Artes visuales en el 38 festival

Desde hace varios años los Festivales de Cine de La Habana, o más exactamente, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano se acompaña de diversas exposiciones que, de alguna manera, completan la visión plástica del fenómeno del séptimo arte.

Esta 38 edición no ha sido la excepción: cinco muestras se han concebido  y a partir de ellas, el público puede tener una idea de por dónde se mueven las artes visuales que se vinculan con la sala oscura, ella son: CartelOn, Vivir bajo la lluvia, Carteles en concurso, EICTV 30 x 30, Carteles a la italiana y la instalación Espiral de la artista de la plástica, Consuelo Castañeda.


 

CartelON —exhibida en la sala Yelín de la Casa del Festival, en el Vedado capitalino—, es un proyecto que agrupa treinta carteles que, desde las más diversas miradas, reverencia los 30 años de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, la Escuela de todos los mundos (EICTV), institución que se homenajea en el Festival.

La muestra tiene el objetivo de revitalizar el diseño del cartel cinematográfico y cultural cubano, manifestación que en los setenta y los ochenta tuvo un gran protagonismo y que, desafortunadamente, ha perdido fuerza. CartelON, idea de Yumey Besú y apoyada por la también especialista Sara Vega, de la Cinemateca de Cuba, constituye un acicate para estimular la producción cartelística cubana afectada, entre otras razones, por la constricción económica, el agotamiento en el encargo y también porque el cartel ha perdido la función social de informar.

El proyecto CartelON —por el uso del color—, nos catapulta a los mejores momentos de la gráfica del ICAIC y constituye un ejercicio de inteligencia para que, sobre todo, los jóvenes diseñadores adiestren las neuronas y los dedos en espera de que el cartel vuelva a retomar su esencia primera: estar en la calle informando.  


 

Con Vivir bajo la lluvia —muestra que se exhibe en el lobby del Cine 23 y 12— se le rinde justo homenaje a un hombre no solo del cine cubano sino de la cultura nuestra: Julio García Espinosa, Premio Nacional de Cine 2004, fundador del ICAIC, formador de varias generaciones de cineastas y director la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños, entre 2004 y 2007. La exposición incluye carteles concebidos para los filmes El mégano, Aventuras de Juan Quinquín, La inútil muerte de mi socio Manolo y Reina y Rey, entre otros, realizados por diseñadores cubanos y extranjeros y unas cuarenta fotografías (en blanco y negro, formato de 30 x 40 cm) que resaltan la relación de García Espinosa con otros cineastas, sus intercambios con actores y actrices y lo vemos en plena labor como como director. Es Julio García Espinosa (1926-2016) un hombre de pensamiento, un intelectual que con su obra ensayística marcó un viraje en la historia del cine cubano y continental y, en paralelo, desarrolló una labor como cineasta y argumentó su teoría sobre el llamado “cine imperfecto”.

En la galería del Cine Chaplin, se muestran los carteles que acompañan a las películas, cortos y documentales que optan por el Premio Coral, lo que demuestra el interés de los organizadores del Festival por incrementar la educación visual en torno al cine.

Desafortunadamente, a diferencia de ediciones anteriores, la entrega de este año no es amplia: solo fueron seleccionados 24 carteles y de ellos, 9 son realizados por creadores cubanos.


 

Las calidades son desiguales y los concebidos en países como Chile, Brasil o República Dominicana, por lo general, refieren lo más elemental de la película —director, actores, fotografía y música— y eso está muy bien porque la función del cartel es esa: informar. Pero, no se percibe una búsqueda estética más honda —quizás más latinoamericana— y se queda en las directrices probadas de la cartelística norteamericana, que es muy válida y funciona a nivel comercial, pero no es la que corresponde a la historia y la realidad del Continente Latinoamericano. En los carteles concebidos por los cubanos se evidencia un mayor interés por la búsqueda, un intento por la indagación y la metáfora; la propuesta cubana la conforman los diseñadores Víctor López Fuentes (Esteban), Javier A. González Borbolla (La costurera), Fabián Muñoz (Manos de padre), Juan Carlos Cendán (Ya no es antes), Víctor Junco (La cosa humana —dos versiones), José Pepe Menéndez (Sharing Estela), Marian Quintana (Los caminos de Centeno) y Claudio Sotolongo (Vivir bajo la lluvia), El camino de la vida (Alejandro Rodríguez Fornes (Alucho) y Alberto Nodarse (Tinti).

Lo cierto es que se requiere una producción más abultada de carteles para el cine latinoamericano y las interrogantes nos asaltan: ¿será que los responsables de enviar los carteles junto a las películas no lo hacen?, ¿será que en Latinoamérica no se está produciendo el cartel cinematográfico de manera sistemática y ordenada?, ¿será que los diseñadores no están motivados por realizar carteles?, ¿será que hay pocos encargos?, ¿será una razón económica relacionada con presupuestos? Creo que sería muy beneficioso que, al menos en el contexto que nos corresponde —es decir lo relativo a la catertelística cubana— se hurgue en las causas, resultados y consecuencias.

Otra de las exposiciones del Festival —EICTV 30 x 30— está en el Pabellón Cuba, específicamente en El Túnel, arteria que  interconecta varias áreas de ese céntrico sitio. La muestra incluye treinta fotografías que, a manera de testimonio, evocan el nacimiento, desarrollo y extensión de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, EICTV. Son imágenes que se conservan en los archivos de la Escuela y que resguardan la memoria visual de una institución única en su tipo en el mundo que ha formado varias generaciones de cineastas latinoamericanos.


 

En el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate está Carteles a la italiana, compuesta por obras realizadas por artistas italianos sobre una película de esa nacionalidad y, a la  vez, otro cartel, hecho por un cubano, a partir de ese mismo largometraje. En esta muestra se ha tratado de poner a dialogar ambos modos de hacer y que revela los caminos por los que transitó el cartel en las dos naciones durante una misma época. Las obras cubanas pertenecen a los fondos de la Cinemateca y las italianas a la colección privada de Luigino Bardellotto, coleccionista italiano y gran amigo de Cuba.

Estas cinco exposiciones se sustentan en los códigos más tradicionales del quehacer plástico: el medio expresivo es el cartel y la fotografía, pero también las necesarias y actuales nuevas tecnologías están en el Festival de La Habana gracias a la instalación interactiva Espiral, que se exhibe en la Casa del Festival. La pieza, obra de la reconocida creadora cubana Consuelo Castañeda, es una retícula en forma de espiral en la que se proyectan imágenes alegóricas al cine y es apoyada por música: los espectadores al sumergirse dentro de la espiral entran en un estado de contemplación que convoca a la reflexión: la Castañeda, sin dudas, es una creadora que se apoya en códigos conceptuales para armar su discurso. 

Seguramente, la 39 edición del Festival de Cine a desarrollarse en diciembre del venidero año, traerá muchas y nuevas sorpresas;  y es que la fiesta del séptimo arte en Cuba no se concibe sin una mirada integradora: las artes plásticas, al igual que la música, son parte consustancial del séptimo arte.