Leontina: el azul de la esperanza

Nuevamente llega de la mano de Rudy Mora la invitación a revertir el (des)orden que atente contra la capacidad de vivir a plenitud, la libertad espiritual, la posibilidad de escoger un camino.

Recién estrenada, y a disposición del público en los capitalinos cines Yara, Chaplin e Infanta (sala 1) hasta el 29 de junio, Leontina propone, como aseguró su director en conferencia de prensa, un escenario de cualquier lugar del mundo, un lenguaje universal en el que la lucha contra el abuso de poder, el valor de la comunicación entre los seres humanos, las ideas y la imaginación son temas centrales de la que podría calificarse como una gran metáfora. La intención queda manifiesta en escasos pero enfáticos diálogos.


Foto: Cortesía del ICAIC
 

Innovador y vanguardista dentro de las tendencias nacionales, el director y guionista —labor que comparte con la colega de la radio Cary Cruz— vuelve a apostar por la ficción en la gran pantalla con la producción del ICAIC y la empresa RTV Comercial. “Es una película contemporánea —afirma—. No quería que estuviera estrechamente vinculada a la realidad cubana o con la cotidianidad del país”.

Concebido como antecesor de Y sin embargo, primer largometraje de Mora, el filme establece algunos puntos de contacto con la que resultó ser su predecesora. “Intenté no hacer una continuidad, pero evidentemente hay un hilo conductor entre ambas”, aseguró el creador, y agregó que sí le interesó crear vínculos entre ambas obras como Lapatún, el protagonista, y la presencia de la directora de su escuela en los primeros minutos de la trama.

La inocencia, alegría y sanas intenciones de la infancia, encarnadas en los cinco protagonistas, conducen la historia hacia la búsqueda de la felicidad en su entorno, a la vez que encarnan el máximo esfuerzo —que pasa por el sacrificio— para alcanzar un objetivo, en este caso, ganar un concurso de pintura.

“Quien juega quiere ganar”, asegura el slogan del certamen al que llegan estos niños, entre ellos una haitiana, quienes apuestan cuanto tienen en el empeño por encontrar el color azul para completar el dibujo de su equipo y lograr el pase a la final.

Un pueblo casi fantasma, silenciado —en el sentido más literal de la palabra— por un ejercicio opresivo del poder que desdibuja individualidades y mecaniza la vida, deviene el principal escenario de los 84 minutos de historia. Grises, negro y otros tonos ocres corroboran tal discurso, interrupto a ratos por momentáneas apariciones del amarillo, única expresión entre los “condenados” de alegría o manifestación del pensamiento.

Al respecto, el director de fotografía Ernesto Calzado resaltó la intención del director de lograr una visualidad diferente, con un tratamiento no realista de la imagen, lo que se logró principalmente con los emplazamientos de cámara durante el rodaje, el trabajo con los fondos, y luego en la postproducción, la definición de colores que representaran estados de ánimos.

Corina Mestre, Fernando Echavarría, Blanca Rosa Blanco, Nelson González, Hilario Peña y Michel Labarta encarnan, con la calidad acostumbrada, los roles antagónicos, a los que se suma Jorge Alí, el “bueno” entre los malos, expresión de cambio y resistencia.

Tributan igualmente al sentido coral de la obra la aparición de otros reconocidos intérpretes en pequeños personajes, y la participación de figuras como la bailarina y coreógrafa Irene Rodríguez o el músico Edesio Alejandro, “personas que por sí mismas encierran un significado y que aportaron valor a la película desde su trayectoria”, precisó el director. Además, asesoró en el trabajo de artes plásticas el pintor Arturo Montoto y en el movimiento escénico Rosario Cárdenas, directora de la compañía Danza Teatro Retazos.

La ausencia de voces otorga vital importancia al diseño sonoro asumido por Osmani Olivare, quien expresó en el encuentro con los medios que trabajó cuidadosamente en la creación de atmósferas mediante la búsqueda de sonidos propios, irreales, que jugaran con la atemporalidad que se quería transmitir. A ese objetivo contribuyó la música de Juan Carlos Rivero, quien aportó ocho temas, los cuales fueron creados una vez terminada la película, a fin de hacerla más efectiva y sinfónica.

Santa Cruz del Norte fungió como locación principal, y aunque se utilizó y transformó el entorno natural, en la fase de post-producción se recurrió a la composición digital para diseñar una buena parte de la escenografía, apuntó Mora.

¿Hablamos de una película para niños? Rudy Mora confesó que se arriesgó a trabajar para un público mayoritario, e invitó a que los niños vayan al cine con sus padres.

Entonces Leontina es para todos: los más pequeños pueden aprender sobre el valor de la amistad y la importancia de luchar por un sueño. Los adultos también tendrán en qué pensar.