La vaca, El novato y otras sonrisas del cine francés

Junto con la vigésima incursión en masa de cine francés, se contraponen dos emociones en el cinéfilo: el agradecimiento con que se relaja y se apresta a disfrutar de sus géneros preferidos, sobre todo de la comedia ligera y estimulante; y el cuestionador riguroso que aspira a disfrutar de un panorama del mejor cine francés, y se interesa menos por las diligencias comprometidas obviamente con el entretenimiento, la taquilla, las estrellas y los géneros convencionales.


La vaca (2015, Mohamed Hamidi)  


Quienes intenten adentrarse en el Festival, tendrán suerte o no en dependencia de lo que vayan buscando. Si mi lector está detrás de esos filmes que le provoquen la natural sensación de bienestar, y disfrutar con un grupo de gags, situaciones absurdas o extravagantes, que rozan levemente temas tan trascendentales como la diversidad, el antirracismo y la inclusión, la necesidad de empezar de nuevo, la familia disfuncional; entonces puede elegir alguna de las ocho comedias incluidas: las contemporáneas El Dulce Escape, La vaca, Loló, el hijo de mi novia, Papá o mamá y El novato, o las añejas Más locos que una cabra, El salvaje y OSS 117: perdido en Río.

En todo ese panorama de risas y visiones amables, incluso complacientes y hasta rosadas, sobresalen La vaca (2015, Mohamed Hamidi) y El novato (2015, Rudi Rosenberg), y no precisamente a causa de que intenten volar a las alturas de la sátira o la comedia negra, sino porque ambas se atreven a validar la diversidad y la inclusión, dos de los asuntos candentes en una Francia cuyos poderes están siendo amenazados por la extrema derecha y sus habituales inherencias: la discriminación y el racismo.

El novato trata sobre Benoit, un adolescente de 14 años que recientemente se ha mudado a París, y se siente aislado en la escuela, hasta que aparece una muchacha sueca, Johanna, también incomunicada en su condición de extranjera. El círculo de Benoit muy pronto se ensancha con un trío de compañeros de clases marginados y rechazados por los “normales” a causa de minusvalía, gordura, extrema inteligencia o sensibilidad, manera de ser o de hablar… Pero Benoit quiere ser popular, pues atraviesa la fase de autoafirmación personal, de los primeros amores y amistades.

Con extrema sencillez expositiva, y un decisivo elenco de actores adolescentes, el debutante Rudi Rosenberg se concentra a tal punto en este mundo cuando comienzan a fijarse los pilares de la personalidad, que los adultos quedan casi excluidos, y el único adulto presente, el tío de Benoit, presenta un comportamiento bromista y pueril que lo equipara con esta adorable pandilla de desajustados. Y he ahí el único reparo que puede hacérsele a El novato: el demarcado intento por conseguir una película adorable desde todo punto de vista, sin detenerse a problematizar, al mínimo, aquella edad en que cada gesto de rechazo te puede sumergir en la más negra desesperación.


El novato (2015, Rudi Rosenberg).


El encanto de los personajes, con sus diálogos naturales, y la propuesta de tolerancia e inclusión, son elementos que se encargan de superar la media de las comedias de adolescentes norteamericanas, muchas veces demasiado concentradas en el tema del triunfo y la belleza como para poder atender otras aristas de la compleja psicología adolescente, estudiada minuciosamente en numerosos y anteriores filmes franceses como Los cuatrocientos golpes, Mouchette, A nuestros amores, La clase… Y no es que El novato figure por derecho propio en este grupo de filmes memorables y trascendentales, porque le falta realismo, brío y visión filosófica, pero se agradece su tono entre divertido y conmovedor, y su apuesta por la reafirmación personal de cada quien, independientemente de la aceptación o el rechazo de una pandilla de idiotas que se creen en capacidad de determinar quiénes son los más populares de la clase.

Amable y estimulante resulta también La vaca, ubicada entre los filmes franceses más populares de 2016, gracias, al igual que El novato, al protagonismo de un personaje entrañable; se llama Fatah y es un campesino que jamás ha salido de su pequeña aldea en Argelia, padre de familia, un hombre inocente y buena persona, obsesionado con su vaca Jacqueline. Junto con ella, con la vaca, atravesará Francia a pie, para ir a París, a presentarla en la feria agropecuaria. Entre los principales recursos cómicos se cuentan la inocencia y extravagancia del protagonista, y el absurdo de una situación bastante rara y chocante, como este viaje a pie del hombre y su vaca, un viaje que le permite al realizador hacer un retrato de la Francia contemporánea a través de esta estructura de roadmovie, o película de carreteras.

Entonces, la narración se conforma a partir de episodios que relatan los sucesivos encuentros, unos agradables y otros no tanto, de Fatah y su vaca Jacqueline, una pareja extraña, pero al fin y al cabo simpático símbolo de valores humanos como la nobleza, la ternura y la confianza en la posibilidad de cumplir un sueño, a pesar de todos los obstáculos. Por supuesto que la película juega con la verosimilitud, y abundan las situaciones improbables para certificar el triunfo de la bondad y la perseverancia.


Fotograma de La vaca.


De todos modos, valga decir que La vaca tampoco es una película tan ingenua como su protagonista, y por debajo del argumento se perciben tenues matices de crítica a la manera de pensar y de vivir de argelinos y franceses, ambos pueblos juzgados en razón de virtudes y defectos inherentes a la condición humana, más allá de fronteras, razas y culturas. Debe decirse también que la película se estrenó poco después de los atentados terroristas que padeció París, con el consiguiente incentivo a la xenofobia y el sentimiento antiárabe, de modo que este filme se entendió como una propuesta de incentivar la comprensión y la tolerancia entre franceses y árabes, en este caso argelinos.

De este modo, la excursión del campesino y su vaca hasta la feria parisina, conlleva una propuesta de fraternidad y comprensión entre culturas diferentes que la película refuerza a través de soluciones dramáticas y situaciones bastante ingeniosas, aunque increíbles, pues el filme está colmado de situaciones cercanas al espíritu de los cuentos y de las fábulas cuya moraleja se relaciona con la necesidad de que cada uno salga a perseguir su sueño, por peregrino y distante que parezca.

El realizador, el productor y buena parte de los actores principales de La vaca son franceses de origen árabe y norafricano, y esta pertenencia cultural sentó el tono festivo y al mismo tiempo conmovedor en torno a un personaje de esta misma procedencia. El director de la película es Mohamed Hamidi, quien coescribió el guión junto con el protagonista del filme, el actor Fatsah Bouyahmed, cuyo personaje está interpretado sin excesos de ningún tipo para poder mostrar esa inocencia que resultaría ridícula con una interpretación más estridente. Bouyahmed es discreto y sincero, dos virtudes que lo ayudan a componer un personaje memorable, una suerte de Quijote argelino que en lugar de Rocinante lleva por las llanuras y colinas francesas a una bella y mansa vaca, a lo largo de una película que rezuma nobleza y buenas intenciones, y precisamente por ello muestra a veces una visión demasiado idílica de Francia, e incluso de Argelia, y así, la bondad y la solidaridad brotan a cada paso del protagonista, quien tiene la suerte de encontrarse con las personas más generosas y hospitalarias del mundo.

En similares coordenadas se localizan las restantes comedias del ciclo: El dulce escape es una oda a la libertad y la felicidad; Loló, el hijo de mi novia trata de ser comedia de situaciones en torno a un adolescente y el novio de su madre; Papá o mamá es Kramer contra Kramer en una guerra por la custodia de tres hijos, y las antiguas Más locos que una cabra y El salvaje se realizaron en torno a la capacidad humorística de dos parejas: Pierre Richard y Gerard Depardieu en la primera, y Catherine Denueve e Yves Montand en la segunda. Por supuesto que la primera es mucho más cómica, porque el hecho de ser un mito de la pantalla jamás garantizó la capacidad para hacer reír a tu prójimo.