Las escuelas de arte de Cubanacán: el sueño de Fidel

La imagen del juego de golf entre Fidel y el Che el día en que se hizo pública la noticia de que se construirían las Escuelas de Arte de Cubanacán, le ha dado la vuelta al mundo. Sobre los orígenes de esa decisión trascendental para el arte cubano contemporáneo, converso con Rolando González Patricio, acucioso investigador del pensamiento cultural de Fidel y de José Martí, quien fuera Rector durante varios años de la Universidad de las Artes, el escalón universitario del sistema de enseñanza artística de Cuba.

Es famosa la foto de Fidel y el Che jugando golf en los terrenos del que fuera el Country Club de La Habana, pero no creo que surgiera allí la determinación de construir las escuelas de arte.


Foto: Internet


El proyecto de creación de las escuelas nacionales de arte es parte esencial de la política cultural de la Revolución de 1959. En otros campos de la transformación iniciada a partir de entonces, suele recordarse que formaban parte del programa del Moncada. Creo que esas escuelas, como toda la transformación educacional, tienen antecedentes implícitos en La Historia me absolverá, en la caracterización que Fidel hace del sistema de enseñanza existente en Cuba en 1953. La historia ha probado muchas veces que su visión de entonces tenía horizontes insospechados.

El proyecto de creación de las escuelas nacionales de arte es parte esencial de la política cultural de la Revolución de 1959.

No debe olvidarse que la enseñanza profesional del arte en Cuba data de 1818, cuando se funda la Academia de Arte de San Alejandro. Pero hasta 1959 fue escaso el amparo estatal a la cultura, por lo que habían proliferado mayormente las academias y los conservatorios privados. Tras la victoria del 1ro. de enero, Fidel implementa una nueva política cultural enrumbada a democratizar el acceso a la vida cultural; de ahí se deriva la fundación de instituciones como el ICAIC, Casa de las Américas, Danza Contemporánea de Cuba, el Conjunto Folclórico Nacional, etc. Esto precede a la Campaña de Alfabetización que  sentará las bases de una transformación cultural de masas, parte vital del proceso de liberación. Recuérdese la afirmación de Fidel: “no le decimos al pueblo cree, le decimos lee”.


Foto: Archivo La Jiribilla


Semanas después de la victoria en Playa Girón tienen lugar los encuentros de la dirección de la Revolución con un grupo de intelectuales. Era inevitable que esa intelectualidad tuviera preocupaciones y hasta temores. La campaña contrarrevolucionaria promovida desde los Estados Unidos desde enero de 1959 se movía sobre un terreno abonado por la Guerra Fría y las más diversas expresiones del anticomunismo. Por si fuera poco, en abril, en vísperas de la invasión, Fidel proclama el carácter socialista de la Revolución cubana.

En ese contexto pronuncia lo que conocemos como Palabras a los intelectuales. La política cultural de la Revolución, que había comenzado antes, es formulada en sus principios y alcances estratégicos en esas Palabras…, que vienen a ser como su proclamación o acta de fundación, y nacen del diálogo de la vanguardia política con la vanguardia artística. Precisamente en ese diálogo, que definió el lugar de la cultura en la Revolución, el lugar del intelectual en el proceso revolucionario, la democratización del acceso a la vida cultural, cuando la Campaña de Alfabetización estaba aún en marcha, es que Fidel anuncia la creación de las Escuelas de Arte. El juego de golf en el Country Club parece un hecho anecdótico o un acto comunicacional, más que histórico. Esa decisión en curso, si no estaba tomada, ese día alcanzó su cima, pero la voluntad política de hacerlo le precede.

Desde los días iniciales Fidel quería que fueran a aquellas escuelas los hijos de los humildes de todo el país, muchos de los cuales hoy son grandes figuras del arte cubano.

Desde los días iniciales Fidel quería que fueran a aquellas escuelas los hijos de los humildes de todo el país, muchos de los cuales hoy son grandes figuras del arte cubano. Se buscó que las escuelas se construyeran en armonía con el entorno natural y que la factura arquitectónica estuviera a tono con aquel sueño. Fue un encargo que Porro, Garatti y Gotardi asumieron con gran altura. Estos arquitectos, a partir de esa voluntad política, no solo crearon un conjunto arquitectónico que representa lo mejor de la arquitectura de la Revolución. Las escuelas son, también, un símbolo de la utopía de la política cultural de la Revolución, por inclusivas y democratizadoras, por los materiales utilizados para su construcción, por lo inacabado del proyecto y por pretender ir más allá de los recursos disponibles, entre otras razones. En esta utopía se inscribe la voluntad latinoamericanista, tercermundista y descolonizadora, en la medida en que se incluyó a jóvenes de otras latitudes. En el Instituto Superior de Arte (ISA), por ejemplo, se han graduado unos 170 jóvenes de América Latina, Asia y África.

Las escuelas son, también, un símbolo de la utopía de la política cultural de la Revolución.

Las escuelas de arte de Cubanacán acogían la enseñanza de nivel medio. En esos predios se funda el ISA, centro de formación universitaria.

En 1976, como parte del proceso de institucionalización, Cuba realiza un redimensionamiento significativo en la Educación Superior. La misma ley que crea el Ministerio de Educación Superior (MES) crea el ISA. Esto permitió que los egresados de la ENA tuvieran una universidad especializada, cuya huella recorre el desarrollo artístico del país en estas cuatro décadas. Por eso el ISA nace con carácter selectivo, no elitista, persiguiendo la armonía entre un claustro que es vanguardia artística y un estudiantado de origen popular.

A diferencia de lo que predomina en el mundo de la época, la universidad abre solo para las artes y para todas las artes. Era una rareza en la época, especialmente en el Tercer Mundo. Surge en una etapa en que todavía las escuelas de arte no eran lo común en el mundo universitario. Aunque a escala mundial lasartes llegan tarde a la universidad, en Cuba se incorporan desde el momento en que surge el MES. El nivel universitario garantizaba dotar al artista de una formación que, más allá de lo técnico-artístico, fuera de carácter humanista, en absoluta correspondencia con la filosofía de la política cultural que veía al artista como sujeto activo en la vida social.

Pero no bastaba con seleccionar a los candidatos más talentosos: se hacía imprescindible disponer del mejor claustro posible. El cuerpo docente que ha elaborado los planes y programas de estudio y ha formado ya a miles de  artistas, ha estado integrado por lo mejor y más consecuente de la comunidad artística. Aceptado, o no, existe objetivamente el campo artístico-pedagógico. La vanguardia artística, que afortunadamente ha asumido como propio el ámbito universitario, no necesariamente está destinada a ser vanguardia pedagógica. Para ser un buen maestro de arte ser un buen artista es condición necesaria, pero no suficiente.


Foto: Archivo La Jiribilla


Fidel en el ISA
“La existencia de lo que hoy llamamos sistema de enseñanza artística debe su existencia a la impronta de Fidel. El carácter democrático de la formación, su acople con el conjunto de la vida cultural del país, su esencia humanista, descolonizadora y tercermundista, es hija del pensamiento de Fidel. La construcción definitiva de estas escuelas como institución y como conjunto arquitectónico es un sueño de Fidel. De ahí se deriva la prioridad que, en el contexto de la Batalla de ideas, se le dio a la restauración todavía inconclusa de esos inmuebles, y a la atención creciente que reciben los aseguramientos para esa formación tan personalizada y compleja como costosa.

La existencia de lo que hoy llamamos sistema de enseñanza artística debe su existencia a la impronta de Fidel.

“Después de los huracanes del 2008 y el consiguiente traspaso del programa de conclusión y restauración de ese complejo arquitectónico al Ministerio de Cultura, la economía del sector no ha sido suficientemente holgada como para dar continuidad a la reparación capital de esos inmuebles, pero no renunciamos a la esperanza de que un día las escuelas de arte de Cubanacán dejen de ser espacios inacabados. Mientras tanto, estudiantes, profesores, directivos, se empeñan en perfeccionar la vida institucional: planes de estudio, investigaciones, procesos formativos, etc.


 

“En estas décadas de labor, la memoria privilegia las visitas de Fidel al ISA en dos ocasiones muy especiales: cuando le fue otorgado el título de Doctor Honoris Causa a Alfredo Guevara y durante el homenaje a la Nueva Trova; pero su presencia fundadora ha sido permanente”.

Cincuenta años después del juego de golf, ¿crees se hizo realidad el sueño de Fidel?
A 55 años del juego de golf y a 40 años de la fundación del ISA, es posible sostener que en lo esencial se ha cumplido el sueño de Fidel. El reconocimiento internacional que hoy alcanza la cultura artística cubana sería impensable sin las escuelas de arte creadas por la Revolución. No es casual que a imagen y semejanza del ISA se hayan creado universidades en Argentina, Venezuela, Ecuador, Mozambique y Angola.

Solo el ISA, que desde 2011 se denomina Universidad de las Artes, ha graduado jóvenes procedentes de más del 80 % de los municipios del país. La presencia de la mujer en el estudiantado y en el claustro hoy es mayoritaria, y la matrícula refleja proporcionalmente la composición étnica de la sociedad cubana.


Foto: Archivo La Jiribilla


Esa Universidad nació para formar artistas y ha hecho su contribución al desarrollo artístico cubano de las últimas décadas, pero todavía puede hacer mucho más en el desarrollo del pensamiento y del conocimiento científico en torno al arte y la cultura. Una Universidad solo crece a partir de sus maestros y estudiantes; y es pertinente en la medida en que dé respuesta a encargos sociales. Esos encargos deben ser formulados de forma expresa, más allá de la formación de profesionales.

El sueño de Fidel incluye la formación de artistas comprometidos  profundamente con la liberación humana e identificados con las mejores causas de la época; sujetos activos en las transformaciones de su entorno.

Asignatura pendiente es la contribución de la comunidad universitaria a la sostenibilidad institucional a partir del potencial existente. Es voluntad de esa comunidad encontrar las fórmulas que permitan generar recursos para la Universidad. No se trata de exigirle a la Universidad —más allá del ahorro, el control y la eficiencia—, que genere los recursos que cuesta esa formación, en tanto se trata de una inversión social como toda la educación. Sin embargo, es posible verlo como un derecho de esa comunidad a participar en la generación de esos recursos.

El sueño de Fidel incluye la formación de artistas comprometidos  profundamente con la liberación humana e identificados con las mejores causas de la época; sujetos activos en las transformaciones de su entorno. Mucho se ha avanzado por esos caminos, aun en tiempos en los que el mercado amenaza la esperanza. Y mucho más lejos será posible llegar si crece la suma de voluntades y acompañamientos en el camino que lleva al horizonte esbozado por Fidel.