La Trovuntivitis: contagio benigno de canción de autor

Período Especial en Cuba. Muchos de los cantautores que conforman el movimiento trovadoresco en la década precedente en Santa Clara, dejan la ciudad en busca de espacios capitalinos; otros, fuera de las fronteras nacionales.

Por ese entonces, el Pedagógico Félix Varela se convierte en un hervidero de artistas, en un foco propicio para la canción de autor. Roly Berrío, Levis Aliaga y Raúl Cabrera se unen para conformar el Trío Enserie. Por otra parte, Alain Garrido compone y saca a la luz sus primeros temas, influenciado por fuertes aires rockeros.


Foto: Internet


Paralelo a las presentaciones en público de aquellos cuatro estudiantes de Educación Musical, Diego Gutiérrez despunta en la peña La caña Santa, de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas.

A mediados de los 90, El Trío Enserie se había convertido en un suceso en el panorama de la canción de autor contemporánea. Alain y Diego, por otra parte, se encontraban en un proceso de consolidación de su obra. En vísperas del surgimiento de La Trovuntivitis, se suman Leonardo García y Raúl Marchena al movimiento que se gestaba en la ciudad, aunque con una proyección aún joven e incipiente.

A pesar de la fuerza que había tomado la trova entre el público joven, al inicio fracasan los intentos de crear espacios en diferentes centros, como la Casa del Joven Creador o la Casa del Gobernador. En enero de 1997 se efectúa en Villa Clara el primer Encuentro de Trovadores Longina canta a Corona, creado en el seno de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) bajo la dirección de Alpidio Alonso.

“Ya nosotros teníamos plena conciencia de la necesidad de abrir un lugar donde cantar lo que hacíamos —recuerda Alain Garrido—. Un día, Diego y yo estábamos hablando de ese tema en la Galería de Arte de la Casa del Joven Creador. Pensábamos que un buen lugar podía ser El Mejunje. En ese momento, como si fuera el mesías atravesando el umbral de la puerta, apareció Ramón Silverio, y nos ofreció el lugar. Fue una coincidencia grande de pensamientos”.

El inicio de una epidemia musical

El jueves 4 de septiembre de 1997, dentro del Bar Tacones Lejanos de El Mejunje, marca la fecha de la primera peña de La Trovuntivitis, aún sin nombre oficial y con un público reducido. Resulta que, por aquellos días, azotaba una fuerte epidemia de conjuntivitis que había contagiado también a algunos de los trovadores del espacio.

Dicen que el nombre se me ocurrió a mí, no me acuerdo de eso. Pero, sí, suena a mí, que me gusta jugar con las palabras.

“A unos amigos les dio por andar con pistolitas de agua —cuenta Roly Berrío—. La gente empezó a comprarlas en las tiendas y a llevarlas a la peña. Era como una moda, un chiste. Llegaban, se las sacaban del bolsillo y te echaban agua en los ojos. ‘Oye, ¿cómo tú estás?’, decían, y te lanzaban el chorro a la cara. Hasta las mujeres andaban con esos juguetes en los bolsos. Yo no tenía conjuntivitis, pero sí se me pusieron los ojos rojos del agua de las pistolas. Dicen que el nombre se me ocurrió a mí, no me acuerdo de eso. Pero, sí, suena a mí, que me gusta jugar con las palabras”.

En los primeros espacios, con una frecuencia quincenal, solían tocar el Trío Enserie, el proyecto Matrimonio del aire, dirigido por Reydel Bernal (Fito), los dúos Amauta y Trovamor, además de los otros cantautores que se hacían conocer en solitario. Más tarde, se incorporan a la cofradía Michel Portela, Yunior Navarrete y Yordan Romero.


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“La descarga comenzó como una reunión de amigos, sus novias, y los trovadores que se intercambiaban las canciones —prosigue Alain—. Después de pasada la media noche y bajo el efecto de los rones, casi que se te olvidaba lo que pasaba allá dentro. Es que las peñas duraban hasta la madrugada.

“Fuimos ganando público y llegó el momento en que las personas no cabían en el bar. Tuvimos que hacerla todos los jueves porque la gente nos esperaba. Debíamos esforzarnos mucho, pues no teníamos audio. A veces llegaban los muchachos con guitarras y se ponían a cantar paralelamente, y se armaba cierto desconcierto. Eran varias voces compitiendo. Esa etapa es recordada por muchos con añoranza como la etapa romántica de la peña, la que se hacía dentro del bar. A raíz de un concierto fuera de Tacones Lejanos, decidimos quedarnos en el patio”.

Todos para uno

Cuando la peña pasa al patio de El Mejunje, en 2006, coincide con la llegada al espacio de Yaíma Orozco. “Entré allí de la mano de Alain Garrido —señala la trovadora—. Me había invitado a hacer voces en un concierto suyo, y empecé a hacerlo también con los demás. Inevitablemente me puse a componer”.

Un poco después, se incorporan Karel Fleites, Irina González, Miguel Ángel de la Rosa y, en 2011, Yatsel Rodríguez, última adquisición de La Trovuntivitis. A partir de ese momento, varios músicos de la ciudad apoyan al colectivo y se amplía el formato con cuerdas y percusión.

Aunque cada uno lleva su carrera en particular, La Trovuntivitis constituye una referencia importante cuando se habla de canción de autor en el país.

Además, varios de estos trovadores graban sus primeros discos A guitarra limpia, se presentan en la capital y en importantes festivales de la Isla. Aunque cada uno lleva su carrera en particular, La Trovuntivitis constituye una referencia importante cuando se habla de canción de autor en el país.

A 20 años de aquella primera peña, La Trovuntivitis se revitaliza por día, a pesar de la diáspora de algunos cantautores hacia Europa y Latinoamérica.  Cada cual con un estilo diferente, se complementan a la perfección con su juego combinado de voces y su proyección escénica particular. No en vano, muchos han afirmado que pareciera como si se estuviesen divirtiendo mientras cantan juntos. Y es que La Trovuntivitis no es un grupo, es un matrimonio de cantautores que decidieron romper con la individualidad y consagrarse como colectivo, fenómeno poco usual en el panorama trovadoresco cubano.


Foto: Raúl Medina


Veinte años, un primer disco

Dos décadas ha esperado La Trovuntivitis para grabar su primer disco en conjunto. Finalmente, está a punto de salir al mercado para este año, a propósito del cumpleaños del proyecto. Producido por los estudios Egrem, el CD doble incluye los temas icónicos de cada uno de estos cantautores. 

“Creo que las cosas llegan cuando son necesarias —afirma Roly. Estamos asistiendo a la mitad de un momento de vida. Difícilmente se logre otra vez un Longina a la altura de este, por la dedicación que le hemos puesto. El disco es un complemento. Hoy se nos llenan los espacios. Somos los que estamos soñando dentro de esta ciudad, dentro de esta Isla. El disco sirve para que queden las canciones para la posteridad”.

El fonograma reúne temas conocidos, como “Pobre gente”, “La Orgía”, “La luna de Valencia”, “La casa”, “Caridad”, “Debo dejar” o “El son de Heliodoro”, y los himnos “Ana”, de Levis Aliaga, y “Los giros”, de Yunior Navarrete, entre otros.

Fue demasiado tiempo esperando para grabar juntos pero ahora que se dio la oportunidad hay que aprovecharla. La Trovuntivitis es más grande y madura, y (el CD) coincide con el regreso de muchos que estaban fuera de Cuba.

Fue demasiado tiempo esperando para grabar juntos, pero ahora que se dio la oportunidad hay que aprovecharla. La Trovuntivitis es más grande y madura, y (el CD) coincide con el regreso de muchos que estaban fuera de Cuba.

“Fue demasiado tiempo esperando para grabar juntos —ratifica Yaíma—, pero ahora que se dio la oportunidad hay que aprovecharla. La Trovuntivitis es más grande y madura, y (el CD) coincide con el regreso de muchos que estaban fuera de Cuba. Si no hubiera sido ahora, Levis no hubiera podido grabar Ana”.

Una de las virtudes del disco es que logra trascender la obra particular de cada trovador y llevarla al concepto grupal. El acompañamiento musical se luce con figuras como los destacados bajistas Gastón Joya y Lázaro Rivero, y el guitarrista Emilio Martiní, también productor del CD.

Según Levis Aliaga, después de haber esperado 20 años, “es un buen paso hacia el mercado de la trova en el mundo entero, y que se puede aprovechar con optimismo. Una vez que uno se reconcilia con la vida y con uno mismo, tiene que ver el lado positivo de las cosas. Aunque hubiesen llegado antes a tener ese disco, ahora mismo tendrían que estar haciendo otro. Martiní me parece un productor estupendo. Todos le están apostando a este disco”.

En los estudios de Playa, La Trovuntivitis grabó y se divirtió. No faltaron los chistes, los recuerdos, las historias acumuladas en todo este tiempo, en toda una vida juntos. La pista corre. Palmadas que marcan el ritmo. Criterios encontrados. “Así está quedando buenísimo”, se escucha decir.