La musa y su canción

Un teatro apto solo para hombres es el escenario central del mejor musical de la historia del cine en Cuba. Las tablas del mítico Alhambra ocuparon un espacio físico y espiritual privilegiado en la vida nocturna de la capital durante las primeras décadas del siglo XX. El público exclusivamente masculino no sólo asistía ávido de entretenimiento, sino también deseoso de deleitar sus emociones carnales y perturbadoras ante los espectáculos protagonizados por sus divas y coristas.

Una centuria después, el cineasta Enrique Pineda Barnet nos descubre a Rachel/Beatriz como la talentosa vedette de aquel teatro, impregnada para la posteridad en la retina del espectador y en la historia de la filmografía nacional.

A su vez, el realizador Carlos Barba nos recuerda que La bella del Alhambra siempre estuvo allí: en la nostalgia vernácula, en el timbre del Gallego, en la picaresca de Mancuntíbiri. Su documental, Canción para Rachel, estrenado en el 2007 y dedicado al filme de Pineda Barnet, devela a la mujer-personaje Beatriz Valdés luego de 18 años.

¿Qué más da el tiempo transcurrido o las distancias geográficas que separan a muchos miembros de aquel staff? Ni estos ni otros obstáculos amilanaron al joven documentalista. Bien lo sabe Pineda Barnet, quien padeció dificultades de otra índole cuando tuvo que vadear los escollos productivos para emprender el rodaje de La bella...

Carlos Barba Salva se graduó de Letras por la Universidad de Oriente. Siendo aún estudiante se inclinó por la investigación del audiovisual en la Isla, luego por dirigirlos él mismo. Su tesis de licenciatura versó sobre la cinta El siglo de las luces, de Humberto Solás.

Fue el documental el género escogido para incursionar en el llamado séptimo arte: Gibara, ciudad abiertaLa otra SofíaEl hombre del sigloMujer que espera, Memorias de Lucía y Humberto —este último dedicado al cineasta, quien se convirtiera en su maestro y amigo— figuran en su obra documentalística.

Actualmente se halla enfrascado en la terminación de su ópera prima de ficción, 25 horas, un cortometraje protagonizado por Isabel Santos, donde Enrique Pineda Barnet participa como actor. Igualmente, junto al Premio Nacional de Cine 2006, coescribió el guion de La Virgen de la Caridad, concursante en esta categoría en la última edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (FINCL).

En el presente Barba reside en México, por estos días rememora cómo concibió este material; lo recuerda desde la doble lejanía —pasados siete años desde la premiere de Canción para Rachel—.

“Yo estaba en 6to grado de primaria cuando se estrenó en Cuba La bella del Alhambra. Mi abuela tenía una prima taquillera en el cine América Latina de la ciudad de Guantánamo. Mis padres, que habían estado en la proyección con amigos, fueron muy cuidadosos en respetar el por aquel entonces famoso enunciado: “Apta para mayores de 16 años”, y no me llevaron.

“Mi audaz abuela, —que aún recuerda el suceso—, en complicidad con su prima, me entró, después de sortear no pocos obstáculos. Al llegar a la sala oscura, la película había comenzado y ya Rachel había lanzado al suelo la naranja que comía y donde se sobreimpone el título del filme.

“Al terminar, prendieron las luces por cinco minutos y nos quedamos sentados esperando la siguiente tanda, —yo escurridizo, en la luneta, para que no me descubriera la `mujer de la linterna´, las amables, (a veces no tanto) acomodadoras de salas—, dispuestos a empatar el inicio de la cinta que habíamos perdido.

La bella… fue la confirmación de alguna manera, de que el cine cubano —que ya en mi primera juventud admiraba— se completaba cual ángulo de 360º, al mostrarme un cine musical, artístico, teatral.

“Si años anteriores disfruté de Lucía, realizada por quien se convertiría después en mi maestro y amigo, Humberto Solás; o Clandestinos, de Fernando Pérez, que me reveló a una actriz que años después fue una persona importantísima en mi sueño de devenir cineasta: la protagonista Isabel Santos; La bella del Alhambra, como el destino que se cumple y te dice que nada pasa por gusto, me acercó tempranamente a otro maestro indiscutible, hoy hermano y colaborador, Enrique Pineda Barnet. Una época para mí fundamental, de formación de un ideario, que al principio no entendía del todo, pero la semilla estaba ahí.

“Luego, la película aparecía ante mí, una y otra vez, transformada en calendarios, en notas de prensa, spots y entrevistas de televisión; hasta en el reverso de cubierta de la revista Pionero abarcaba toda la página con una espectacular Beatriz Valdés en el momento justo cuando cantaba «El lunar»”.

“Muchos años después, luego de realizar algunos documentales sobre filmes cubanos y haber trabajado como asistente de dirección en otros, Luciano Castillo, —en aquel entonces Director de la Mediateca de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), actualmente director de la Cinemateca de Cuba—, me propone un documental acerca de La bella… —y sobre otras películas también— con el fin de que formaran parte de la colección “Cinemateca de Cuba, grandes joyas del Cine Cubano”, una coproducción entre la empresa española Impulso Récords y el ICAIC. Este proyecto compilaría en DVD algunas de las principales cintas de los años 80, con documentales correspondientes como información complementaria.

“Así nació la idea del documental Canción para Rachel, que luego tuvo vida propia, tomó su camino, visitó festivales, y también formó parte del DVD oficial que el ICAIC produjo con motivo del 20 aniversario del filme, un acontecimiento cultural en 2009 desarrollado en dos jornadas, estrenándose en el cine Chaplin, junto a la reposición de La bella… remasterizada”.

De la vedette Rachel a la estrella Beatriz

“Las cosas pasan cuando tienen que pasar. Una película que forma parte de la memoria colectiva, su banda sonora, sus imágenes, me tocó en suerte documentarla, revisarla, casi con lupa. Por ello me propuse realizar una obra desde la perspectiva del público: ¿Qué le gustaría saber a la gente? ¿Cuáles fueron los mitos, las preguntas en la calle? ¿Qué admiraban las personas? ¿Cuánto se esforzó Beatriz Valdés para lograr un resultado tan genial en su personaje?

“Una de las cosas que más sorprende del documental fueron los obstáculos que Enrique y su maravilloso staff tuvieron que sortear para llevar a feliz término la obra. Fue un descubrimiento, algo que no se entiende, las zancadillas y sinsabores que lamentablemente por elementos extra-artísticos, como nube negra, se posaron sobre algunas de nuestras obras de arte más representativas.

“Creo que el nombre del documental llegó así: como el texto de Miguel Barnet, que la inspira, se titula Canción de Rachel, luego renace en imágenes con La bella del Alhambra y finalmente, su documental relacionado es también como una canción, pero esta vez no `de´, sino `para Rachel´, en un aplauso a su esfuerzo, a ese personaje que es la cara de la película.

Rachel es La bella…, pero también es Enrique Pineda Barnet, es el fotógrafo Raúl Rodríguez, es el director de producción Humberto Hernández, es la música de Mario y Gonzalo Romeu, la coreografía de Gustavo Herrera, la dirección de arte y diseño de vestuario de Derubín Jácome y Diana Fernández, es todos esos actores, especialistas y técnicos, que conformaron el universo del Alhambra”.

Una Beatriz con acento venezolano aparece en Canción… más distante que los 18 años que separan al largometraje de ficción del documental, sin embargo, la intérprete comienza a narrar sus experiencias y a ratos aparece Rachel, y hasta Amalia Sorg.

¡Bravo! ¡Justicia! Gritaba el público en la gala de clausura del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano del año 1989, cuando dieron a conocer los filmes ganadores. La película no obtuvo los corales más codiciados. Beatriz Valdés no se alzó con el premio en la categoría de mejor actriz, ni Pineda Barnet como mejor director.

‘Todos ustedes son mis corales′, expresó esa noche la ya para entonces popular protagonista, en emotivo gesto de agradecimiento. Meses más tarde, a inicios de 1990, en un amago de justicia, La bella… recibió el premio Goya a la mejor película extranjera de habla hispana.

“Mucha gente cuando se exhibió me habló impresionada por el momento del no-Coral a Beatriz, ni a la película, también con el «trofeo del pueblo» que el director encontró en las escaleras de su casa, y finalmente el Premio Goya recibido, que acentuó el sabor a injusticia del que muchos hablaron en su momento, me refiero a que el jurado de ese año en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana no valoró la cinta en su justa medida, y fue cuando el público en la clausura gritó que el premio Coral de Mejor Actuación femenina lo merecía Beatriz Valdés”.

“Sigue siendo el mejor musical del Cine Cubano”

“Algo que quiero destacar es el trabajo de archivo que contiene, y se lo debo a la meticulosidad de Enriquito, que guardó todo, es un ejemplo de respeto a la propia obra, y pude articular el cuerpo del documental gracias a mucho de lo que él y solo él conservó, y también al valioso material que me facilitó Luciano Castillo.

“Hay elementos que quedaron fuera, obviamente, y otros se completan con entrevistas al director, a Beatriz, a los actores y staff. Aquí tuve la suerte de que Enrique fuera el hilo conductor; las ausencias estuvieron cubiertas con mucha dignidad, gracias a su memoria y detalle.

“Aunque el documental es de largometraje y en principio se pensó como objeto de estudio, bonus track, etc..., tampoco quería que se convirtiera en una obra demasiado extensa, aunque tela había por dónde cortar.

Algo de definitivo y bello nos debe estar diciendo 25 años después La bella del Alhambra, que hace que la gente vuelva a ella una y otra vez.

“Un documental es contar la vida, pero no es la vida, todo no cabe. Años después me enteré de cosas, en alguna fiesta o reunión, con amigos involucrados, y pensé que me hubiese gustado incluirlas, como por ejemplo, la historia de Omara Portuondo, que dio voz al personaje La Mexicana, interpretado por Isabel Moreno.

“Lo interesante de una obra puede estar en que tampoco te lo cuente todo, para que opere en el espectador la idea de seguir buscando sobre esta película. No por gusto el público siempre dice que es de las que no se cansa de ver, por algo será.

Algo de definitivo y bello nos debe estar diciendo 25 años después La bella del Alhambra, que hace que la gente vuelva a ella una y otra vez.

“Yo preparé toda la producción desde Cuba, sin salir del país, y muchos de los implicados en la película viven fuera de la Isla. Filmé en La Habana con el director y guionista Enrique Pineda Barnet, el director de fotografía Raúl Rodríguez, los actores Verónica Lynn y Jorge Martínez; a la protagonista Beatriz Valdés, en Caracas; al músico Gonzalo Romeu, en México D.F.; la actriz Isabel Moreno y el editor Jorge (Tuti) Abello, en Miami. Les escribí y pedí que se filmaran.

“Les envié las preguntas elaboradas con intenciones específicas y con la idea que tenía a partir de lo rodado en La Habana. Ellos fueron extremadamente sensibles a la idea, y buscaron en sus lugares de residencia un pequeño staff. Me enviaron sus autoentrevistas cual emotivas vídeo-cartas, que finalmente reuní, reedité y elaboré para dar coherencia a las imágenes de diversas procedencias que conformarían el documental. Todo esto por supuesto entró en el documental de una manera orgánica, y contrasta con el éxito rotundo que recibió el largometraje desde su premier”.

“También debo reconocer, que me hubiese gustado tener muchos más colaboradores, actores, especialistas, pero por las características del proyecto, además de ser un trabajo independiente, no pudo ser. Tenía un tiempo determinado para enviarse a España, hice junto a Ramón Ramos un montaje casi en tiempo récord, entre otras particularidades.

“Muchos de los elementos que quedaron fuera los complementamos en una selección de textos que Enrique Pineda Barnet y yo reunimos con el título 20 Aniversario de La bella del Alhambra, bajo el sello Ediciones ICAIC. Un texto que valdría la pena tuviese una reimpresión en este aniversario 25.

“Creo que este documental es una muestra de que las obras por encargo llegan a uno y hace que te entusiasmes. Estoy muy agradecido a Luciano Castillo por pensar en mí para realizarlo, y por tener en cuenta que me interesa esa línea de rescate de la historia del cine cubano. El documental, más allá del proyecto original para el que fue concebido, tiene su vida propia y ha caminado, aún lo hace. Recientemente se exhibió en el cine Chaplin, celebrando este nuevo aniversario.

“La bella del Alhambra es un clásico del cine iberoamericano. Es una película que siempre dialoga con el espectador. Curiosamente, su historia anclada en la década del 20 del siglo pasado arroja luces sobre el presente de la nación, ofreciéndonos pequeñas y contundentes señales; además de encerrar lo mejor de nuestras tradiciones, nuestra idiosincrasia.

Yo creo que en el futuro sí pueden venir filmes musicales de igual calidad, ¿por qué no?, aunque no se trata de pedirle constantemente nuevos clásicos a nuestra cinematografía. 

“No por gusto sigue siendo el mejor musical del cine cubano; cuando crítica y público se ponen de acuerdo, es un hecho contundente y la trascendencia está garantizada. Yo creo que en el futuro sí pueden venir filmes musicales de igual calidad, ¿por qué no?, aunque no se trata de pedirle constantemente nuevos clásicos a nuestra cinematografía. Los buenos filmes un buen día aparecen, lo que no se puede es parar de hacer, de crear. Eso sí, La bella… siempre será un referente obligado, cuando llegue al aniversario 60, será como una gran savia dónde siempre encontraremos respuestas.