Los días de Feria

La Feria del Libro es, sin dudas, el evento cultural más extensivo en Cuba. Después de una estancia (la de mayor cantidad de días) en La Habana como arrancada, realiza su recorrido por el resto de la Isla.

En la capital, el complejo Morro-Cabaña constituye la sede principal de este encuentro literario y hacia allí acuden los visitantes, lo que se convierte no solo en “ir a la feria”, representa igualmente una suerte de paseo, salidas familiares o entre amigos.

Para los territorios más pequeños es diferente, hay una mayor interacción de la ciudad y su centro en todo lo que se realiza.


Este evento tiene retos que no solo atañen al desarrollo tecnológico y su empoderamiento paulatino,
sino que también incluye repensar su organización, su formato, valorar a los receptores diversos y saber opiniones, preferencias.
Foto: Osvaldo Gutiérrez Gémez
 

El certamen se convierte en  lo más esperado en las provincias, sobre todo en aquellas como, por ejemplo, Ciego de Ávila, en las que las carteleras están un tanto desprovistas de encuentros de gran alcance como este.

Aunque con el paso de los años el ambiente de la feria ha cambiado, siempre el público agradece esas jornadas para salir a la búsqueda de textos de su preferencia.

Menciono que el ambiente se ha transformado una vez que llega, pues ya no resulta común ver las inmensas filas de años atrás en las áreas de comercialización, cuando era frecuente en la mayoría de las jornadas y ahora, por lo regular, es cosa de la fecha inicial.

Hay varios factores incidiendo en eso. Quizás obvie sin intención algunos de ellos, pero expongo aquellos que más resaltan. En primer lugar, desde que recuerdo con nitidez la celebración del evento hasta la actualidad, han aumentado los sitios habilitados para las ventas y eso disminuye la cantidad de personas a la espera. Por otro lado, aunque el precio de los libros en Cuba es bajo, en comparación con muchas partes del mundo, no se puede negar que el salario de la mayoría trabajadora no está en correspondencia para cubrir todas las necesidades y tal vez solo se pueda apostar por la compra en una sola ocasión.

También, los volúmenes más requeridos se agotan rápidamente, fundamentalmente los infantiles, diccionarios, textos de cocina, entre otros, por lo que hay un tema pendiente para tratar de equiparar esa demanda con la oferta.

Es innegable la competencia que tiene hoy la lectura con otras alternativas de entretenimiento, viendo esta práctica más allá de lo que exigen en las escuelas, y en ese punto es favorable la intención de la feria y su permanencia en el tiempo.

En las más recientes ediciones, la cita en Ciego se combina, además, con las actividades recreativas para los niños y la gastronomía, pero hay que poner atención para evitar que el sentido de su realización se enfoque en lo adicional.

Los espacios teóricos, las presentaciones y los momentos dedicados al diálogo siguen sumando pocos receptores año tras año. Aunque no es menos cierto que todos ellos también tienen sus públicos específicos, pues el interés y los gustos no deben homogeneizarse.

Como la Cuba de hoy, este evento tiene retos que no solo atañen al desarrollo tecnológico y su empoderamiento paulatino aquí, sino que también incluye repensar su organización, su formato, valorar a los receptores diversos y saber opiniones, preferencias...

En cualquier parte de la Mayor de las Antillas, la Feria del Libro se vuelve centro de atención para muchos. Para ellos, los que están, y para las nuevas generaciones, un espacio como ese debe perdurar y, al mismo tiempo, hacerse más fuerte.

Especial de la ACN para La Jiribilla