López Nussa, el pintor

En el año conmemorativo del centenario de su nacimiento nos hemos dado cuenta, por si no lo sabíamos, de que Leonel López Nussa es un recio pintor. Conocido por su labor como crítico de arte, recibió el Premio Guy Pérez Cis­neros por la Obra de la Vida y en el aspecto creativo como dibujante, grabador e ilustrador, la exposición La Pintura Respetuosa, desplegada en la galería El Reino de este mundo, en la Biblioteca Nacional José Martí, redescubre la estatura del artista en un género al cual dedicó no pocos empeños y en el que dejó una muestra apreciable de su talento.

Este filón no podía haber saltado a la vista sin la dedicación de su hija Krysia, la curaduría de Nelson He­rrera Ysla y la colaboración de Au­rora Díaz y Darys Vázquez. El Con­sejo Nacional de las Artes Plásticas, mediante el Sello Editorial Artecu­bano, elaboró un catálogo diseñado por Fabián Muñoz, que constituye no solo la memoria de la exposición sino también un registro crítico de los aportes teóricos y factuales del pintor a partir de textos del propio López Nussa y de Orlando Hernán­dez, Antonio E. Fernández —To­nel—, Nelson Herrera Ysla y Rafael Acosta de Arriba, que ofrecen un marco referencial indispensable.

La pintura de López Nussa se movió en diversas direcciones. Pue­de recordarnos a esta o aquella obra, a una u otra tendencia, pero a fin de cuentas revela la personalidad y el oficio particular del artista.

Cierto que Picasso fue una fuente de inspiración, pero también lo fueron otros momentos de las vanguardias del siglo XX, con las que dialoga intensa y desprejuiciadamente, porque el pintor escapa de lugares comunes para entregar al espectador un cúmulo propio de ideas pictóricas que solo se explican por su capacidad de asimilar, decantar y asumir críticamente la visualidad de su época.

Un rasgo definitorio de su creación en este campo es la inteligencia de su humor. Este debe ser entendido como la capacidad de distanciamiento del artista ante el gesto pictórico. De tal manera establece mediaciones entre las apropiaciones estilísticas y la plasmación de cada obra.

Un ejemplo, en la vertiente ex­presionista no se refocila con la distorsión de las imágenes, sino las desarrolla con un leve toque irónico como para hacer saber que coquetea con los códigos de esa corriente.

Otro ejemplo, al decidirse por el pop evidencia la procedencia de las citas —¿puede ser Warhol, Lichs­ten­tein o Rauschenberg ?— pero en la composición revela un guiño muy personal, una huella que se anticipa a la intención paródica que algunos teóricos luego llamarían posmoderna.

También hay una zona de su pintura que se rige por la lógica de las series —representaciones de per­sonajes populares y épicos— en la que destacan tanto figuras icónicas políticas como jugadores de béisbol; en el tratamiento de estas imágenes subyace un compromiso identitario que habla por sí mismo de la manera de sentirse cubano y contemporáneo del artista. Asi­mis­mo, López Nussa desarrolló un área temática en la que vinculó imagen y palabra, con notable organicidad entre ambos lenguajes.

Una lección básica emerge en todas sus realizaciones: el dibujo como herramienta y sostén de la pintura. Al observar y disfrutar la exposición, el espectador termina por coincidir con este lúcido juicio de Herrera Ysla: “López Nussa adquiere así otro de sus tantos rostros entre nosotros, otra de sus caras alusivas a su multiplicidad artística cuando parecía que ya lo habíamos descifrado de alguna manera”.

Fuente: Granma