La UNEAC y Fidel: 55 años después

El 22 de agosto de 1961 nació la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Fue la culminación de un Congreso que consagró la unidad del movimiento artístico e intelectual en torno a la Revolución triunfante y selló la identidad entre la vanguardia de los creadores cubanos y la vanguardia política del país. El primer presidente de la UNEAC fue Nicolás Guillén, a quien rendimos tributo. Cincuenta y cinco años después, la UNEAC sigue siendo una organización comprometida con la cultura y el destino de la nación.

Lo que comenzó siendo un núcleo reducido de creadores, concentrados básicamente en la capital, se expandió a lo largo y ancho del país, sustentado en la formación de talentos en universidades y centros de la enseñanza artística. Más de 9 200 miembros forman parte de la UNEAC.


Miguel Barnet y Rolando Núñez. Fotos: Cortesía Esther García Mariño 

Lo que comenzó siendo un núcleo reducido de creadores, concentrados básicamente en la capital, se expandió a lo largo y ancho del país, sustentado en la formación de talentos en universidades y centros de la enseñanza artística.

Cinco asociaciones —Escritores, Artistas Escénicos, Artistas Plásticos, Músicos y Artistas, y Realizadores de Cine, Radio y TV— cuentan con filiales en los 14 Comités Provinciales y en la Isla de la Juventud.

Fidel Castro alentó la fundación de la UNEAC, clausuró el Primer Congreso de los Escritores y Artistas en 1961, intervino en varios de los Congresos y Plenos del Consejo Nacional y ha sostenido a lo largo del tiempo un diálogo permanente y fecundo con su membresía.  

El 30 de junio de 1961, en sus Palabras a los Intelectuales, Fidel expresó: “Ustedes van a constituir pronto la Asociación de Artistas, van a concurrir a un Congreso. Ese Congreso debe celebrarse con espíritu verdaderamente constructivo y tenemos confianza en que ustedes son capaces de realizarlo con ese espíritu. De él surgirá una fuerte Asociación de Artistas y Escritores a donde deben acudir todos con espíritu verdaderamente constructivo (…).

Ya es hora de que ustedes, organizadamente, contribuyan con todo su entusiasmo a las tareas que les corresponden en la Revolución (…)”.

Sobre esas ideas volvió durante la clausura del histórico Congreso fundacional:

“(El Congreso) se reunió con profundo espíritu democrático y con verdadero espíritu fraternal, porque la unión que aquí ha prevalecido —unión tan firme y tan honda, tan espontánea y tan sincera entre los escritores y artistas; unión que ha hecho que en vez de ‘Asociación’ el organismo se llame ‘Unión’— es el producto de ese espíritu de que hablábamos, ese espíritu de entrega a la causa revolucionaria, esa conciencia del valor de la tarea que a cada cual le corresponde, ese renunciamiento de pasiones, ese renunciamiento de egoísmos, de personalismos y de ambiciones. Esa unión es la mejor prueba, porque ¿habría sido posible en otras circunstancias tan estrecha unión?, ¿se habría podido producir jamás un congreso semejante, una hermandad semejante, una comprensión semejante? No, para ello era necesario, primero que nada, la gran depuración que la Revolución ha significado en todos los órdenes; y, en segundo lugar, el espíritu generoso y desprendido que la Revolución ha inculcado a los verdaderos patriotas, a los verdaderos creadores, a los verdaderos y dignos ciudadanos de este país”.


Alfredo Diez Nieto y Graciella Pogolotti 

Se trata de cimentar, permanentemente, una cultura del diálogo, de debates inclusivos en los que predomine la honestidad intelectual y la más absoluta transparencia.


Mantener esa unidad y consolidarla sin merma de la singularidad de las expresiones artísticas y literarias, y a partir de una vocación participativa en la construcción, renovación y aplicación de la política cultural han sido, a la vez, los principales logros y los más retadores desafíos que ha enfrentado la UNEAC en cinco décadas y media.

Se trata de cimentar, permanentemente, una cultura del diálogo, de debates inclusivos en los que predomine la honestidad intelectual y la más absoluta transparencia, bajo el denominador común de la ética revolucionaria y el compromiso con los ideales de justicia y equidad que marcan la brújula de la sociedad socialista.

El 1ro. de abril de 2008, a los asistentes al VII Congreso de la UNEAC, Fidel envió un mensaje en cuyas línea finales se lee:

“Partiendo de nuestros esfuerzos sanos, patrióticos e internacionalistas en las tareas manuales e intelectuales que realizamos cada día, me atrevería a expresar: todo lo que fortalezca éticamente a la revolución es bueno, todo lo que la debilite es malo”.

A 55 años de la fundación de la UNEAC, para los escritores y artistas cubanos ese mandato es irrevocable.