La nueva oda a Alegría
Foto: Vladimir Molina
 

Holguín a las puertas de la 23 edición de las Romerías de Mayo, dedicadas a los 30 años de la AHS y los 90 de Fidel.

Las fiestas populares son herencias del tiempo. Una llega a esta ciudad y alguien le hablará del fraile franciscano Alegría, el que convirtió aquella elevación holguinera —conocida todavía en el siglo XVIII como Cerro Bayado— en la Loma de la Cruz y, a partir de entonces, en un sitio para pedir por la buenaventura. Por otros y otras, sabremos que esas subidas y las historias de revelaciones, de cambios, de dicha, contadas como fruto de aquel peregrinaje, fundaron la tradición. Cada 3 de mayo comenzaron a celebrarse las Romerías a las que el paso de los años le añadió nuevos sentidos.

Cada vez con más fuerza, las tradiciones populares son reescritas. Por eso, una desembarca en este lugar del oriente cubano y si bien encuentra una frase como “porque no hay hoy sin ayer”, nota que quienes  la llevan en sus pechos o espaldas, en general jóvenes artistas, le han dado a las Romerías de Mayo significados más propios. Desde hace algún tiempo ha estado sucediendo. Recuerdo que tras varios de estos festejos, alguien ideaba la incorporación de otros géneros o la consolidación de algunos espacios. David Chapet, ideólogo junto a otros del Brutal Fest en Cuba, fue uno de ellos, y hoy las Rockmerías son un hecho. A lo largo de más de dos décadas, cuando fueron rescatadas por la Asociación Hermanos Saíz, estas fiestas se han configurado desde las necesidades y el espíritu que las va haciendo.


 

Holguín es una plaza esencial para el arte cubano. Aquí se realiza el Festival de Cine Pobre (Gibara); tiene lugar el Metal HG, para promover la música más extrema del patio y sobre todo del Oriente, entre otros encuentros. Sin embargo, las Romerías han construido sus rasgos. Primero, ya lo decía antes, se vive desde sus raíces un total movimiento. Segundo, la diversidad cultural es visible tanto en la amplitud de propuestas como en los sitios de partida e historias de viaje de cada quien. Pero, sobre todo, puede resultar un importante desplazamiento nacional y más allá del arte holguinero, como ocurrió aún en vísperas de esta edición.

Fue solo para dar la bienvenida a quienes íbamos aterrizando en la ciudad. En la biblioteca Alex Urquiola, dos violines y un violonchelo esperaban. Quienes se aseguraron un momento común de música clásica, quedaron en el aire. Tuvieron —tuvimos— que dejarnos conducir por la suavidad de algunos acordes y, de repente, por un remolino que ganaba altura, que parecía surgir de una mezcla entre la intensidad de una sinfonía y los niveles más extremos del metal, el rock o la electrónica. Al estilo de Apocalyptica, el grupo finlandés, Accordo mostraba su potencia, combinando la música clásica e instrumental con otras sonoridades.

“Accordo es un término italiano que significa acorde. Fusionamos la música clásica con corrientes más modernas, como la electrónica, que tienen más que ver con los intereses artísticos de nuestras edades”, explica luego a La Jiribilla Célida Vivian Borrego, directora del conjunto.

Egresadas del conservatorio de música de Holguín, las integrantes, pertenecientes a la AHS y al Consejo Provincial de las Artes Escénicas, añaden, además, el body art. “Lo hacemos a partir de la integración de un artista de la plástica”, dice Célida. Pinturas en acrílico amplían los mensajes que comparten en sus presentaciones.

“Queremos llegar a todo tipo de público. La música instrumental no es precisamente de los géneros más acogidos por la generalidad de la población. La salsa, la timba el reguetón, tienen mucha fuerza y, por lo general, el público joven no es seguidor de la música clásica e instrumental; por tanto, tratamos de rescatar toda esa maravilla que puede haber en ella, fusionándola con géneros que evidencien diversas inquietudes artísticas. Es por eso que traemos lo que hacen grupos tan reconocidos dentro del metal y el rock como Apocalyptica”; de hecho, el premio que obtuvieron en la categoría Música instrumental, del Festival Cuerda Viva, fue con una versión de Romance, tema de esta alineación. En esta ocasión relució Hey Jude, de Los Beatles, y otros covers clásicos y populares  pinchados desde la fuerza del dubstep y el trap de la electrónica, entre ellos, la conocida Oda a la alegría. Aun los entrenados en tales niveles —como los que conformaban el cinturón negro de la sala, integrantes de grupos de metal provenientes de Suiza y Australia— quedaron con los pelos de punta. 

La propuesta de Accordo sirve de metáfora a estos festejos. “Como festival mundial de juventudes artísticas, lo genial es esa convergencia de diversos estilos, diversos géneros, diversos países y costumbres mostradas desde el arte. El espíritu más maravilloso que tienen las fiestas es poder disfrutar de todas estas manifestaciones”, concluye Célida.

Como ya es habitual, un concierto justo a las 12 de la noche se convirtió en la última antesala. Esta vez estuvo a cargo de Adrián Berazaín y su grupo. En el Bosque de los Héroes, el muchacho de la armónica volvió a lanzar las armas, cada vez menos secretas, que envuelven sus canciones. El público coreó sin pausas el repertorio. Se enamora, Sentimiento con instinto, El club de los corazones rotos, y Por encima de lo conocido, con la que aprovechó para dedicar su presentación a la AHS en su 30 aniversario, fueron algunas de las incluidas.

Precisamente estas Romerías hacen homenaje a ese cumpleaños. Los jóvenes también eligieron homenajear los 90 años de Fidel Castro, lo cual motivó, en esta primerísima jornada, un encuentro internacional de solidaridad con Cuba y otras acciones que son parte de un programa plural, a inaugurarse este martes y que se extenderá hasta el 8 de mayo.