La Olimpiada de Teatro Tuyo

Confieso que mis recuerdos respecto a “payasos” en la infancia, solo provienen de aquellos emblemáticos personajes —Trompoloco, Filiberto, Chorizo y Choricito— del Circo en televisión, más los que pude ver en las funciones de las carpas Montalvo, Santos y Artigas, Yerandi y muchos otros que transitaban en cada período de zafra azucarera por Elia, mi pueblo natal. Nunca imaginé que algún día me viera tan comprometido —desde la institución y de manera personal— con un grupo de actores cuyo desempeño perteneciera a ese género, y que, en cada función o cada nueva puesta en escena, hicieran aflorar en mí el mayor respeto y devoción. 

Acompaño al Teatro Tuyo desde el mes de junio del año 2000. Puedo afirmar que de su quehacer artístico solo me perdí el momento del debut, el 15 de enero de 1999, en La Pérgola, de la calle Colón, en Las Tunas. Mi apego al colectivo me ha hecho conocedor de sus formas de crear, de su disciplina, de su entrega y empeño por colocar al clown en un lugar respetable, alejado de gags grotescos e impertinentes. Son esas perseverancias las que los han hecho, poco a poco, ocupar un espacio notorio en el panorama teatral del país. 

Desafortunadamente no pude estar presente en las sesiones de montaje de Juegos Olimpiclowns, su más reciente producción, por lo que en esta ocasión me siento como los neófitos espectadores que acuden a las funciones habituales del colectivo, desbordando la platea del teatro cada vez que anuncian un estreno. Para sorpresa mía, me encuentro con una puesta en escena que regresa a aquellos montajes, como la primera versión de Superbandaclown y Charivari, conformados por reprises que sustentan el juego espectacular.


Juegos Olimpiclowns. Foto: Cortesía del autor
 

“Lo esencial en la vida no es vencer, sino luchar bien”, reza la cita del francés Pierre de Coubertin, ideólogo de los Juegos Olímpicos modernos, que da fin a esta nueva propuesta escénica. Para llegar a ella, transitamos por varios momentos de diversión y reflexión, coordenadas a las que ya me tiene acostumbrado este colectivo, aunque Ernesto Parra y sus cómplices afirmen que se trata solo de un divertimento. 

Como en las verdaderas olimpiadas, luego del conteo regresivo, da inicio la ceremonia de inauguración, que incluye el desfile de la delegación clownesca y el intento fallido de la entrada de la antorcha olímpica para encender el pebetero, portada por el payaso Papote. Seguidamente, con muy pocos recursos, el escenario se trasforma en pista para la marcha deportiva de Yuyo, en campo para el lanzamiento del martillo por Belo, en velódromo para la competencia de ciclismo en que se enrola Arita, con Belo y Yuyo, que a su vez alternan con Karambola.

Luego la escena se trasforma en tabloncillo de baloncesto y en campo de futbol donde Maluli y Chopete despliegas sus “habilidades”; en tapiz para la gimnasia rítmica de Chocolina o en tatami para que Chela despliegue su demostración de Kárate–do. Finalmente, aparece la piscina de nado sincronizado, en la cual se sumergirán Yuyo, Belo y Chopete.

Juegos Olimpiclowns, al igual que Narices, Gris o Superbandaclown, nació con el súper objetivo de “solo divertir”. Una diversión que habla esta vez de esfuerzos, de los límites del ser humano, del juego sucio y limpio, la ética y la solidaridad (en la competencia y en la vida); junto a otros temas humanos que, en estos tiempos convulsos de desmedida comercialización, parecen cuestiones olvidadas y que Teatro Tuyo, en su empeño por borrar la risa vana, los hace presentes. Muestra singular de ello es el final del reprís ciclístico, con una enseñanza intensamente aplaudida por el público. 

En mi personalísima opinión, las escenas más logradas son las del nado sincronizado, el karate–do, el ciclismo, la marcha y la gimnasia. Las demás deben limar posibles acercamientos a momentos anteriores del ya amplio repertorio del grupo, además de que les recomiendo revisar el tiempo total de duración del espectáculo. Fuera de eso, reconozco que la mano directriz de Parra logra acentuar la singularidad de cada uno de los clowns. No hay excesos de color en los vestuarios, ni uso de pelucas y mucho menos desproporcionada presencia de maquillaje facial. Todo lo logrado parte de la investigación, la construcción actoral seria, esa que se apropia del interior para conseguir la máscara final. La natural policromía de los trajes deportivos ayuda mucho a la caracterización de cada uno de los deportes representados. 

Juegos Olimpiclowns nos recuerda, en definitiva, la capacidad del deporte para unir a los seres humanos, sobre todo cuando entendemos que, más importante que el triunfo, es el proceso y la participación.

Ayuda mucho en este sentido que poco antes del final de la representación. Con ayuda del audiovisual, se muestren imágenes de hombres y mujeres que, gracias a su talento, entrega y sacrificio se convirtieron en deportistas paradigmáticos para el mundo; solución escénica que cierra magistralmente esta competencia de Teatro Tuyo, donde acaban de ganar, sin duda, otra medalla de oro.