López-Nussa: chispazos de luz

Sin duda, Leonel López-Nussa reveló una clave muy íntima cuando en el año 1993 le dijo a la profesora y ensayista francesa María Poumier: “Mi contacto con los refranes no se produce por nostalgia, sino a través de la literatura y, claro, el contacto popular. Los refranes son muy plásticos, tienen forma. He pintado una larga colección de ellos. Refranes españoles, cubanos, mexicanos, o de negros de Brasil y Cuba, que son como chispazos de luz: ‘Dime con quién andas, y te diré que puerco eres ′”.

Seguramente, prestigiosas plumas escribirán sobre la obra —por cierto, poco estudiada, reconocida y valorada— de este dibujante, pintor, grabador, ilustrador, narrador, periodista y crítico de arte: hombre culto que tuvo, sin embargo, un oído muy agudo para lo popular.


Fotos: Cortesía Krysia López-Nussa

López-Nussa utiliza la letra con marcado matiz de denuncia.

En la década del 70 (específicamente en 1975), Leonel realizó una interesantísima serie de litografías que tituló Breve historia del magisterio en Cuba: hermoso, cercano y sentido homenaje a su madre —Laura Carrión—, maestra rural que trabajó en los campos de la occidental provincia de Pinar del Río. En esa serie la palabra sube a la obra y se inserta con comodidad —algo que han hecho muchos otros artistas—, pero López-Nussa utiliza la letra con marcado matiz de denuncia. En todos esos grabados aparece la imagen de su madre incrustada en el contexto que le tocó vivir. Resulta Breve historia del magisterio en Cuba una acusación a los políticos de turno y a la corrupción imperante antes del 59.

También en los 70, López-Nussa produjo una serie de litografías denominada Poeta en actos, donde la palabra, nuevamente, vuelve a tener un perceptible protagonismo. Hay una pieza, por ejemplo, con la frase (en un primer plano) que versa: “he vivido mucho, me he cansado poco”, de Juan Marinello, destacado pensador y revolucionario cubano. También hay una dedicada a Pablo Neruda en la que —además de estar la imagen del poeta chileno— se reproducen unas hermosas palabras dedicadas a esta Isla, y otra que pone en su centro a Pablo de la Torriente Brau, periodista y revolucionario que murió luchando por la República en tierras españolas, durante la Guerra Civil. Esta serie constituye un personal tributo de Leonel a uno de los valores y derechos más elementales del hombre: la libertad. 


 

El ideario martiano tampoco escapó a López-Nussa, de ahí una serie, también de grabados, que tienen como soporte los versos sencillos del Apóstol y que lo colocan inmerso en el campo cubano: ríos, montañas, ciervos y las palmas — ¡tan simbólicamente cubanas!— se representan en estas litografías a partir de una gama de ocres que transmite cierta sensación de paz, de equilibrio, pero con una fuerza de profunda raíz.

El refranero español es una zona también tocada por el artista (acrílico sobre cartulina): coplas y dichos populares llenos de gracia —como “jicotea quiso volar y se rompió el carapacho”; “más vale soltero andar, que mal casar”; “moza de burgos, tetas y muslo”— aparecen acompañados de una línea limpia, de un dibujo sin trampas, que caracterizó la obra del artista.

Leonel tuvo estrecho contacto con la cultura mexicana, que igualmente incorporó a su quehacer: en dos momentos de su vida permaneció largas temporadas en el país azteca y, lógicamente, asimiló lo que se le brindaba. De esa absorción nació una extensa serie de obras y viñetas que asimilan el decir popular —Gato viejo, caza guayabitos—, pero bebiendo de los iconos de la cultura mexicana en la que la muerte tiene una particular connotación. Esta serie tiene un peculiar acento en el color, en el que resaltan los rojos, verdes y azules, reforzados con una línea negra —a veces dura— que remarca la idea central de cada una de esas composiciones.


 

Los chispeantes decires del campo cubano fueron objeto de atención del artista y hay litografías en las que aparecen singulares refranes guajiros.

Los chispeantes decires del campo cubano fueron objeto de atención del artista y hay litografías en las que aparecen singulares refranes guajiros: “el aguardiente de caña es un hombre caballero que se sube a la cabeza como si fuera un sombrero”; “el pájaro que no baja al arroyo, bebe en el curujey”; “mi vida, quisiera ser de tu casa cualquier cosa: el tinajero, la loza o la escoba de barrer, la máquina de coser donde tú coses la ropa, la candela que tu soplas, pero lo que más deseo ser de tu mano deo y tocar donde tu tocas”.

Otra de las relaciones que tuvo López-Nussa con la esfera editorial —puntualmente con la ilustración y los refranes— fue gracias a la revista Signos, editada por el entonces Consejo Nacional de Cultura, en 1974. El director de Signos era su gran amigo Samuel Feijóo, con quien compartió el gusto por el sentir popular. “Siempre me he considerado como un guajiro y tal vez por eso, cuando conocí a Samuel Feijóo en La Habana, nos hicimos íntimos amigos”, declaró en una ocasión López-Nussa quien continuó, por muchos años, apegado a la letra impresa y a la ilustración como tal.

Con toda justeza, Leonel López-Nussa tiene que ser recordado en el centenario de su natalicio, pero también se le debe un más profundo estudio de su obra, que fue de una amplitud y un grosor intelectual espesos: “Yo no estoy espantado del mundo, solo que el mundo es espantoso. Como lo ha sido siempre, y cada vez más. Por eso trato de contrarrestar el espanto, haciendo cosas horriblemente bellas” [1].

 

Notas:
1. Poumier, María. “Entrevista a López-Nussa”. Vericuetos (Revista Literaria Bilingüe francés- español). (París) (9): 126-134, segundo semestre, 1993. p. 128