Líneas para Ella

En honor a la verdad, si no me hubieran convocado a hablar de ella, no lo haría. No suele hablarse de emociones vividas al calor de épocas tremebundas, ni tampoco gastamos papeles recordando compromisos que nos estremecieron la juventud. La mística deja lugar al apaciguado transcurrir del tiempo, y van quedando en el camino promesas sedimentadas, ilusiones pospuestas, luminosidades de un tiempo que creíamos lejano, y para el cual fue consagrado el mayor cauce de nuestras energías.

En ese camino que pocas veces escudriñamos, porque las prisas de lo pedestre lo impiden, también quedan traiciones, falsos juramentos, oportunismos y otros demonios. Por puro empecinamiento, debo confesar que sigo creyendo en sus bondades a gran escala, aunque la inmediatez sea cruda. Enumerar las cosas grandes o diminutas que le debo, carece de sentido, a ninguna de las dos nos placería hablar de deudas.



Foto: Espectáculo CCPC, de Teatro El Portazo, Matanzas. Cortesía de Sonia Almaguer


Con el paso del tiempo aprendí que no todas las criaturas que desde una tribuna se confieren el derecho de hablar en nombre de ella son auténticas, y habiendo sido lastimada por supuestos emisarios, también conocí el secreto de su perpetuidad, la magnitud de sus beneficios para los desdichados de siempre. En el reconocimiento de su grandeza radica la fuerza de la fe. Aunque a ratos me pregunte ¿dónde estás, querida nuestra, adónde te han llevado, bajo cuál velo duermes?, sigo sintiendo la magia de su encanto, de su justeza. Gracias a eso, es su bondad quien me apacigua, y es su ferocidad la que me impulsa.

Y un deseo inmenso de protegerla de rufianes, de aprovechados y de ingratos, es responsable de este anclaje que me impide contemplar pasivamente a quienes le temen, porque no la conocen. No por azar, Silvio, uno de sus hijos más consecuentes, le dio esa canción que todos memorizamos para siempre jamás.