La República titiritera sin Roberto Espina

Murió el domingo 2 de julio Roberto Espina. A los 90 años cumplidos. En su casa de Río Ceballos, provincia de Córdoba, en su Argentina.

El notable escritor destacó como dramaturgo, en particular de la escena titiritera, que cultivó con amplitud, así como el mimo, cuyos vestigios corporales se distinguían en su gran fortaleza física.


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Emergió del insoslayable grupo intelectual que se formó en la escuela de Fray Mocho en los años 50, grandioso en el arte y de permanente vocación social y política. De una izquierda acendrada y sin dubitaciones, Espina fue consecuente con un pensamiento que no buscaba contestar las preguntas siempre hegemónicas del dominio del capital, sino interrogarnos al revés y con cabeza propia.

En su inobjetable La República del caballo muerto consiguió plenamente esa difícil ligazón entre la altura estética y la resonancia ética y política. Su nombre como dramaturgo titiritero se asocia a dicha pieza, pero reunió su vasta obra de varios géneros en Obras Incompletas. Casualmente, como Teatro incompleto, está a punto de presentarse y circular como un señor libro de 500 páginas, el volumen 34 de la colección “Biblioteca de Clásicos”, de Ediciones Alarcos.

Será otra constatación de su vínculo con Cuba, por desgracia de manera póstuma, donde estuvo varias veces, de la mano de sus amigos Xiomara Palacio y Armando Morales (protagonista de una puesta estupenda de La República…), la última de ellas en una edición del Festival Nacional de Teatro de Camagüey.

Hombre grande. Tipo espectacular. Cocinero de primera. De andadura sin afeites porque distinguía con claridad lo esencial de la vida, en oposición a ir por ella acumulando cosas, la República titiritera vivirá desde ahora sin Roberto Espina, pero con él.