“La otra guerra” detrás de las cámaras

LCB: La otra guerra fue, sin duda, una serie que no solo superó las expectativas de muchos de sus actores, sino que mantuvo a buena parte del público cubano —exigente por naturaleza— al tanto de los guerrilleros que limpiaron el Escambray en la década del 60. Un acercamiento a la historia desde una dramaturgia televisiva que no dudó en mostrar —literalmente— la sangre que se derramó en las montañas espirituanas, los miedos de sus protagonistas ni lo doloroso que resultó ese episodio, sobre todo, para las familias de los involucrados.

En ello coinciden Yailín Coppola (Fila), Rayssel Cruz (Sergio) y Yennifer González (Rosaura), tres actores que desde diferentes posiciones dentro de la producción, contaron a La Jiribilla sus impresiones sobre la serie.

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foto de la actriz cubana Yailín Coppola
Yailín Coppola (Fila). Fotos Cortesía Alberto Luberta


Aunque de diferentes generaciones, Yailín, Yennifer y Raysel comparten una pasión: el teatro. A los tres los hallamos a la entrada de sus respectivos ensayos: la primera, en la compañía Argos Teatro, y los últimos —pareja en el amor—, en Mefisto Teatro. Solo Yennifer no había tenido contacto previo con la televisión, por lo que, comentó, LCB fue un trabajo especialmente riguroso. A ello se le unió que jamás había ido “al monte”; no sabía, nos dijo, “ni llamar a las gallinas”.

Ninguno de ellos conocía con profundidad lo que había sucedido en la lucha contra bandidos, ni siquiera Yailín y Raysel, cuyos abuelos participaron en la contienda. En su opinión, el éxito de la serie dependió, precisamente, de la forma en que se narraron los hechos. 

Yailín Coppola: “Creo que el éxito tuvo que ver con el centro de la serie, que es la acción, la lucha, la guerra en sí misma. No fue un discurso oficialista, sino que aborda lo humano; lo que caracterizaba a ese grupo de soldados que estaba luchando: gente joven, con hambre, sueño, indisciplinas… las cosas normales que le suceden a todo el mundo. Se mostró a esos hombres de carne y hueso”.

Yennifer González: “Pienso que en el impacto de LCB influyeron el guion —espectacular—, la fotografía, las actuaciones y la dirección de Luberta. Y también que, hasta cierto punto, la serie tuvo bastantes recursos; eso es algo que a veces queremos ignorar pero es necesario darse cuenta que para hacer una serie de esta magnitud se necesitan recursos”.

Rayssel Cruz: “Creo que fue determinante la mano de Luberta detrás de todo eso. Llevaba muchos meses estudiando la serie, se la sabía de memoria, tenía claros los planos, lo que quería. No se autocensuró, que a veces se hace, o sea, no tuvo miedo a incluir un “¡Coño!” o un “¡Carajo!”, o a dejar ver la sangre. La gente dice que la serie estuvo fuerte, pero la realidad supera la ficción. Lo que sucede es que no estamos acostumbrados a que cosas así salgan en la televisión y nos asustamos un poco como espectadores”.

¿Qué puntos en común tenían con sus personajes?

Yailín: “El campo no tiene absolutamente nada que ver conmigo, soy citadina 100%. No sé montar ni a caballo. Tampoco soy madre…

“En este personaje tuve experiencias que no tengo registradas, pero sí hay puntos en común como la fuerza visceral que tenía Fila. Es una mujer trabajadora y de principios. Me considero una persona con principios. Y no tengo hijos, pero soy muy maternal”.

Yennifer: “Cuando leí el personaje este podía ser más dócil, más tierno, y quise incorporarle esta parte mía de que no fuese excesivamente sumisa, como quizás se suponía que fueran las muchachas en aquel momento”.

Rayssel: “Yo soy un actor muy sensible, por eso intenté que Sergio no fuera “acartonado” porque se tiende a pensar que los militares dicen sí o no, nunca tal vez. Y eso también pueden decirlo, y pueden emocionarse y pueden llorar, porque son seres humanos. Creo que eso es lo que tiene de mí”.

foto del actor cubano Rayssel Cruz
Rayssel Cruz (Sergio)


¿Cómo fue la construcción de estos personajes y la experiencia con los demás actores de la serie?

Yailín: “El personaje me gustó desde un inicio porque tiene puntos en común con Mariana Grajales, que fue un patrón que seguí a la hora de montarlo. La situación se tomó de una familia que tuvo una experiencia similar con miembros comprometidos con la Revolución y alzados dentro de su núcleo. Fue una madre que tuvo sus hijos en esa situación y no por ello dejó de ser madre. Quería que la dejaran llorar por lo que estaba pasando, pero consciente de que si lleva una condena debían hacerlo.

“Estuvimos leyendo muchos testimonios de la época. El asesor nos ayudó mucho y Doime, que tuvo la oportunidad de entrevistarse con los protagonistas reales, comunicó su experiencia y comenzamos a armar los personajes.

“Afortunadamente, muchos de los actores jóvenes que trabajaron conmigo fueron mis alumnos. Amelia, que hace de mi hija; Francisco, el que se alza... Al principio estaban un poco nerviosos, yo también aunque traté de no reflejarlo porque era como poner a prueba si la maestra cumple con lo que pide en clases (sonríe).

“Doime y yo no habíamos trabajado juntos como actores pero sí teníamos un vínculo de la escuela que parte del respeto profundo que le tengo, porque considero que es un gran actor, un gran maestro. Además, es una excelente persona, humilde, entregada.

“Es cierto que en el teatro y la televisión el lenguaje es diferente, pero a la hora de crear el personaje es el mismo mecanismo. Tienes que saber qué quieres, cuál es tu blanco, a quién quieres transformar... y en ese aspecto he tenido una buena formación como estudiante y luego un trabajo estable en Argos Teatro con el mismo maestro que me formó (Carlos Celdrán) que me ha hecho tener un mecanismo muy sólido para trabajar”.

Rayssel: “Los personajes que había hecho con anterioridad no tenían mucha relación con los demás que participaban en la narración, y gracias a Sergio tuve que trabajar con casi todos los actores de la serie. Eso me dio mucha cobertura porque me ayudó mucho como actor, no es la misma dinámica la que tienes con alguien que conoces que con otro que no, o que respetas muchísimo.

“Tuvimos la posibilidad de encontrarnos con muchos militares retirados que estuvieron en la LCB, que nos hicieron anécdotas reales,  más allá de las que publicaron los periódicos, y esas vivencias fueron las que más nos ayudaron.

“Mi personaje fue construido a partir de dos combatientes reales. Como era militar, no quise estereotiparlo, sino ‘traerlo’ por la parte emocional, hacerlo sensible… y Luberta me dio esa posibilidad. De hecho, creo que uno de los logros que tuvo Sergio es que la gente no lo vio como un militar ‘cuadrado’, sino como un tipo sencillo, que podía alterarse y tener también un lado más frágil”.

foto de la actriz cubana Yeniffer González
Yeniffer González (Rosaura)


Yeniffer: Rosaura no se basó en una persona específica, sino que reflejó a muchas jóvenes que vivieron situaciones similares. Fue un poco complicado construirla por la época, no se tienen muchos referentes porque se ha hablado más de los hombres que de las mujeres. La escena en que Monguín muere, por ejemplo, pensamos hacerla de un modo distinto al que salió porque inicialmente creímos que la reacción de Rosaura debía ser más calmada, pero luego supimos que las ‘guajiras’ se ponían muy mal, nada contenido.

 “A ello se suma que físicamente no tenía esa imagen tostada por el sol y tuve que crearla. Y para completar, nunca he tenido siquiera familiares que visitar en el campo, no lo conocía y tuve que adaptarme en el rodaje.

“Interpretar a Rosaura fue mi primer trabajo importante en la televisión, y creo que no pudo haber forma mejor para entrar en ella que con un personaje de esta sensibilidad y de la mano de Luberta”.

Esta fue una serie centrada en los jóvenes que logró un impacto positivo. ¿A qué atribuyen que, muchas veces, ellos —o la población en general— no se interesen por temas históricos?

Yailín: “Te decía, pienso que tiene que ver con la forma en que se deciden contar las historias, ya sea desde el teatro, la televisión… centrarlas en lo que sucedió desde un punto de vista más humano, mostrando las virtudes y las debilidades de nuestros héroes, y también de nuestros personajes anónimos”.

Yeniffer: “Al inicio creí que este sería complicado que el tema le gustara a la gente porque cada vez que decía en lo que estaba trabajando me decían: ‘¡Ay, pero esa temática!’ De modo que ha sido espectacular que al público le gustase. Sin embargo, creo que hay mucho desconocimiento sobre esa parte de nuestra historia. Creo que es un tema, al igual que otros de nuestro devenir, que debe tocarse con más fuerza en los diferentes niveles de enseñanza para que no nos quedemos con un conocimiento superficial”.

Rayssel: “Y también tiene que ver con la forma en que se cuentan los hechos por los profesores. Los actores tenemos la máxima de que si tú te lo crees, el público se lo cree. En el caso de la enseñanza, si los profesores le ponen emoción, se queda más. Por eso los buenos profesores se recuerdan toda la vida, porque dieron los mismos contenidos, pero de una forma diferente”.