Los 90 de la Academia Cubana de la Lengua

El 19 de mayo de 1926 la Real Academia Española de la Lengua (la que limpia, fija y da esplendor, como expresa su leyenda) aprobó la creación de la Academia correspondiente en Cuba, que en octubre de aquel mismo año ofreció su primera sesión pública y tuvo como presidente fundador nada menos que al pensador Enrique José Varona, por entonces bastante mayor, aunque en plenitud de sus capacidades.

Varios han sido los directores de entonces acá; entre los más recordados, el ilustre ensayista e investigador José María Chacón y Calvo, y la poetisa Dulce María Loynaz. Hoy la dirige la escritora Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura 2001.

Nuestra Academia Cubana de la Lengua fue la decimotercera correspondiente establecida en países de lengua española, a continuación de las siguientes, en orden de antigüedad: colombiana, ecuatoriana, mexicana, salvadoreña, venezolana, chilena, peruana, guatemalteca, uruguaya, costarricense, filipina y panameña. Después de la cubana se fundaron la paraguaya, boliviana, nicaragüense, dominicana, hondureña y puertorriqueña. Existe, además, una Academia Argentina de las Letras, entre cuyas funciones están las de colaboración e intercambio con la Real Academia Española de la Lengua. También en Estados Unidos hay una Academia que preserva el idioma y representa los intereses lingüísticos de los millones de hispanohablantes que, procedentes de diversas latitudes, se suman al patrimonio cultural y léxico de esa nación.

Oportuno resulta intercalar aquí algunos apuntes sobre el origen de estas academias y de la primera de todas, la Real Academia Española de la Lengua, fundada en tiempos del monarca Felipe V, allá por 1714, y que tuvo entre sus méritos haber sacado a la luz la vida y las obras completas de Cervantes, Lope de Vega y otros grandes escritores españoles.

Entre 1726 y 1739 publicó su primer Diccionario de Autoridades en seis volúmenes, del cual han partido las subsiguientes ediciones, así como las Gramáticas, que complementan la función rectora de la Real Academia Española en los aspectos tocantes a la normalización del idioma.

Volviendo a la nuestra, tiene entre sus finalidades la de estudiar el idioma y velar por su integridad, aunque al mismo tiempo se ocupa del estudio de  las modalidades del español en Cuba, su desarrollo y particularidades en los niveles léxico, fonético, semántico, y configura los listados con aquellas voces utilizadas en Cuba que, por su difusión y utilidad, merecen engrosar en su criterio el vocabulario “oficial” de la lengua española.

Desempeñan una importante labor las academias correspondientes, integradas a su vez por miembros elegidos de entre los más conspicuos conocedores del idioma en cada una de las naciones. El hecho de ser investido como miembro de la Academia representa un muy alto reconocimiento para el cual, previamente, se habrá presentado una candidatura avalada por sólido currículum.

Del criterio de los miembros de la Academia Cubana de la Lengua parten las propuestas para la aceptación ―como voces oficiales del idioma― de los cubanismos que mejor identifiquen concepciones, valores y realidades autóctonas, que el pueblo, forjador incesante de la lengua, rápidamente se encarga de nombrar y el uso propicia su generalización para que sean de público dominio.

Aunque llegada de España, nuestra lengua es hoy tan mestiza como nuestros pueblos; tan diversa y rica como nuestras naciones, pero tan unificadora como para expresarnos y entendernos cual vecinos y hermanos de una región, de un continente, o de un mundo en que el idioma español tiene una creciente importancia.

Si el castellano pasó a ser el español y es hoy la lengua iberoamericana —matizada, pero común— en que se entienden la mayoría de los habitantes al sur del Río Grande, es porque nosotros mismos lo hemos hecho posible, nutriéndolo con la savia de nuestras culturas, con el empuje de nuestro carácter, la verbosidad de nuestros grandes autores y el aporte sabrosísimo de las voces nativas provenientes de las lenguas aborígenes.

Congratulemos pues, en este 90 aniversario, a la Academia Cubana de la Lengua, vehículo a través del cual enriquecemos la lengua y se estampa en el universo del idioma español la impronta de nuestro modo de decir.