Longina 2018: la música es la ciudad

Enero es el mes favorito de Santa Clara, pues arriba el festival Longina, que trae a la ciudad, la segunda semana del mes, lo más novedoso de la trova cubana. De esta forma, enero trae de la mano a los ausentes que buscan llenarse el espíritu, nacen amigos nuevos y se reencuentran otros, porque la bohemia santaclareña en esos días no duerme.


El Festival Longina 2018 rinde homenaje al cantautor holguinero Fernando Cabrejas.
Foto: Cortesía de la  autora

 

El Longina llegó esta vez dedicado al género habanera y a Teresita Fernández, esa mujer que nos regaló la banda sonora de nuestra niñez. Teresita no solo era de Santa Clara, sino también se parecía a Santa Clara, por la sencillez, los gatos, los amigos, las plantas, la trova y el aceptar lo diverso. Esta ciudad la recuerda y corresponde su amor con el mejor de los homenajes: un Longina centrado en llevar a todos la música, no importa donde estén.

La vigésimo primera edición del festival que canta al caibarienense Manuel Corona estuvo enfocada en la comunidad, en mostrarle a todos los santaclareños la trova cubana de hoy. El evento sirvió para aprender que el público más fiel y receptivo de cualquier tipo de arte no está en las academias, sino en los lugares donde causa asombro y alegría la obra, donde la gente no está acostumbrada a que le reten el oído y el entendimiento. Fueron memorables los conciertos en los barrios, hospitales y casas de niños sin amparo filial, porque allí estuvo la esencia de Teresita, la apreciación sincera y el cariño.

El colectivo de La Cañasanta, ese movimiento de jóvenes trovadores nacido en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas, estuvo a cargo de la organización del festival por primera vez. Es destacable la labor de integrantes como Yeni Turiño, Carlos Abreu, Pedro O´Reilly, entre otros, que además de ser participantes del festival, fueron sus más activos organizadores.

Este Longina trajo consigo conciertos y descargas de primer nivel por su novedad y carácter inusual, tal es el caso de “La liga Sub-20 de la trova”, esa nueva generación, conformada por los trovadores más jóvenes del país, que por primera vez se unió en Santa Clara. Sorprendió también la fuerza y calidad de la obra de los trovadores de Las Tunas y Guantánamo, por el rescate y reinterpretación de la música tradicional.

El teatro La Caridad nuevamente abrió sus puertas al festival y esta vez, acogió los conciertos de Polito Ibañez, Gerardo Alfonso, “Jazz Plaza en el Longina” de Michael Olivera, Reinier Elizarde e invitados, Tony Ávila y Yatsel Rodríguez junto a Ariel Barreiros. Fueron sede también la Asociación Hermanos Saíz, El Mejunje, la Galería Provincial, la Casa de la Ciudad, el Cubo de Luz de Artex, la UNEAC, el Museo de Artes Decorativas y diferentes municipios de la central provincia como Caibarién y Santo Domingo.

El evento reunió a más de 60 trovadores de Cuba y Latinoamérica, y se propuso realizar actividades desde las 10 de la mañana hasta pasada las dos de la madrugada. Se desarrollaron tres jornadas teóricas, entre ellas: el primer foro de trovadores: “Consumo cultural y géneros musicales. El público y la canción de autor en Cuba”; así como el encuentro “Teresita Fernández: Memorias y canciones”, auspiciado por Ramón Silverio, Alexis Castañeda y Yudith Herrera, trovadora que rescata el repertorio para adultos de Teresita Fernández.

En el Longina Santa Clara canta con voces diversas, sentada en su malecón sin mar, con trago en mano y guitarra acompañante. Santa Clara es el patio lleno de palanganas y gatos que Teresita quiso, el patio de muchachas como Longina a las que ofrendar las notas de una lira. La noche crece y se teje en la voz, la voz se adueña poco a poco de la gente, y ese compás, ese ritmo que es Santa Clara, se escucha por doquier. La música habita la ciudad, envuelve la ciudad, es la ciudad.