Los componentes etnolingüísticos y culturales que forjaron Latinoamérica y El Caribe

La amplia riqueza y diversidad cultural de Latinoamérica y el Caribe insular se nos presenta desde una novedosa perspectiva mediante el utilísimo y abarcador Diccionario etnográfico, de Jesús Guanche y Carmen Corral, publicado en 2015 por la Editorial Ciencias Sociales en dos tomos.

 Los términos geográficos explicados y utilizados por los autores en la presentación de esta obra han servido de base para organizar el diccionario en dos tomos: el primero dedicado a pueblos del Caribe insular, México y Centroamérica; el segundo, a los pueblos de Suramérica. De suma importancia ha sido especificar, desde un principio, la diferencia en el uso de los términos etnónimo o autónimo, denominación étnica, denominación metaétnica, sin pasar por alto las denominaciones creadas a partir de una visión prejuiciada y discriminadora. Estas aclaraciones realizadas por los autores son sustentadas, a manera de ejemplo, por dos esclarecedores cuadros sobre autónomos etnocéntricos y denominaciones étnicas despectivas. 


Fotos: Cortesía del Autor


A esos cuadros se suman otros necesarios para una mejor comprensión o percepción del amplio contexto geográfico que abarca la obra y los diversos temas que aborda. Por ejemplo, el tercer cuadro nos ofrece información de cada país del Caribe insular en cuanto a su extensión territorial, población y el idioma oficial del Estado. El cuarto cuadro está dedicado a indicar la cantidad de hablantes de las lenguas de la región caribeña en porcentajes, o sea, cuántos son anglohablantes, francohablantes, etc. El quinto cuadro se refiere a la composición de los países caribeños según la ocupación del territorio. Los cuadros que siguen, sexto, séptimo, octavo, noveno y undécimo, cumplen iguales requisitos, pero toman en consideración los países suramericanos.

 Uno de los obstáculos a los que exitosamente se enfrentaron los autores, ha sido la diversidad de denominaciones debido a las múltiples fuentes consultadas y escritas en las principales lenguas de los colonizadores europeos (español, holandés, francés, inglés, portugués). Loable ha sido el esfuerzo realizado por Guanche y Corral para lograr una indización apropiada de estos nombres, así como establecer un orden jerárquico de los mismos en cuanto a una mejor organización del diccionario.

 Con esta obra, el acucioso lector interesado en estas temáticas abordadas por el diccionario en cuestión, adquirirá amplia información científica y actualizada. A modo de ejemplo, y coincidiendo con los autores, nos pareció sumamente apropiado y necesario especificar los conceptos de afroantillano, afrocaribeño y del tan manido afrodescendiente. En cuanto a este último, como muy bien señalan: “De modo genérico hace referencia a las personas melanodermas (del color de la piel identificado como «negro») o mezclados con europeos («mulatos») o con aborígenes («mestizos»), nacidas fuera de África. […] Sin embargo, desde el punto de vista genético toda la población del orbe es afrodescendiente con múltiples mutaciones y adaptación a los más disímiles ecosistemas” (tomo I, p. 27).

Realmente, abordar la diversidad etnolingüística y cultural del Caribe insular, México y Centroamérica en el primer tomo, ha sido una obra titánica. Recoger esta información escrita en diversas lenguas, procesarla y analizarla desde varios puntos de vista;organizarla según países, etnias y presentarla, ha sido una labor sumamente agotadora, inimaginable para el lector. No sin razón el famoso médico, filósofo, botánico y humanista italiano Julio César Escalígero (1484-1558) sentenció en bellos versos latinos que los grandes criminales no debieran ser condenados a muerte ni a trabajos forzados, sino a compilar diccionarios, pues este quehacer lleva consigo todos los trabajos posibles[1]. Entonces, imagínese el trabajo a realizar cuando la información recopilada comprende datos demográficos, etnográficos, culturales, lingüísticos y de otro tipo, tomados de diferentes fuentes.


 

Y qué decir del segundo tomo, dedicado a los pueblos de Suramérica, donde el mestizaje biológico y cultural no ha sido menos intenso que en el resto de Latinoamérica y el Caribe. Esto incluso se aprecia en la lengua, soporte idiomático de la cultura y de la identidad. Tomemos por ejemplo a los cainganes, cuya denominación metaétnica aparece recogida en el segundo tomo, página 69. De unos 32 500 individuos cuya lengua original pertenece a la familia dje o gé, 6 000 abandonaron la propia y asimilaron otra lengua amerindia: el guaraní. Además, los que residen en el centro-sur de Brasil han hecho suyo el portugués, ejemplo de la caída en picada de esta y de otras muchas lenguas nativas del continente en contacto con los idiomas oficiales de los diferentes estados latinoamericanos y caribeños.

Valioso rasgo de este diccionario, tanto en el primer tomo como en el segundo, es definir y tomar en consideración un determinado autónomo etnocéntrico, denominación étnica o metaétnica a la hora de abordar una comunidad etnolingüística o pueblo, de entre las muchas denominaciones existentes. Una vez tomada por los autores tan importante decisión, reproducen las diversas grafías mediante las cuales se escribe el nombre de cada etnia (nos mantenemos con el ejemplo de los caiganes): cáingang, caingango, caingangues, kaingang, kainhgág, kañganj. Esto es sumamente importante, pues así el lector posee una mejor percepción, ya que en las diferentes fuentes consultadas aparecen estas denominaciones, por lo que el desconocedor puede interpretarlas como identificadoras de diferentes grupos étnicos. Pero ellose complica por el hecho de que estos aborígenes habitan el sur del Brasil y zonas limítrofes de Paraguay y Argentina, regiones en que son conocidos, asimismo, como xókleng o aweícoma, coroado, coronado, kausé y bugre. Por ello los autores se han visto obligados a recoger también estos nombres, incluirlos en el diccionario y hacer la correspondiente remisión hacia la denominación básica de caingang, cuestión bastante compleja que se repite en casi todas las denominaciones de grupos nativos.

Cada nombre de pueblo utilizado cuenta con una valiosa información sobre su pasado y presente. Manteniéndonos con los caiganes a modo de ejemplo, los autores hablan sobre su extensión por vastos territorios antes de la expansión de los guaraníes, quienes guaranizaron no pocas comunidades aborígenes antes del arribo de los colonizadores europeos, imponiéndoles vasallaje y su lengua. Además, los autores recogen una interesante información sobre las costumbres del grupo analizado y sus divisiones internas.

Los mismos enfoques informativos son los utilizados en los casos de los etnónimos (del gr. ἔθνος, demos, ‘pueblo’, y –ωνυμος, onimos, ‘nombre’) o denominaciones que denotan procedencia geográfica de las personas, en este caso de un país. Así, por ejemplo, en cuanto al etnónimo boliviano (tomo II, p. 57-58), los autores han recopilado una importantísima información sobre este gentilicio en cuanto al país, cultura, tradiciones y lenguas que representa.

Numerosísimos serían los ejemplos a exponer como resultado del meticuloso estudio que han realizado los autores de este diccionario, una verdadera joya, una valiosísima puerta para adentrarnos en ese maravilloso mundo que es la diversidad lingüística y cultural de nuestros pueblos de América Latina y el Caribe.

 

Notas:
[1] Tomado de L. Zgusta, Manual of lexicography, JanuaLinguarum, Series Minor nº. 39, Praga / La Haya / París, 1971, p. 9.