Las ciudades, la arquitectura y el patrimonio

                                               “Si la cultura es el alma de la nación, la arquitectura es su rostro”

                                                                                                                         Miguel Barnet


Ciudades, arquitectura y patrimonio

En el VII Congreso de la UNEAC, realizado hace más de cinco años, se aprobaron los lineamientos de trabajo fundamentales de la Comisión Ciudad, Arquitectura y Patrimonio, los cuales se basaban en conceptos que mantienen toda su vigencia. En el informe central al congreso se expresaba: Las ciudades y pueblos cubanos constituyen el patrimonio más relevante de la cultura material de la Nación. Forman parte de la memoria histórica cubana, de ahí el alto significado que han tenido en el proceso de formación de la identidad nacional.

Muchas de nuestras ciudades y pueblos presentan hoy un panorama de deterioro generalizado debido a múltiples factores (falta de una política de mantenimiento sistemático y el extenso Período Especial con sus limitantes económicas) que las sitúan en una situación de riesgo ante la posibilidad de la pérdida de sus principales valores.

Las ciudades con su arquitectura no deben verse como fuente de problemas, sino como concentración de potencialidades. Ellas pueden generar recursos y contribuir al desarrollo nacional.

Es necesario trazar una política del Estado sobre la ciudad y la arquitectura dentro de los programas de desarrollo nacionales.

En el tiempo transcurrido nuestra comisión ha tratado de contribuir a la definición de las políticas mencionadas, fortaleciéndolas cuando estas existen y sugiriendo su creación en los ámbitos donde no están implantadas. Hemos obtenido algunos logros, sobresaliendo nuestra participación y aportes en la confección del Plan de Ordenamiento Territorial y Urbano de La Habana (La Habana Siglo XXI), los debates relacionados con el impacto del sector no estatal en las ciudades cubanas y la formulación de una nueva política sobre la vivienda en Cuba, entre otros.


Modificaciones en fachada. Foto: Cortesía Daniel Taboada


Sin embargo, en comparación con los grandes problemas que afectan hoy a las ciudades cubanas, y en especial a La Habana, al patrimonio construido, a la arquitectura y al urbanismo contemporáneo, debemos decir que lo realizado es muy inferior a nuestros propósitos.

Debido a esto, la proyección y objetivos de nuestro trabajo en la próxima etapa estarán dirigidos a definir los ejes centrales de la labor de la comisión en el futuro inmediato y mediato.

Como órgano consultor, esta proyección se basará en los temas que deben jerarquizar las políticas del Partido a las entidades del gobierno para su implementación. Por ello la UNEAC deberá continuar estrechando las relaciones de trabajo con los organismos e instituciones vinculados a la situación señalada, ya que son encargadas de trazar políticas en el campo de la arquitectura, el urbanismo y el desarrollo económico.

Conceptos para la proyección del trabajo
1. Las ciudades cubanas, patrimonio cultural de la nación. Necesidad de preservar y proteger la excepcionalidad de la calidad de su imagen.

Se requiere que todo análisis y acción sobre las ciudades cubanas partan de un enfoque cultural del desarrollo sostenible, desde el punto de vista social, económico y ambiental; en esta perspectiva, la preservación del patrimonio urbano juega un papel fundamental. Todo proyecto —sea de restauración, reemplazo o rehabilitación en contextos valiosos—, tendrá en cuenta la preexistencia urbana, sea a escala de la ciudad, del municipio o del barrio.

Casi el 77% de la población cubana vive en zonas urbanas. El legado acumulado en nuestras ciudades a lo largo de cinco siglos no es solo de una altísima calidad patrimonial, sino representa la acumulación física de la historia nacional, deviniendo en imagen construida donde se cobija la nacionalidad y se da sede a la vida diaria de la nación. Toda Cuba está expresada en ellas: desde el poderío colonial español a la obra de la Revolución. Es historia palpable, legado invalorable, inversión tangible, imaginario añadido e imagen levantada por los cubanos para sí mismos, además de lugar de existencia y sede de tradición y espiritualidad. La ciudad es Cultura. Sin embargo, debido a su prolongada desatención, la imagen país originada en la Cuba urbana pierde la alta cualificación que tuvo, lo cual devalúa su posicionamiento nacional e internacional, mina su competitividad en el escenario global, erosiona seriamente la vida de su ciudadanía y origina serias afectaciones de carácter cultural, social y económico en el pueblo y el país.


Foto: Kike


Una nación urbanizada no debe dar una imagen que pase a través de sus ciudades y no debe relegar la optimización del marco físico donde desarrollar su actuación social. Desde esta perspectiva, la preservación del patrimonio urbano juega un rol fundamental en la salvaguarda de la nacionalidad. La imagen tangible en la ciudad cubana tiene que corresponderse con la imagen simbólica que el país desea. En las ciudades no existe felicidad declarada que no se acompañe del bienestar real. Urge reconectar la Cuba simbólica a la Cuba tangible y hacer ciudadanos para hacer país.

Deberán buscarse soluciones para el hábitat construido y las ciudades cubanas, articulando intenciones con acciones. Vale recordar que “el hombre piensa como vive y vive como piensa”, con lo que la filosofía marxista establece vínculos directos entre arquitectura y sociedad, haciendo comprender que la misma urbanidad que intentamos recuperar como valor social nace desde lo urbano, lo que nos obliga a recuperar los sitios tanto como los seres humanos. La relación ciudadanía-ciudad es biunívoca, simultánea y recíproca. La erosión de una repercute sobre la otra. Si aspiramos a un ser humano mejor, tenemos que aspirar a una ciudad mejor, asumiéndola como parte de la solución y no como problema.

Las oportunidades derivadas del actual escenario global urbano no son aprovechadas hoy a pesar de la identidad, legado y exclusividad de las ciudades cubanas, no visualizadas en el “producto Cuba” y, por ello, no asumidas aún como “imagen-país”, tanto en el sentido cultural como el económico-productivo. Deberá manejarse el potencial de la ciudad, vista como sector de inversión, mercado e industria generadora de capital y liquidez; esto es, la ciudad productiva y no como consumidora. Hay que considerar la reinversión de plusvalías urbanas con que la ciudad puede costear su propia recuperación, transformando el actual modelo de gestión urbana —vertical, centralizado y consumidor— hacia uno participativo, abierto y multifactorial. Este es un tema estratégico para el desarrollo de la nación.

2. Disciplina urbanística

En los últimos años se ha producido un deterioro creciente de la disciplina urbanística con actuaciones fuera de todo control y mala calidad. En muchos casos, esta situación representa una amenaza e impacto irreversibles al patrimonio edificado, los espacios públicos y la imagen urbana.

Una gran cantidad de ilegalidades y transformaciones se extienden por las ciudades del país, dañando su imagen; lograr eliminarlas en su totalidad es impracticable. Han sido décadas de descontrol acumulado y violaciones cometidas sobre el fondo edificado, tanto por entidades estatales como por la población, en un accionar arbitrario para “resolver” sus dinámicas de gestión, intereses, déficits habitacionales y refuncionalidad de espacios (garajes, talleres u otros usos) con soluciones inadecuadas, cuyas causas fundamentales han sido la falta de cultura urbana y/o carencia de respuesta institucional a las necesidades que un organismo vivo como la ciudad y sus ciudadanos demandan.


Foto: Cortesía Daniel Taboada


El aparato técnico-legal disponible para ejercer esa función es débil y se ha descapitalizado, por lo que es necesario, de manera priorizada, fortalecer el sistema de la planificación física y sobre todo su cuerpo de inspectores con profesionales calificados y competentes; comprometidos y bien remunerados para evitar la corrupción, capaces de ejercer un adecuado control urbano. Asimismo, este cuerpo técnico debe disponer de la autoridad requerida y de un sistema legal de penalizaciones efectivas ante las violaciones, que deberá aplicarse sin privilegios a todo tipo de infractores, ya sean naturales o jurídicos.

También se deberán revisar y actualizar las regulaciones urbanísticas, y toda la legislación vigente con impacto en la ciudad vinculada con el ordenamiento territorial y urbano, como forma de contar con un cuerpo de normas técnico-jurídicas que disciplinen las intervenciones de actores naturales y jurídicos. Mientras no estén actualizadas estas normativas, hay que aplicar las vigentes velando por su cumplimiento a través de un control urbano eficiente.

Podemos contar con un cuerpo legislativo amplio, pero si este se incumple, no logra su objetivo. El binomio regulaciones-control urbano es indivisible para preservar el patrimonio construido, garantizar el orden urbano-arquitectónico en las nuevas intervenciones y un accionar adecuado de los ciudadanos y entidades, lo que de conjunto conforman la imagen de la cuidad.


Foto: Kike


No es posible revertir el caos urbano presente y el deterioro de la mala imagen de nuestras ciudades si de inmediato no se actúa en esta dirección, comenzando por el análisis de zonas y ejes urbanos de importancia que concentran los mayores valores patrimoniales arquitectónicos y urbanísticos de nuestras ciudades, clasificando ahí con racionalidad y objetividad las violaciones existentes, categorizándolas de acuerdo con su gravedad, definiendo aquellas que realmente sean inaceptables, lo que conlleva su eliminación y las que proceden porque no dañan la imagen urbana (en su estado actual o con ligeros cambios) que podrían convalidarse. En la actualidad se está comprometiendo seriamente el futuro de la ciudad; por eso la planificación de su desarrollo debe comenzar por el ordenamiento del presente.

3. Recursos económicos disponibles para la ciudad. Financiamiento

La ciudad es un organismo dinámico que carga en sí la historia de su desarrollo y los potenciales de su devenir. Ella es el testigo que pone al descubierto los aciertos o desaciertos de gobernantes y gobernados; ella juzga en el tiempo las decisiones tomadas y nos devuelve su imagen como espejo para que reflexionemos sobre las políticas aplicadas. Ningún bien cultural contiene tantos significantes políticos, socioeconómicos y medioambientales. Nunca una obra de arte expresó más claramente ser el resultado de una construcción colectiva y, además, ser sumatoria de manifestaciones individuales complejamente articuladas entre lo tangible y lo intangible.

Las urbes son una fuente inagotable de recursos económicos; en ellas pueden generarse grandes plusvalías que deben ser capturadas por la administración pública para un desarrollo próspero y equitativo. Para ello ha de facilitarse una heterogeneidad económica que flexibilice la explotación eficiente del suelo urbano con la participación de inversionistas extranjeros y nacionales, estatales y no estatales, aprovechando los presupuestos nacionales, provinciales y locales a partir de la aplicación de modelos de gestión innovadores que generen la sinergia socioeconómica y sociocultural de que están urgidas nuestras ciudades, y que liberen el gran potencial creativo de los ciudadanos. Ejemplo de ello es la gestión del desarrollo integral que lidera la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.


Foto: Kike


Especial atención requiere la ciudad capital, con un quinto de la población del país, donde la situación de degradación física y social se ha acelerado en los últimos años de una manera alarmante; ella está sometida a un desastre cotidiano de baja intensidad, y el escenario posible de que sea devastada por un huracán es un riesgo real que acabamos de comprobar en Santiago de Cuba, agravado por el cambio climático. Pero ella también conserva, afortunadamente, su cualidad esencial de ciudad magnífica, de un atractivo excepcional y estratégicamente localizada, que posee un potencial extraordinario para revertir en pocos años la grave situación que padece: su bahía. Los grandes volúmenes de recursos que la capital requiere para detener la involución exponencial que hoy la caracteriza, se podrían resolver declarando una Zona Especial de Desarrollo para la rada habanera; los recursos que requiere La Habana dependen de la voluntad política.

4. El problema de la vivienda en Cuba

El grave problema de la vivienda en Cuba ha tenido un enfoque dirigido principalmente a lograr un aumento cuantitativo para disminuir su déficit, enfocado desde su dimensión técnica; pero no se ha asumido con la integralidad necesaria: la vivienda es un producto cultural, no una mera construcción, ya que además de satisfacer necesidades físicas, debe satisfacer sobre todo las exigencias espirituales de quienes las viven, respondiendo a sus necesidades cotidianas: hábitos, costumbres y a las demandas específicas de los habitantes de cada lugar. Integralidad significa considerar a la vivienda como el HÁBITAT, que implica a la ciudad, la escuela, los lugares de recreación, de servicios, de trabajo, de traslados, redes técnicas y especialmente a los espacios públicos y de relaciones interpersonales.

Sugerimos se analice la actual subordinación del Instituto de la Vivienda al Ministerio de la Construcción, ya que entre otras razones, este organismo no debe ser al mismo tiempo el inversionista y el constructor de la vivienda. Por otra parte, entre las complejas y múltiples tareas de este ministerio resulta difícil atender con integralidad el tema de la vivienda, como hemos planteado.


Foto: Kike


Se deberá estudiar la creación de un Ministerio de la Vivienda y el Urbanismo que contribuya a formular e implementar la política integral de la vivienda en Cuba.

5. El sector de la economía no estatal: su proyección en las nuevas demandas de la ciudad y en la arquitectura del país

Al amparo del término “trabajo por cuenta propia” se ejecutan acciones por parte del sector no estatal que han modificado la imagen de la ciudad; unas para su beneficio y otras, en su mayoría, para su detrimento.

Cambios de usos inadecuados, violaciones de las regulaciones urbanísticas y economía informal expresada inadecuadamente, son aspectos que han acrecentado el deterioro de la imagen de nuestras ciudades. Revertir esta situación en un factor positivo que ayude a la reanimación y reconstrucción de las ciudades cubanas es un propósito que podemos lograr, para lo cual se deberá promover la actualización de las regulaciones urbanísticas, el control urbano, las licencias de construcción y los cambios de usos, a tono con las demandas de este sector. De manera especial se deberá actualizar la legislación vigente en cuanto a la inversión no estatal para adecuarla a los lineamientos aprobados para la actualización del modelo económico de Cuba.

El sector no estatal ha cobrado fuerza y puede ser un motor impulsor de la economía local siempre que se encamine adecuadamente; hoy esta actividad se desenvuelve en la ciudad de manera imprecisa, ya que no se considera al trabajador por cuenta propia como un inversionista que, como tal, debe tener deberes y derechos, más allá del pago a la ONAT como contribuyente.

6. La calidad de la arquitectura y el urbanismo contemporáneos. Estrategia de diseño e intervención

En los últimos años la arquitectura y el urbanismo cubanos atraviesan una crisis de calidad, lo que se evidencia en su materialización en obras y espacios construidos. El enfoque solamente constructivo de la arquitectura, sin considerar su verdadera trascendencia cultural, es una de las razones que ha limitado su valor como manifestación artística, como complemento espiritual y estético ambiental del hábitat de los cubanos, como lo fue a lo largo de toda nuestra historia.

Se requiere de una visión integral multisectorial del diseño urbano, arquitectónico y ambiental que parta desde las escalas del planeamiento territorial, hasta el urbanismo y las edificaciones, con la oportuna inclusión o convocatoria integradora de grupos creativos y de profesionales, así como de talleres de las escuelas de arquitectura, que puedan aportar soluciones con proyectos de calidad. Asimismo es imprescindible garantizar su supervisión y aprobación por las instancias competentes desde las fases de pre inversión y hasta el otorgamiento de las licencias.


Foto: Kike


Es necesario dar espacio oficial a nuevas formas de producción de la arquitectura y el urbanismo en la actualidad. La autorización de grupos creativos independientes con talento probado como alternativa compatible al trabajo de las empresas de proyecto del Estado, deberá ser una realidad futura. Los mismos podrán ser controlados por asociaciones como la UNEAC, la UNAICC, el FCBC, etc. y reconocidos por el Frente de Proyectos e inscritos en el Registro Nacional de Constructores y Proyectistas. Esta acción garantizaría:

1. Elevar la calidad de la arquitectura y el urbanismo al existir una diversificación y confrontación como respuesta calificada a los proyectos.

2. Dar respuesta efectiva a los diversos proyectos que demandará el sector no estatal, que hoy no solucionan las empresas de proyectos ni el arquitecto de la comunidad; las primeras, por no tener en su objeto social atender solicitudes de personas naturales, y el segundo, por atender solamente el tema de la vivienda y no otros programas, careciendo de profesionales con el perfil requerido.

3. La vía de buscar empleo afín, adiestramiento y estimulación al talento y la inteligencia joven que emigra en forma creciente. La pérdida de este importante capital humano, formado por la Revolución, constituye uno de los grandes problemas en la práctica actual de la arquitectura y el urbanismo cubanos y su principal amenaza futura.

Otra forma para elevar la calidad en la arquitectura y el urbanismo actuales, es regular bajo un marco legislativo la obligatoriedad de que todos los proyectos para edificios públicos y conjuntos urbanos con un presupuesto medio a alto y de especial significado sean convocados a concursos.

Por otra parte, es necesario priorizar, proteger, darle autoridad y reconocimiento al profesional cubano, ya que hasta hoy importantes proyectos en la esfera del turismo y el desarrollo inmobiliario se han construido y ejecutan según proyectos foráneos que se importan en la etapa de soluciones conceptuales y se nacionalizan en las empresas de proyectos del Estado; estas empresas solo realizan con arquitectos cubanos la etapa de proyecto ejecutivo. La grave situación señalada no brinda la debida oportunidad de desarrollo al profesional cubano en la etapa de definición creativa, y en general no garantiza el adecuado nivel de calidad, ni una expresión auténtica de identidad cultural como las obras exigen.

Es imprescindible crear una ley sobre el ejercicio profesional en Cuba que regule la participación extranjera, la convocatoria a concursos, e impida el intrusismo profesional entre otros, lo que permitirá consolidar y elevar el nivel de la arquitectura y el urbanismo cubanos. Ya antes de la Revolución el importante arquitecto suizo-norteamericano Richard Neutra, para proyectar la casa Schulthess en La Habana, tuvo que asociarse con el arquitecto cubano Raúl Álvarez; la firma norteamericana Welton Becket se vio en la obligación de unirse a los arquitectos Nicolás Arroyo y Gabriela Menéndez para la realización del Hotel Habana Hilton; y el ya prestigioso arquitecto italiano Franco Albini para hacer uno de los planes generales de La Habana del Este se asoció con Miguel Gastón, Fernando Salinas, Ricardo Porro y Enrique Govantes (hijo), entre otros ejemplos importantes en la historia de nuestra arquitectura.


Servicio Gastronómico. San Ignacio y Plaza Vieja. Foto: Cortesía Daniel Taboada


7. La enseñanza de la arquitectura

La calidad de la arquitectura y el urbanismo depende en gran medida de sus creadores. Si la formación de arquitectos y urbanistas no está a tono con los grandes problemas a solucionar en el ambiente construido de pueblos y ciudades y con las transformaciones socioeconómicas de la actualización de nuestro modelo económico, será imposible superar la crisis de calidad de la arquitectura y el urbanismo cubanos. Recomendamos, entre otros aspectos, continuar el análisis para que en los planes de estudios se considere la especialización entre arquitectos, paisajistas, urbanistas y planificadores.

Asimismo, la enseñanza de la arquitectura deberá partir, entre otros, de los siguientes paradigmas:

1. El enfoque humanístico, que sitúa al ser humano, la sociedad y la cultura en el centro de toda la formación del arquitecto.

2. Considerar a las ciudades cubanas y su patrimonio como uno de los ejes fundamentales de la actividad académica. La enseñanza de la arquitectura debe realizarse en la ciudad, por lo que deberá estudiarse la reubicación de la Facultad de Arquitectura de la CUJAE, total o parcialmente, en las zonas centrales de La Habana.

3. Considerar la transdisciplinariedad como uno de los principales factores de enriquecimiento de la arquitectura y la ciudad. Estas disciplinas, en su valiosa interacción con la arquitectura, estarán regidas por una perspectiva desde lo cultural.

4. Estrechar los vínculos docentes y de extensión universitaria de las facultades de arquitectura con el ISDI y el ISA, con la Facultad de Artes y Letras de la UH y con la Universidad de San Gerónimo como vía de integración y expansión del conocimiento técnico creativo, del pensamiento humanista y de la solidez integral de la formación profesional.

5. La contribución de las escuelas de arquitectura, desde una praxis consecuente en sus planes docentes, con los problemas prioritarios de las ciudades cubanas, sus localidades y sitios de valor, mediante su inclusión en los proyectos a abordar por los talleres docentes, optativos y en los trabajos de diploma, desde la interacción con las instancias rectoras (gobiernos, IPF, Comisión CAP, otras).

8. La divulgación de los temas de la arquitectura y de la ciudad en los medios y la educación ciudadana

Necesitamos una crítica consciente que propicie la devolución de la arquitectura y la ciudad a su real dimensión cultural: que identifique conceptos y forme opiniones; que enriquezca el desarrollo teórico para evaluar procesos y obras específicas; que logre influir en los mecanismos, centros de decisión y en la opinión pública; y que al final legitime la arquitectura de alta calidad que aspiramos hacer entre todos.

Objetivos de trabajo con vistas al VIII Congreso de la UNEAC
1. Fortalecer la proyección del trabajo de la Comisión en todos los territorios del país. Para lograr este aspecto, se debe fortalecer más el trabajo de las comisiones a nivel provincial y que se conviertan en órganos asesores de los gobiernos locales. Es de señalar el ejemplo de Cienfuegos, cuya comisión ha hecho un trabajo meritorio en el territorio.

2. Continuar con la participación como consultores del Plan La Habana Siglo XXI. Influir para que la dimensión sociocultural de La Habana y sus valores patrimoniales sean tomados en consideración en análisis y decisiones sobre el ordenamiento territorial de la ciudad, con un enfoque desde la cultura. La ciudad del siglo XXI deberá contener las de los siglos anteriores, y al mismo tiempo enfrentar la solución de sus problemas con un punto de vista del siglo XXI, aplicando la innovación y las ideas más avanzadas en el campo de la arquitectura y el urbanismo.

3. Seguir participando en la actualización de las regulaciones urbanísticas de las ciudades relevantes del país. Se propone taller multisectorial para revisar las regulaciones de El Vedado.

4. Comenzar los debates y la reflexión sobre la enseñanza de la arquitectura como forma de elevar la calidad de la arquitectura cubana. Convocar un taller nacional con todas las facultades del país para analizar los paradigmas futuros de la enseñanza de la arquitectura. Viabilizar con el MES la implementación de su colaboración sistemática con la Comisión CAP y otras entidades para elaborar propuestas de proyectos y de visualización conceptual como solución a los problemas de la arquitectura y el urbanismo priorizados por la comisión.


Circulo Infantil. Centro Histórico. Foto: Cortesía Daniel Taboada


5. Convocar un encuentro nacional junto con los ministerios de Cultura y Construcción, la UNAICC el Frente de Proyectos, sobre la calidad de la arquitectura y el urbanismo contemporáneo en nuestro país.

6. Debatir y sugerir soluciones al tema del desarrollo de la vivienda. Continuar participando en la formulación de una nueva política de la vivienda en Cuba. Dar seguimiento a las experiencias de las cooperativas de construcción y de propietarios de la vivienda.

7. Estudiar formas de dinamización social de las zonas “oscuras” de la ciudad mediante proyectos participativos y motivadores, con la intervención de los órganos locales en esas barriadas.

8. Proyectar el trabajo de la comisión hacia el sistema de los pequeños poblados que forman parte del patrimonio industrial. Estudiar el impacto de la desactivación de la producción azucarera y la reanimación social, económica y cultural de estas comunidades. Promover talleres y una cátedra conjunta con la Facultad de Arquitectura y/o la Universidad de San Gerónimo.

9. Participar en la conceptualización, siempre con un enfoque desde la cultura, en los grandes proyectos urbanos del país: Proyecto del Mariel, la bahía de La Habana, el Plan de Desarrollo Turístico de Varadero, el Plan de Trinidad de Cuba, La Habana del Siglo XXI, el desarrollo industrial de Cienfuegos, la recuperación urbana de Santiago de Cuba, entre otros.

10. Convocar por la UNEAC, la UNAICC, y el Centro Histórico de La Habana y el Ministerio de Cultura un taller nacional sobre “ciudades creativas” que dé continuidad al evento de gestión del centro histórico de La Habana, dedicado este año a las economías creativas y al análisis de los recursos disponibles a partir de la cultura.

Conclusiones

Aun cuando las ciudades y la arquitectura de Cuba se encuentran en la encrucijada de asumir retos y riesgos, existe sin embargo la oportunidad de definir e instrumentar las políticas del entorno construido, que guíen tanto las acciones correspondientes del Estado y la administración como al sector no estatal. Se trata de un desafío en estos momentos de actualización de nuestro modelo económico, que se abre a nuestra inteligencia y capacidad, al sentido nacional de pertenencia y a la vocación universal que siempre ha caracterizado a nuestro pueblo.

Aspiramos a una ciudad creativa, amable, próspera, gobernable, equitativa, conectada, compacta, segura, humana, verde, funcional y habitable.

 

Nota: Informe de la Comisión de Ciudad, Arquitectura y Patrimonio. VIII Congreso de la UNEAC, abril 2014