégica la ocuparan elementos del regimiento y desde allí atacaran a los combatientes que asaltaron la fortaleza. Un tercer grupo, dirigido por Raúl, tomó el Palacio de Justicia, flanco izquierdo del Moncada.

Los vecinos del hospital Saturnino Lora vieron cuando a media mañana la soldadesca inició la "operación limpieza" en las zonas colindantes del Moncada y sacaron del Hospital Civil al masivo grupo de prisioneros. Eran veintiún combatientes, incluyendo al médico, doctor Mario Muñoz Monroy, y las dos mujeres, Melba Hernández y Haydée Santamaría. De ese grupo de detenidos sólo salvaron la vida las dos mujeres.

II.

Las fuerzas del ejército, la marina y la policía, que mientras se desarrollaba el combate permanecieron en sus respectivas guarniciones, salieron después de las once de la mañana y se originaron algunos incidentes y tiroteos en la ciudad. Todos los establecimientos comerciales que acostumbraban a abrir los domingos cerraron sus puertas el 26 de julio.

Los ómnibus de servicio urbano que comenzaron a circular en forma regular suspendieron sus actividades al mediodía, y todos los vehículos que entraban o salían de la ciudad eran minuciosamente registrados en la carretera por miembros del Servicio de Inteligencia Militar y fuerzas de la Guardia Rural.

AVIONES MILITARES

A la una de la tarde llegaron a la ciudad por el aeropuerto de San Pedrito, procedentes de La Habana, tres aviones militares al mando del coronel Tabernilla, hijo del jefe del ejército de la tiranía. Los aviones sobrevolaron las playas de Siboney y de Daiquirí, antes de aterrizar.

Tanto en la jefatura de la Policía Nacional como en las del Distrito Naval, la Policía Marítima y la Policía Secreta, se dispuso el acuartelamiento de la tropa. Los semáforos y otros servicios de tránsito se dejaron abandonados.

En un registro efectuado en la finca Siboney fueron encontrados uniformes, tarjetas del hotel Perla de Cuba y comprobantes de pasaje en ómnibus marcados en Artemisa, entre otras cosas.

INFORME DE BAYAMO

Las mismas fuentes oficiales y personas que llegaban de Bayamo dieron a conocer que simultáneamente con la acción del Moncada, se había producido el asalto al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de aquella ciudad, por un grupo

de idéntica procedencia al que actuó en Santiago. El primer parte oficial daba dos bajas por muerte en el grupo de los asaltantes, más un policía muerto y varios militares heridos. Según los informes de los corresponsales de Bayamo, los combatientes se habían hospedado en el hotel Gran Casino, situado cerca de la Carretera Central y del cuartel. También se informó sobre el inicio de "la búsqueda de fugitivos" en el monte.

HERIDOS CIVILES

Alicia Castillo Ramírez, cobradora de un ómnibus que circulaba por los alrededores del cuartel Moncada en horas tempranas, fue herida de bala.

También se produjeron otras víctimas civiles en el barrio Sueño y otros de Santiago cuando los soldados del regimiento asentado en el cuartel Moncada disparaban a todo el que se le hacía sospechoso.

Entre las personas asistidas el día 26 en el Hospital de Emergencia, heridas a consecuencia de los sucesos del Moncada, se encontraban Pedro Angel López, de dieciocho años, vecino de Primera de Portuondo número 14, esquina a San Miguel, quien recibió un balazo en la región axilar izquierda que le atravesó el pulmón, de pronóstico grave. Dijo que se encontraba cerca de su casa, cuando se sintió herido. Quedó recluido en ese centro. Este herido fue asistido por el doctor Martínez Jústiz y el practicante Marfil.

En el propio centro fue asistida la menor Migdalia Toledano, de diez años de edad, vecina de Hatuey 104, San Pedrito, quien presentaba una herida de bala en la pierna izquierda, de pronóstico grave. También fue conducido a Emergencia, donde llegó cadáver, un hombre joven con un balazo en la cabeza y otras heridas en el rostro. Se le trasladó para el necrocomio sin que se hubiera logrado su identificación. Los reporteros de Santiago conocieron por manifestaciones del herido Pedro A. López, también recluido en Emergencia, que aquel desconocido muerto había sido baleado en la esquina de Primera de Portuondo y San Miguel, precisamente junto al que daba la información.

(Posteriormente el fallecido fue identificado como Gisel Chaprón, de veintiocho años, vecino de Primera y Portuondo).

EN LA CASA DE SOCORRO

José Casamayor Caballero, de 48 años, llegó cadáver a ese centro. Murió a consecuencia de las heridas de bala que sufriera en San Miguel 201. Este ciudadano perdió la vida al ser alcanzado por proyectiles en uno de los tiroteos que se produjeron en su barrio cuando los soldados del Moncada disparaban contra unos sospechosos. Al observar que su hijo, Baudilio Casamayor Martínez, de once años, se desplomaba sobre el pavimento herido de bala, José Casamayor se abalanzó hacia él para tratar de auxiliarlo y cayó mortalmente herido.

MUERTO EL "NIÑO CALA"

En un lugar cercano al matadero municipal de la ciudad fue muerto a tiros el conocido revolucionario de cuando la lucha contra la tiranía de Gerardo Machado (1929-1933), Manuel Reyes Cala, "El Niño Cala".

Manuel Reyes, muchos años antes, había pertenecido al ejército, estuvo envuelto en conspiraciones contra el régimen machadista y había participado en la acción denominada "La Gallinita".

Posteriormente, fue inspector de sanidad en Santiago de Cuba, y se le consideraba en 1953 alejado de las actividades revolucionarias. La confirmación de la muerte de "El Niño Cala" se produjo cuando su esposa se personó en las oficinas del cementerio de Santa Ifigenia para solicitar le fuera entregado el cadáver, que era uno de los 35 que permanecían sin identificar.

OTRA MUJER HERIDA

Se reportó en el Hospital de Emergencia que habían atendido allí a la anciana de 83 años Felipa Castillo. La anciana recibió una herida en la rodilla por impacto de bala, frente a su casa, en la Calle Segunda número 405. Según declaró, se encontraba en el medio de la calle rezando, en el momento en que la fuerza pública originó un tiroteo en el lugar y una bala le alcanzó.

"INSURRECTOS" HERIDOS: UNA PRUEBA MÁS DEL CRIMEN

Bajo el título de "Los insurrectos heridos", el periódico Prensa Universal insertó la siguiente nota: "Entre los heridos de bala que recibieron asistencia en la Casa de Socorro de Trocha, se encontraban Ismael Ricondo Fernández, de 23 años, que dijo ser vecino de la calle República 79, Artemisa, provincia de Pinar del Río, quien presentaba heridas de bala en la mano derecha de pronóstico grave, y Guillermo Elizarde Sotolongo, también de 23 años, que dijo ser residente de Santa Clara (provincia de Las Villas), pudiendo conocerse que ambos fueron remitidos al cuartel Moncada, donde quedaron internados por suponérseles participantes del grupo de presuntos asaltantes a esa guarnición".

(Nota: Ismael Ricondo Fernández, que realmente pertenecía al grupo de los asaltantes heridos, apareció posteriormente en el parte oficial como muerto en combate. Con antelación a ese parte se había informado a la prensa "que las fuerzas al mando del comandante Andrés Pérez Chaumont tienen sitiado un numeroso grupo de asaltantes en la finca de Pepe Vázquez (granjita) en las cercanías de Siboney, estimándose que hay numerosos muertos y heridos").

CIVILES ASESINADOS

Años más tarde se confirmaría una relación de nombres que corresponden a civiles asesinados en el Moncada o en otros lugares juntamente con los combatientes de aquella gesta heroica. Además de "El Niño Cala", ya mencionado, integran esa lista Miguel A. Ravelo Ravelo, Rubén Cordero Sánchez, Eduardo Ambrosio Hernández, Rolando del Valle, Armando Miranda Montes de Oca, Pedro Romero Fonseca, Francisco Viera Milián y Raúl Villareal.

FIDEL EN "LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ"

En su histórico alegato "La historia me Absolverá", dijo Fidel refiriéndose a estos crímenes:

"Terminado el combate se lanzaron como fieras enfurecidas sobre la ciudad de Santiago de Cuba y contra la población indefensa saciaron las primeras iras. En plena calle y muy lejos del lugar donde fue la lucha le atravesaron el pecho de un balazo a un niño inocente que jugaba frente a la puerta de su casa, y cuando el padre se acercó a recogerlo le atravesaron la frente con otro balazo.

"Al `Niño Cala' que iba para su casa con un cartucho de pan en las manos, lo balacearon sin mediar palabra. Sería interminable referir los crímenes y atropellos que se cometieron contra la población civil. Y si de esta forma actuaron con los que no habían participado en la acción, ya puede suponerse la horrible suerte que corrieron los prisioneros participantes o que ellos creían que habían participado; porque así como en esta causa involucraron a muchas personas ajenas por completo a los hechos, así también mataron a muchos de los prisioneros detenidos que no tenían nada que ver con el ataque; éstos no están incluidos en las cifras de víctimas que han dado, las cuales se refieren exclusivamente a los hombres nuestros. Algún día se sabrá el número total de inmolados".

OTROS HECHOS

Desde el interior de la provincia de Oriente, de la que es capital, llegaron a Santiago de Cuba diversas informaciones sobre la situación en los distintos municipios, a partir del asalto al Moncada.

El corresponsal de Jiguaní informó que desde que se conoció el hecho del asalto en horas de la mañana, fueron tomadas militarmente las calles del municipio y comenzó el registro a todos los vehículos y transeúntes por parte de la policía. En horas de la tarde estalló un petardo en un solar yermo en esa localidad, frente al Parque Central, sin que hubiera que lamentar desgracias personales.

Por su parte, el corresponsal de Manzanillo decía en su despacho que esa ciudad también era recorrida por patrullas desde horas de la tarde del 26, y se había desalojado a todos los establecimientos comerciales y otros centros de reunión. Pudo saberse que unas veinte personas estaban detenidas en el cuartel de la Guardia Rural, sin que se hubieran dado a conocer sus nombres.

Un hombre no identificado que se le hizo sospechoso al ejército fue registrado y al oponer resistencia, recibió un culatazo que le produjo una grave lesión. Lo recluyeron en el hospital de Manzanillo.

LOS VUELOS DE "CUBANA"

Desde Camagüey se informó que el vuelo 483 de la Compañía Cubana de Aviación, procedente de Santiago de Cuba, llegó retrasado, y que asimismo se demoró la salida del vuelo 472, destinado a la citada ciudad, por instrucción que desde ella se impartió.

ACUARTELAMIENTO GENERAL

De Holguín se reportó la orden de acuartelamiento de las fuerzas del ejército y la policía, el registro de toda clase de vehículo que transitara por las calles o carreteras y el arresto de todas las personas señaladas como oposicionistas o activistas revolucionarios. Esta orden se hizo extensiva a toda la provincia de Oriente y, en general, a toda la Isla. Las estaciones de radio y las centrales de servicio telefónico de larga distancia también fueron tomadas militarmente. Se advertía un movimiento extraordinario de la fuerza pública.

III: 27 DE JULIO.

CENSURA DE PRENSA

Por el sistema prewi-radio desde La Habana se conoció en Santiago de Cuba que el gobierno había establecido la CENSURA DE PRENSA para los periódicos Pueblo, El Mundo y Prensa Libre, igualmente se informó que fue clausurado el periódico Hoy, del Partido Socialista Popular (Comunista). Según Valdés Guerra, corresponsal del Diario de Cuba en La Habana, el ministro de Información del régimen, Ernesto de la Fe, dio cuenta de estas noticias en una nota entregada a los periodistas en la capital.

El periódico Pueblo no se publicó el día 27 debido a un incidente ocurrido con su director; tampoco Pueblo vio la luz el día siguiente, porque se hacía necesaria la reparación de dos de sus linotipos, rotos por la policía durante el incidente.

También se reportó desde La Habana que la policía se mantuvo acuartelada.

El periódico Diario de Cuba, de Santiago, publicó una nota en sus páginas que decía: "La información gráfica: Lamentamos no poder ofrecer a nuestros lectores una información gráfica más completa de los dolorosos sucesos del pasado domingo, debido a que las mismas fueron ocupadas".

(Nota: Al fotógrafo del Diario de Cuba, Ocaña, le rompieron la cámara en el cuartel Moncada en las primeras horas de la mañana del domingo, y, posteriormente, le ocuparon las fotos que tomó).

SUSPENDIDAS LAS GARANTÍAS

El gobierno suspendió las garantías constitucionales por 90 días, a consecuencia de los sucesos del Moncada. Luego esta suspensión se extendió por más tiempo.

RELACIÓN DE MILITARES MUERTOS

Los periódicos de Santiago de Cuba publicaron la relación de militares muertos en los sucesos del Moncada. El ejército tuvo en total 19 muertos y 30 heridos; éstas fueron las cifras del balance total, incluyendo algunos heridos que murieron con posterioridad al día del asalto. La cifra de los asaltantes fallecidos (casi todos asesinados) aumentó de 33 el primer día a 43 el segundo, y así progresivamente. El día 27 todavía no se habían dado los nombres de los revolucionarios caídos. Los heridos por parte de los combatientes revolucionarios que lograron sobrevivir sólo fueron 5. Las "autoridades" aseguraban que muchos revolucionarios más habían "muerto en combate en las afueras de la ciudad y en las proximidades de Bayamo, y que posteriormente se ofrecerían nuevos partes...".

LOS DETENIDOS PRESENTADOS

La primera lista de los detenidos por el asalto al cuartel Moncada y de Bayamo fue dada a conocer cuando los pusieron a disposición del Tribunal de Urgencia. Esta relación fue suministrada en el vivac municipal.

La lista la encabezaban Melba Hernández y Haydée Santamaría, y continuaba con José Villa Romero, Oscar Gras Escalona, Mario Burman, Lázara Pérez Cuesta, Gabriel Gil Alfonso, Ulisis Sarmiento Vargas, Gerardo E. Sosa Rodríguez, Isidro Peñalver, Humberto Valdés Casañas, Ramón Rodríguez, Guillermo Elizarde, Gerardo Hernández, Rolando Guerrero Bello, Manuel Vázquez, Angel Díaz, Carlos A. Merilles, Orlando Cortés Gallardo y Eduardo Rodríguez Alemán.

(Nota: Algunos de los detenidos habían tenido participación en los hechos; otros no.).

TRANSPORTE AÉREO NORMALIZADO

Los pilotos de la compañía Cubana de Aviación rindieron el viaje del día 27 hasta Santiago de Cuba y recibieron órdenes, en el aeropuerto de Camagüey, de volar con las luces apagadas por temor a que "los elementos pertenecientes al grupo atacante, que se han internado en el campo, dispararan contra los aviones". Se varió la ruta de vuelo, viéndose las naves obligadas a cruzar por encima de la peligrosa Sierra Maestra, que bordea la ciudad de Santiago de Cuba.

FOTOS DEL CUARTEL

El periódico Diario de Cuba publicó una foto de los exteriores del cuartel Moncada. El pie de grabado decía: "En el ala izquierda del cuartel fue donde se concentró el fuego entre ambas partes, con más intensidad, según puede verse por los impactos en la presente fotografía. Todos los puntos de la fachada corresponden a los impactos de los proyectiles. En ese ángulo se encuentran la barbería, que fue totalmente destruida, y la sección de operaciones".

También publicó fotos del hospedaje donde durmieron los combatientes en Bayamo, así como de las ropas militares y armas ocupadas.

IV.

ADMITEN QUE FUE UN EJÉRCITO REVOLUCIONARIO

En contraste con el calificativo de mercenarios, que les dio Chaviano a los combatientes del Moncada en su informe oficial del día 26, y en la conferencia de prensa, los periódicos de Santiago, en una nota oficiosa sobre el balance de los sucesos, decían: "Los integrantes del ejército revolucionario que se lanzaron al suicida empeño de lograr el dominio militar de esta provincia sufrieron la baja de 33 muertos en la acción del domingo, en esta ciudad; dos en la acción de Bayamo, y cuatro ayer, en fincas de los términos. Otros cuatro, ayer lunes, fueron muertos en Santiago-Siboney, en las fincas por las cuales, los que lograron evadirse, son perseguidos en dirección a la Gran Piedra, y a Ramón de las Yaguas. En total sus bajas por muerte ascendieron a 43".

LA IDENTIFICACIÓN DE RENATO GUITART

Hasta el día 28, el único de los revolucionarios que asaltaron el Moncada, cuyo cadáver había sido identificado, era Renato Guitart. Se trataba del único residente en Santiago de Cuba que participó en el asalto a la segunda fortaleza del país. Renato era miembro de la Dirección del movimiento revolucionario.

El levantamiento de los cadáveres se verificó en dos etapas; las fuerzas armadas recogieron los suyos al cesar el tiroteo; los 33 primeros cadáveres de los revolucionarios fueron levantados con posterioridad. El juzgado de instrucción del Norte se hizo cargo de las diligencias judiciales, que se iniciaron a las once de la noche del día siguiente. Estas actuaciones estuvieron a cargo del juez, Leoncio Despaigne y Grave de Peralta, con el secretario Ciro Sánchez del Campo y los médicos forenses doctores Prieto Aragón, Alipio Rodríguez López y Ramón Cabrales. Todos los cadáveres, exceptuando el de Renato Guitart -reclamado por sus padres, residentes en Santiago-, se introdujeron en cajas rústicas de madera, sin forro, ni pintura, y se enviaron al Necrocomio del cementerio de Santa Ifigenia, en una rastra. La ruta de este cortejo fue: carretera central, Paseo de Martí y camino del cementerio. El examen de los cadáveres, por parte de los forenses, se realizó con gran valentía.

En vista de que las heridas apreciadas en los cadáveres de los revolucionarios que asaltaron el Moncada, eran mortales por necesidad, los médicos forenses, después de examinarlos exhaustivamente, prescindieron de la autopsia, pero consignaron, en los certificados el estado deplorable de cada uno, la localización y grado de las heridas, las contusiones y mutilaciones que presentaban, así como las ropas que vestían. Muchos de ellos llevaban debajo del uniforme ropas de enfermos. Se trataba de aquellos que se refugiaron en las salas del Hospital Civil donde los hicieron prisioneros, para después darles muerte, en horrendos asesinatos, en el Moncada.

OTROS REVOLUCIONARIOS IDENTIFICADOS

Tras la identificación de Renato Guitart, se estableció la identidad de otros dos revolucionarios muertos: el doctor Mario Muñoz Monroy, de Colón, provincia de Matanzas, y Víctor Escalona, vecino de La Habana. El cadáver del doctor Muñoz fue reclamado en el cementerio por el doctor Castellanos Fonseca, presidente del Colegio Médico, en nombre de esa institución, y se le entregó al reclamante. En el avión del día 27 habían llegado a Santiago algunos familiares del doctor Muñoz.

LA OTRA CARA: ASCENSOS Y CONDECORACIONES PÓSTUMAS

Los miembros de la policía y del ejército que murieron en los sucesos del Moncada recibieron honores militares post morten. Los prisioneros que aún estaban en el Moncada a la hora del entierro fueron obligados a presenciar la ceremonia desde sus celdas.

Fue el general Martín Díaz Tamayo quien impuso las condecoraciones y ascensos póstumos. El mismo que trajo la orden de que por cada militar muerto había que matar a 10 revolucionarios. Fidel dijo sobre este mensaje en La Historia me Absolverá: "Llegó entonces de La Habana el general Martín Díaz Tamayo, quien trajo instrucciones concretas salidas de una reunión donde se encontraban Batista, el jefe del Ejército, el jefe del SIM, el propio Díaz Tamayo y otros. Dijo que era una vergüenza y un deshonor para el ejército haber tenido en el combate tres veces más bajas que los atacantes y que había que matar 10 prisioneros por cada soldado muerto".

OCUPARON CAMAS

En una casa situada en la calle 1ra. entre Cuarta y Quinta en el barrio Sueño, la policía ocupó quince camas pequeñas, así como uniformes del ejército. Los revolucionarios también se hospedaron en la granjita Siboney, los hoteles Rex y Perla de Cuba, en la casa de huéspedes La Mejor y en otra casa de la calle Celda.

REVOLUCIONARIOS INGRESADOS EN LA COLONIA

En la clínica de la Colonia Española fueron hospitalizados los combatientes heridos José Ponce Díaz, de Artemisa, y Gustavo Arcos. El departamento donde los recluyeron quedó bajo custodia del ejército. El doctor Posada, médico de la clínica, no permitió que los soldados se llevaran a los jóvenes allí ingresados. Se produjo un grave incidente entre los militares y el médico.

La clínica del Centro Gallego también fue allanada. Allí se encontraba ingresado el revolucionario Abelardo Crespo, pero el ejército se lo llevó violentamente y lo trasladó para el Moncada, donde lo torturaron. De allí lo llevaron al Hospital Militar y, posteriormente, junto con los también combatientes heridos, Pedro Miret y Fidel Labrador, lo condujeron al Hospital Civil.

V: 28 DE JULIO.

FOTOS DE LOS DETENIDOS

Por primera vez, el día 28 los periódicos locales publicaron una foto del grupo de detenidos cuando ingresaba en el Vivac de Santiago de Cuba. La foto corresponde a los que quedaron puestos a disposición del Tribunal de Urgencia.

LOS SITIADOS EN SIBONEY

En relación con el grupo de "sediciosos" que se decía estaban sitiados en Siboney, nada se informó oficialmente, ni el 27 ni el 28, aunque se supo que el ejército desalojó a las familias residentes en Siboney, "para que no corrieran peligros", según les dijeron.

TOMADA LA AUDIENCIA

La Audiencia de Santiago de Cuba, uno de los lugares ocupados por los revolucionarios el 26 de julio, fue tomada por el ejército, por lo que no se pudo laborar normalmente.

MENCIÓN DE TIZOL

José Vázquez, dueño de la granja Siboney, alquilada por los asaltantes y donde se estableció el cuartel general de los combatientes de la juventud del Centenario, fue detenido y quedó sujeto a investigación.

Vázquez declaró en el Vivac que un joven de apellido Tizol (Ernesto Tizol) le había alquilado el inmueble en abril pasado (1953) para instalar en la finca una granja de pollos, que el joven se lo había recomendado Renato Guitart, pero que él ignoraba los verdaderos propósitos que lo animaban. Todo era cierto.

COMBATE EN SAN RAMÓN

En la finca San Ramón, en las proximidades de Siboney, continuó "el combate" de fuerzas del ejército con los "sediciosos fugitivos", reportándose cinco muertos de los que intentaron la toma del cuartel Moncada. De parte del ejército no hubo ninguna baja. Las fuerzas estaban al mando del comandante Andrés Pérez Chaumont.

MUERTOS EN BAYAMO

Entre los muertos registrados en Bayamo en las 48 horas que siguieron al 26 de julio, se identificó a uno de ellos como Rafael Freyre, por una inscripción encontrada en el pantalón que vestía. Además, el corresponsal bayamés Rolando Avello informó a Santiago que de acuerdo con el informe suministrado por las autoridades, en la finca Ceja Limones, a diez kilómetros de Bayamo, los "rebeldes se batieron" con fuerzas del ejército, produciéndose cuatro muertos de parte de los "insurrectos" y ninguna baja por el ejército.

En las ropas interiores de los revolucionarios muertos se observaron el nombre de Pedro y las iniciales ASR, en el pantalón de otro de los muertos se leía el nombre de Rafael Freyre.

En la ropa de otro estaba inscrita la dirección Sam. Los Celestinos y Campa, y las iniciales EQ.

Los cadáveres presentaban heridas de bala, mortales por necesidad, en la cabeza, cuello y otras regiones del cuerpo. Les fueron ocupados varios objetos: un cepillo de dientes, un ticket para viajar en vehículos de la empresa de Autobuses Modernos S.A., una llave, fósforos, cigarros, escasa cantidad de dinero en efectivo. Con los muertos del 28 sumaban seis los rebeldes "liquidados" por la fuerza pública de esta ciudad, termina diciendo el informe censurado del corresponsal.

OTRO MUERTO EN BUEYCITO

Informó también el corresponsal bayamés que en el entronque de Bueycito se halló el cadáver de un joven como de 25 años, que se estimaba pertenecía a los asaltantes de Bayamo y Santiago de Cuba. Las autoridades no dieron ninguna información más al respecto.

OCUPACIÓN DE MATERIAL "ATÓMICO" EN UN BARCO QUE VINO DE CANADÁ

Bursato de cobalto, "un material radiactivo de índole atómico", miles de guantes para ocultar huellas digitales y deflagraciones de pólvora y otros materiales de guerra, fueron ocupados en un barco que, procedente de Canadá, llegó al puerto de Santiago de Cuba. Estos materiales las autoridades los relacionaban directamente con los asaltantes del Moncada. El material estaba destinado a una empresa denominada Can y Compañía, que decían haber comprobado que era inexistente.

El barco ancló en The Santiago Terminal Company, de esta ciudad. El buque de bandera canadiense se llamaba Canadian Highlander. (Nota: Esta información sobre el barco cargado de guantes de goma y "material atómico" fue ampliamente difundida y propalada con gran estrépito por la tiranía en Santiago de Cuba. La información se publicó a grandes titulares. Era una de las cosas más absurdas y ridículas).

MUERTO EN UN "ENCUENTRO" CON EL EJÉRCITO

En Palo Seco, cerca de Contramaestre, Oriente, en la finca del doctor José Castellanos, alrededor de las tres de la mañana del 28, fuerzas del ejército al mando del sargento Vicente Alfonso Cruz, "sostuvieron fuego" con cuatro desconocidos, del que resultó muerto un joven como de 30 años, de tez blanca y estatura baja, que vestía pantalón kaki y camisa blanca. No se ofreció información oficial ampliada sobre este "encuentro", ni fue identificado el cadáver.

OTROS "ENCUENTROS"

También el día 28 fuerzas del cuartel Moncada sostuvieron otro "encuentro" en la finca San Enrique, camino de la Gran Piedra, cerca de Siboney, donde fueron muertos seis revolucionarios. Esas tropas estaban al mando del comandante Andrés Pérez Chaumont. (Nota: De los combates que dirigió el comandante Pérez Chaumont, en los alrededores de Santiago, cerca de Siboney, dijo Fidel en La Historia me Absolverá, refiriéndose al interrogatorio que él, como abogado, hizo a Chaumont en el juicio: "Le pregunté cuántos hombres nuestros habían muerto en sus célebres combates de Siboney. Titubeó. Le insistí, y me dijo por fin que 21. Como yo sé que esos combates no ocurrieron nunca, le pregunté que cuántos heridos habíamos tenido. Me contestó que ninguno: todos eran muertos. Por eso, asombrado, le repuse que si el Ejército estaba usando armas atómicas. Claro que donde hay asesinatos a boca de jarro no hay heridos. Le pregunté después cuántas bajas había tenido el Ejército. Me contestó que dos heridos. Le pregunté por último si alguno de esos heridos había muerto, y me dijo que no. Esperé. Desfilaron más tarde todos los heridos del Ejército y resultó que ninguno lo había sido en Siboney".

VI: 29 DE JULIO.

UNA FOTO DE FIDEL CASTRO

El día 29 apareció en los periódicos de Santiago una fotografía de Fidel Castro, jefe del movimiento revolucionario que asaltó el Moncada. Se trataba de una fotografía de Fidel adolescente. El título del grabado decía: "Principal Acusado". Se publicó a una columna. El pie de foto decía: "Este joven abogado es al que se acusa de haber dirigido el trágico y loco ataque al cuartel Moncada, al frente de una agrupación titulada "Comandos". Este individuo, se dice, que vestido con uniforme de comandante del ejército, dirigió el ataque...".

UNA CASA ALQUILADA POR RENATO

La noticia de que Renato Guitar había alquilado una casa para los revolucionarios fue ampliamente divulgada en la prensa local. Esta información partía de las actuaciones practicadas por la Policía Secreta del Gobierno Provincial de Oriente. Se trataba de la casa de Celda número 8 en la barriada de Flores. En este lugar permanecieron varios de los asaltantes del Moncada y en uno de los registros practicados se ocuparon, según la policía, una cámara fotográfica, cuatro pantalones de uso, dos camisas de uso, un pañuelo, dos pares de zapatos, uno de ellos iguales a los que usaba el ejército, una botella de alcohol, una brocha de afeitar y otros objetos de uso personal. El dueño de la vivienda era Antonio Romero, quien declaró que le había alquilado el inmueble a Renato Guitart por la suma de 25 pesos. También se supo que los ocupantes de la vivienda alquilaron en la mueblería Barrios 40 colombinas, 40 colchones y 40 almohadas. La cuenta fue pagada por Oscar Alcalde.

ASCIENDE A 10 EL NÚMERO DE MUERTOS EN BAYAMO

"Asegúrase que los frustrados asaltantes del cuartel de la Guardia Rural de Bayamo -decía el parte censurado del corresponsal en esa ciudad-, continúan por las fincas y montes ubicados en el término municipal de Bayamo y en el de Jiguaní. En la tarde de ayer, fuerzas al mando del sargento Alfonso, jefe del puesto militar de Baire, ‘se batieron’ en la finca Las Viajacas, del barrio Los Negros, cuatro asaltantes, de los cuales resultó muerto uno de la raza blanca, como de 28 años; no ha sido identificado". Asimismo se informó que los demás "insurrectos" están "rodeados". La Guardia Rural "dice" que espera "capturarlos de un momento a otro".

Además se informó que en la finca Palmira, de este municipio, situada frente a la arrocera del señor Raud, entre Bueycito y Barrancas, apareció el cadáver de otro joven no identificado que se estima sea también uno de los asaltantes "muertos en acción" contra el ejército en horas de la tarde del 28.

"Por otra parte, en la carretera que conduce al central Sofía, fueron encontrados dos cadáveres más de los asaltantes -sin identificar-. Con estos últimos se eleva a diez el total de muertos en Bayamo, hasta el presente".

TRASLADAN A EL CANEY LOS CADÁVERES DE SEIS REVOLUCIONARIOS

Todos los periódicos de Santiago de Cuba publicaron una información sobre el traslado a El Caney de los cadáveres de seis revolucionarios muertos en esa zona. Los cadáveres fueron depositados en el necrocomio de ese pueblo, cercano a Santiago de Cuba, y puestos a disposición del juez municipal "por ser de su competencia actuar en el caso".

(Nota: se trataba de seis revolucionarios asesinados, aun cuando el parte oficial decía que "habían muerto en combate". La censura dejó publicar inexplicablemente tres fotos en el periódico Prensa Universal. En ellas se observaba el estado de franca descomposición de los cadáveres. En total, fueron dieciséis los combatientes asesinados que llevaron al cementerio de El caney. Cuando la atmósfera de repudio de los crímenes por parte de la ciudadanía se hizo insoportable al régimen, transfirieron a El Caney el triste honor de abrigar en su suelo los restos de los combatientes asesinados "para que Santiago no protestara más").

ABEL SANTAMARÍA Y BORIS LUÍS SANTA COLOMA

La prensa local del día 29 se refiere en forma muy vaga a la posible muerte de Abel Santamaría y Boris Luís Santa Coloma en el combate del Moncada. Ese mismo día hay referencia de una declaración hecha en el Vivac de Santiago de Cuba por Haydée Santamaría, en la que denuncia que su hermano Abel y su novio entonces, Boris Luís Santa Coloma, habían perecido. Haydée declaró que ambos habían muerto a manos del ejército después de detenidos, pero la censura solo dejó pasar que "cayeron en el Moncada", o "murieron a manos de la fuerza pública", en otro caso.

No obstante después de esas declaraciones, al régimen no le quedó más remedio que informar en una nota muy ambigua lo siguiente: "Hemos podido conocer que entre los asaltantes al cuartel Moncada se encontraban Boris Luis Santa Coloma, de 25 años, a quien le faltaban dos asignaturas para graduarse de doctor en Ciencias Comerciales; Abel Santamaría, de 25 años, y Pedro Miret".

"Como estos individuos no figuran en la relación de los detenidos, se supone que fueron de los que perecieron en la batalla y han sido sepultados sin identificar."

(Nota: Este suelto apareció en el periódico Diario de Cuba, el 29 de julio de 1953. Pedro Miret, mencionado en esta información como uno de los "presuntos" muertos sin identificar, se encontraba herido).

NOTICIAS FALSAS SOBRE FIDEL

También el día 29, pero en el libelo Ataja, de La Habana, se publicó un cintillo sensacionalista donde se daba por muerto al doctor Fidel Castro "peleando contra el ejército". La nota decía textualmente: "En los momentos de entrar en prensa esta edición de Ataja, nuestro director Alberto Salas Amaro estableció comunicación telefónica con el coronel Alberto del Río Chaviano. Interrogado el jefe del Regimiento 1 Maceo sobre las últimas noticias, declaró que aún se continuaba persiguiendo a pequeños grupos aislados. Y que el orden en toda la región era absoluto".

"Posteriormente fuimos informados por nuestro enviado especial que el coronel Ugalde Carrillo se encuentra trabajando intensamente en el examen de las huellas dactilares, estimándose, con toda seguridad, que entre los civiles enterrados sin identificar que murieron durante el asalto al cuartel Moncada cayó el jefe de los atacantes, Fidel Castro."

La aviesa nota tenía la clara intención de preparar las condiciones para darle muerte al líder del movimiento cuando fuera localizado, e incluirlo en la lista siempre abierta de "asaltantes muertos en combate".

Ya en esos días existía en todo el país una conmoción tal que generaba a su vez apoyo y solidaridad con los perseguidos, detenidos o heridos por los sucesos del Moncada. Esta situación tensa, de enérgico rechazo de la represión brutal y continuada, de los crímenes ya conocidos y de todas las arbitrariedades y abusos de dos mandos y la soldadesca del Moncada, comenzó a inquietar al régimen. En esos días se publicaron dos bandos del ejército "ofreciendo garantías a los perseguidos", y Chaviano aceptaba las gestiones de paz iniciadas por el arzobispo Pérez Serantes y las llamadas "fuerzas vivas" de Santiago de Cuba.

En lo adelante los crímenes fueron más encubiertos, pero no se dejaban de cometer.

VII: 30 DE JULIO.

LA DETENCIÓN DE RAÚL CASTRO Y SUS PRIMERAS DECLARACIONES

La noticia más importante que se produjo en toda la prensa el día 30 de julio en Santiago de Cuba fue la detención del joven Raúl Castro, quien dirigió la toma del Palacio de Justicia el 26 de julio de 1953, hermano del jefe del movimiento, Fidel Castro.

El cintillo del periódico Oriente decía: CAPTURADO EN SAN LUIS RAUL CASTRO, HERMANO DEL DOCTOR FIDEL CASTRO. La noticia se publicó en la primera plana del periódico con una foto de siete pulgadas de alto por tres columnas de ancho, donde aparecía Raúl de pie. La cabeza de la fotografía decía: "El jefe del ataque al Moncada -se refería a Raúl que había asumido la responsabilidad de aquella acción al saber a Abel muerto y estimar que Fidel se encontraba en las montañas donde proseguiría la lucha-. El pie de grabado decía: "Este jovencito, que no aparenta tener más de dieciocho años de edad, hermano del que se acusa como jefe del movimiento insurreccional, doctor Fidel Castro, se nombra Raúl Castro Ruiz (es Ruz), fue detenido ayer, cerca del poblado de San Luis".

"Este individuo", continuaba el pie de grabado -según informes- "fue el que dirigió personalmente a los atacantes del cuartel Moncada el pasado domingo y estaba parapetado en el edificio del Palacio de Justicia, logrando huir en la confusión que se formó al ser repelida la agresión por la guarnición del Moncada".

En el periódico Prensa Universal, también de Santiago de Cuba, además de la información de la detención de Raúl aparecieron sus primeras declaraciones, hechas en el Vivac de Santiago de Cuba, donde fue presentado. Decía Raúl en las declaraciones:

"Vivo en Neptuno 914, en La Habana, soy estudiante de Ciencias Sociales en la Universidad; mis padres viven en Birán, cerca de Marcané, en Mayarí, y me pasan una mesada; llegué a Oriente el sábado por la tarde para participar en el asalto al cuartel Moncada; salí el viernes por la noche invitado por mi hermano Fidel. Los planes no los supimos hasta que no estuvimos en la finca de Siboney, donde nos dijeron que íbamos a tomar el cuartel Moncada, explicándonos cómo se harían las cosas -dijo, y en otra parte agregó: las órdenes eran hacer prisioneros y no matar a nadie, también se nos dijo de las proclamas que se publicarían al terminar el movimiento en que se dirían de la repartición de tierra a los aparceros con una verdadera Reforma Agraria; el 25 por ciento de la producción a los obreros de todas las fábricas y una serie de leyes progresistas.

"Penetramos con cinco compañeros a la Audiencia de Santiago, con el objeto de tomarla y evitar que los soldados hicieran fuego sobre los compañeros, guardando la retirada a los encargados de tomar el cuartel Moncada. En los momentos que llegamos, cruzaba un soldado, le dimos el alto y lo llevamos para adentro. Personalmente toqué a la puerta, salió el sereno y lo amenacé con mi escopeta, a la vez que deteníamos a dos soldados que dormían en la Audiencia en el tercer piso, subimos a la azotea, desde donde no era posible tirar para el cuartel porque teníamos que sacar mucho el cuerpo por la altura del muro, optando por bajar. Al poco rato llegaron tres o cuatro policías y un paisano con una pistola, abrimos la puerta, entraron y los desarmamos, deteniéndolos. Estuvimos un rato más y al percatarnos que había fallado el golpe, abandonamos el lugar. No sé si el plan era nacional y no sabía nada tampoco de lo de Bayamo.

"Apenas llegaron aquí los revolucionarios fueron trasladados para un finca cerca de Siboney. Una vez allí les repartieron uniformes y armas para el asalto. No nos habían explicado ningún plan sobre cuestiones sociales, únicamente las pequeñas explicaciones hechas por Fidel en breves palabras, lo que ya he dicho.

"Mi afiliación política era ortodoxa, pero la ortodoxia ya no existe.

"A todos los individuos que vinieron, sólo de vista conocía a algunos. Cuando salí del Palacio de Justicia, me despojé de la ropa militar y me quedé con un pantalón de civil que tenía. Arrojé las armas y corriendo a toda velocidad atravesé la calle Garzón, ahí seguí por todas esas calles hasta que fui a dar a la Terminal y por toda la línea fui caminando hasta El Cristo, durmiendo en un campo de caña, al día siguiente salí caminando por la línea hasta Dos Caminos, subí al pueblo, compré pan y tomé agua y al continuar caminando me detuvieron, me dieron el alto, me pidieron identificación y dije que era de Marcané, que había venido a los carnavales y al quedarme sin dinero, me tuve que ir a pie para la casa. Al no poder identificarme me llevaron para el cuartel de San Luis, desde el martes por la mañana hasta el miércoles por la tarde; mientras investigaban mi verdadero nombre. Una vez conocido, me remitieron para Palma y luego para el Moncada." Hasta aquí las declaraciones formuladas por Raúl Castro, que fueron facilitadas a los periodistas previa censura del texto.

Ese mismo día fueron presentados también los combatientes Jesús Montané, Israel Tápanes, Reynaldo Benítez Nápoles, Julio Díaz González y Rosendo Menéndez García, detenidos en la zona de Sevilla, en una finca cercana a Siboney, al presentarse a la patrulla, amparados en las gestiones de paz que se habían iniciado.

Fueron remitidos al Moncada y luego al Vivac.

VIII: 31 DE JULIO.

"GESTIONES DE PAZ"

El 31 de julio ya se había publicado en la prensa de Santiago que el doctor Baudilio Castellano, abogado de oficio de la Audiencia de Oriente, asumía la defensa de todos los combatientes del Moncada detenidos hasta ese momento, Baudilio Castellano se había presentado en el Vivac, donde se entrevistó con los detenidos, incluyendo a Raúl Castro y a las compañeras Haydée Santamaría y Melba Hernández, también remitidas al Vivac.

Se anunció ese día que los combatientes estaban excluidos de fianza y se ratificaba la prisión de todos. La causa recién abierta por el asalto al cuartel Moncada era la número 37 del Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba.

De nuevo los periódicos hablaban de "gestiones de paz", e incluso hasta el Bando de Piedad emitía una declaración.

Hasta Santiago de Cuba llegó la noticia de que los periódicos Alerta y Pueblo habían publicado cintillos donde daban la cifra de 80 muertos como la del total de bajas por el asalto al Moncada y Bayamo. Como se vio, cada día aumentaban más y más los "muertos en combate". Aunque el periódico sumaba las bajas de los soldados del régimen (19), no era menos cierto que solamente la cifra de los muertos entre los atacantes y la población civil se acercaba ya a los ochenta.

Otro titular de Pueblo, en La Habana, decía: "Gestiones de paz realizan altas figuras orientales, piden que se dicte un bando fijando plazo para que los `fugitivos' se presenten".

Representantes de distintas organizaciones nacionales, como el Colegio de Abogados, el Frente de Mujeres Martianas, el Colegio Médico y otras realizaban gestiones encaminadas a garantizar la vida de los prisioneros y evitar más crímenes. Mientras, la población de Santiago, solidarizada con los asaltantes del Moncada desde que se conoció que se trataba de una acción revolucionaria, fortalecía sus embrionarias células clandestinas para ayudar a los combatientes perseguidos y atender a los heridos ingresados en los hospitales.

Hasta ese día no se sabía nada del paradero cierto del doctor Fidel Castro y de otros combatientes que aún lo acompañaban en las montañas. Sin embargo, nadie tenía duda de que estaba vivo y que se mantenía alzado en las sierras por los alrededores de Santiago.

IX: 1 DE AGOSTO

SARRIA CONTACTA CON FIDEL EN UN BOHÍO Y LO CONDUCE DETENIDO AL VIVAC

Detenido un considerable número de los asaltantes que lograron sobrevivir de las "operaciones de limpieza" hasta ese día, todas las patrullas del ejército se dispusieron a la búsqueda incesante de Fidel. El tristemente célebre comandante Andrés Pérez Chaumont quería para sí ese preso; tenía instrucciones precisas de darle muerte "en combate". Pero fue un militar honesto y digno, el teniente Pedro Sarría Tartabull, quien sorprendió, exhausto y durmiendo en un bohío, al jefe del movimiento, juntamente con otros de sus compañeros que se mantenían en el monte.

La digna postura de Sarría y el valor de que hizo gala al enfrentarse al sanguinario Chaumont, que exigía la entrega del prisionero para su traslado al Moncada, es conocida de todos.

Sarría condujo a Fidel al Vivac de Santiago de Cuba.

En el Vivac, Fidel se responsabilizó con el asalto al Moncada y explicó el plan que los atacantes llevaron a cabo, así como los propósitos de ese movimiento que se había gestado en el marco de la conmemoración del Centenario del Apóstol José Martí, cuyos más grandes ideales se plasmarían a partir de la empresa revolucionaria, que tras larga y cruenta lucha culminó en la más absoluta victoria de nuestro pueblo.

Las declaraciones de Fidel fueron trasmitidas por radio en Santiago de Cuba (estación CMKR) -en versión censurada del periodista Selva Yero-, por una sola vez, porque el ejército, no obstante la mutilación que se hizo a las declaraciones, temió a las palabras del joven revolucionario.

Con la detención de Fidel se abría un nuevo capítulo en la historia heroica que iniciaron los hechos del Moncada, capítulo que marcó un hito el 16 de octubre con la autodefensa del jefe de aquel movimiento: La Historia me Absolverá.


Tomado de Granma