La RaĆ­z del Septeto Santiaguero

Cada vez que he podido ver al Septeto santiaguero siento lo mismo: es una suerte de disco vivo, un cúmulo de tiempo en jóvenes talentos, quienes desde Santiago de Cuba han logrado instalarse en la arena internacional. En 2015, luego de tres nominaciones, ganaron el Grammy Latino en la categoría de Mejor álbum latino tropical tradicional con No quiero llanto, un tributo al dúo Los compadres. En 2017 vuelven a ser nominados con la placa Raíz, de la Egrem.

Estos muchachos son esencia y presencia de lo cubano. Nueve placas discográficas han bastado para unirse a nombres de altura, ganar premios en casa y llegar, por si fuera poco, al corazón de jóvenes y añosos bailadores. Alden González, junto a Fernando Dewar, ha sido un artífice fundamental de este septeto donde no vale solo el talento, sino una inteligente estrategia de management. Con el periodista, esta vez productor y promotor, converso una tarde cubana en que sabemos que es posible el son de altura.
 

foto del Septeto Santiaguero
Septeto santiaguero (2017)
 

Sin Cubadisco, pero nominados al Grammy

Es la noticia de nominación más emocionante que hemos tenido. La primera lo fue, pero en los tres discos anteriores habíamos ganado el Cubadisco; sin embargo, en este 2017, por cambios en las formas de seleccionar categorías y nominados, no estuvimos en la categoría natural que nos corresponde, que es Música popular tradicional, por intereses no muy claros.

Eso nos hizo sentir mal y creemos que esta nominación hace justicia con nuestro disco, que responde a esa filosofía de defender la música popular tradicional. No se trata de que pensemos que teníamos que ganar el Cubadisco, el disco de William Borrego nos parece espectacular, un disco que no necesitaba que nos quitaran de la categoría para ganarlo; pero se ha hecho justicia y por esa razón nos sentimos muy emocionados. Este disco tiene algunos detalles en el sonido, innovaciones y llegamos a pensar que quizá no nos entendían, y al final no era eso. Nadie escuchó nuestro disco, como no escucharon discos muy buenos de este lado de acá, discos de la Egrem, y la nominación viene a confirmar que hicimos un buen trabajo.

¿El lado de acá?

Sí, de Oriente y específicamente de Santiago. La Egrem ha sido muy valiente, presentó muchos discos de música tradicional de Santiago y también se presentaron al Grammy Latino; igual se presentaron otros de La Habana muy buenos. El caso es que el Grammy Latino es más complicado porque compiten muchas producciones, como sabes soy miembro votante y tengo acceso a todos los fonogramas. Este año había un nivel cualitativo muy alto y siento que los cinco discos que han resultado nominados son de una factura grande.

Hacer carrera desde el Oriente cubano

Lo primero es desinhibirse, siento que en Santiago estamos esperando mucho por la acción del otro, y lo que hemos hecho es precisamente no esperar por nadie. Como dice el refrán: si Mahoma no va a la montaña... Entonces nosotros hemos avanzado, hemos trazado estrategias, hemos analizado el mercado internacional y nacional, y hemos actuado en consecuencia. Trabajamos sobre una planificación de management, esto tiene que ver también con un aprendizaje. He tratado de aplicar lo aprendido y siento que ponerlo en práctica ha funcionado. También hay factores sociales, la relación de La Habana y el Oriente es complicada.

Raíz, un disco diferente

La diferencia empieza por el staff. Este disco lo hemos coproducido con Geovanis Alcántara, a mi modo de ver, luego de Adalberto Álvarez, el mejor director de Son Catorce. Geovanis fue el productor del disco Un bolero para ti, premiado con un Grammy, y es de esos que entiende al vuelo lo que quieres, él tiene mucho peso en esta producción.

También cambiamos en el staff la ingeniería de sonido. Los discos anteriores los habíamos realizado con Máximo Espinosa, pero ahora trabajamos con Ismael Torres, quien responde cabalmente a la filosofía que queremos llevar a cabo: un sonido más cercano a lo natural y que refleje más la sala. Como ese es el medioambiente de Ismael, todo fluye, simplemente se trataba de dejarse llevar y ha salido. Luego la masterización de Ronnie Torres ha sido de lo mejor que nos ha pasado en la carrera discográfica y también en esta ocasión realizamos un trabajo de suma analógica, o sea, lo que grabamos digital lo volvimos a llevar a lo analógico y eso fue lo que entregamos a masterizar.

Ese trabajo lo hicimos en Madrid con José Mendoza, que es otro gran ingeniero, es el hombre que llevó la voz cantante en ingeniería de sonido en el disco Ámame como soy, de Nina Pastori, que ganó el Grammy Latino el año pasado. Por tanto, hemos creado un team estelarísimo en esta materia, desde la grabación hasta la masterización.

De Arsenio Rodríguez a Juan Formell


Grammy Latino 2015 al Mejor álbum latino tropical tradicional.
Foto: Cortesía del grupo
 

Si lo miras cronológicamente, en realidad vamos desde Pepe Sánchez hasta Formell, Silvio y Pablo... De hecho, nos hemos dado cuenta de que hay una serie de obras que son familiares a nuestra generación, pero los jóvenes de 20 o 25 años las desconocen, y eso forma parte del patrimonio. Estamos en una labor de volverle a traer a los jóvenes esas piezas. Ahora mismo hay un fenómeno interesante con “La Meneadera”, que la juventud acepta muchísimo y es una pieza compuesta en los años 50.

Featurings

Indiscutiblemente, las colaboraciones ayudan a insertarse en la industria; si quieres lograr una trascendencia a nivel de mercado, hay patrones que se deben respetar. Sin embargo, nosotros llegamos a las colaboraciones para cumplir sueños. El hecho de que Rubén Blades apareciera en un disco nuestro, así como Cheo Feliciano, Reinaldo Creach, Oscar de León, Andy Montañez y, en este disco, Nicholas Payton, uno de los jazzistas más relevantes de la actualidad, son sueños cumplidos y además tienen un fin utilitario, porque queremos hacer producciones atractivas. Hacer ese disco que piensas es lo más grande y terminas escuchándolo solo en casa, no es nuestra pretensión.

Si los Matamoros lograron que su música se escuchara de forma masiva, si Silvio logró que su música se consumiera, por qué nuestra música no se puede consumir así; pero eso no es hacer música y sentarte. Tienes que pensar y entender cómo funciona la industria. Lo primero fue cumplir un sueño, pero eso nos ha servido para llegar a un nivel superior.

Santiago de Cuba, la música popular, el tiempo...

Es un fenómeno que a la hora de analizar hay que verlo desde varias aristas, pero siento que la gente como que se ha cansado. Hay que seguir soñando y creando. Pienso que no es el momento más feliz, de hecho cuando trabajé en la Casa de la música, que tenía la posibilidad de ver todos los días lo que había, me sentía a gusto viendo a Son caliente, La ley, Suena Cubano, los Karachi; todavía estaba Son catorce con salud, Las Estrellas de la charanga de Palma, en fin, era diferente la cosa. Hoy en día no es el mejor momento; sin embargo, siento que podemos volver a crear con ese sentido santiaguero, oriental. Hay gente con talento, lo que pasa es que tienen que animarse.

Con nueve discos el Septeto Santiaguero ha logrado imponerse en el mercado de la música. Los premios, las reseñas de connotados diarios, los conciertos y el impacto en su público lo confirman. Alden González es, sin dudas, una suerte de ingenuo culpable, un santiaguero auténtico, amante del béisbol y conocedor de algunas herramientas que, junto a los músicos del Septeto Santiaguero, ha puesto en práctica para que se haga más fuerte la profunda raíz de la música de esta parte de la Isla. Otro Grammy podría confirmar cada palabra. Esperemos.