La magia brotó de unas ruinas

Una de las instituciones homenajeadas en esta decimosexta edición es la Universidad de las Artes, y a ella estuvo dedicada el Fórum ISA 40 años en la mañana del martes, que amaneció insólitamente soleada, a contrapelo de todos las predicciones meteorológicas.

El Fórum fue la primera celebración oficial en este año de festejos del Instituto Superior del Arte (ISA), y reunió a varias generaciones que hoy forman parte de su claustro docente: el crítico y profesor Omar Valiño, el historiador y también crítico Osvaldo Cano, las profesoras y críticas Yudd Favier e Isabel C. López, y el director y profesor Carlos Celdrán.


 

Osvaldo Cano es el primer decano de la facultad de Arte Teatral graduado de teatrología. En su intervención rememoró los inicios de su trayecto desde su ingreso al ISA. “Yo entré al ISA en 1977, y el edificio que hoy es la facultad se conocía como las ruinas de arte teatral. Allí se fundó la facultad en 1976 con el nombre de Artes Escénicas y con solo dos perfiles, por lo que es una de las tres fundacionales junto a la de Artes Plásticas y Música”. Hoy se estudian cuatro perfiles: teatrología, dramaturgia, actuación y diseño escénico, además de la maestría en dirección escénica que recién inauguramos y era un reclamo importante.

“Muchos de los grupos que protagonizan el Festival hoy y otros tantos en el país son hijos en buena medida del ISA, una universidad que queremos abrir al mundo y a la labor de otros profesores, razón por la que hemos creado cátedras como la de Freddy Artiles y aplaudimos eventos como Traspasos”.

Celdrán hizo un recorrido de su ruta por el ISA hasta su labor actual como profesor, donde imparte un módulo de la maestría mencionada. Recordó el impactó que le causó ver a Flora Lauten actuando en el Hubert de Blanck, y cómo ese hecho fue decisivo para entregarse al teatro e ingresar al ISA, cuando él inicialmente quería ser filólogo.


 

“Flora impartía un taller de actuación para todos los teatrólogos que quisieran entrar. Su método de creación colectiva, que fue combatido y atacado porque era novedoso y hasta ese momento se enseñaba el método stanisvlaskiano. Ver a Flora dirigir en escena me sedujo: la sensibilidad de perseguir el detalle, de construir la imagen de darle una indicación al actor, el modo en que ella los enamoraba, de repente algo invisible, se hacía visible.

“Sus clases eran a puerta abiertas, algo rarísimo porque las clases de actuación son a puerta cerrada, pero eso formaba parte de su espíritu transformador. Helmo Hernández, director de la fundación Ludwig, fue otra influencia decisiva y un golpe intelectual. Con él analizamos desde los tiempos verbales hasta teoría, obras de teatro, poemas.

“A Vicente Revuelta, quien estaba excluido del claustro por los rezagos de la parametración que todavía pesaban sobre él, nosotros lo fuimos a buscar. Vicente fui muy violento para mí, le interesaba el crecimiento humano de la persona, liberarte de bloqueos, miedos, tensiones, ser libre con tu cuerpo, con las sensaciones.

“El otro encuentro fue con Raquel Carrió en el taller de dramaturgia. Con ella intentamos ser dramaturgos, escribir mas que aprender dirección: narrar, encontrar síntesis, tener la sensibilidad profunda para organizar al actor. Me sometí fuertemente a sus órdenes, a sus criterios y estuve tres años inmerso en la dramaturgia fuertemente. A los tres años de graduarme me llamaron para dar clases a los actores de teatro”.

El director de la revista Tablas Alarcos, Omar Valiño, al frente también del Seminario de Crítica, se encontraba entre los más veteranos del encuentro.

“En este evento hay cerca de 20 estudiantes de la facultad y eso es un conocimiento sumamente importante por la convivencia y el contacto social, no se trata solo de que el estudiante acuda a la academias sino que vea en la carrera la oportunidad de tener un conocimiento orientado, que le ofrecen un espacio permeado de interacción”.

La profesora e investigadora Yudd Favier contó sobre las cruzadas que libró en torno al teatro para niños, asignatura que imparte en el ISA desde hace 12 años. “Estuve tres años batallando para que mi asignatura descendiera de 4to a 3er año, no porque piense que mi asignatura, a la que amo y venero, sea menor o preterida, pero sé que tengo 17 rostros en un aula mirándome con actitud peyorativa, además de que a esas alturas los dramaturgos, teatrólogos y diseñadores escénicos ya tienen definido sus temas de investigación.

“Trato de no perder los modelos de disciplina, seriedad y constancia que me enseñó mi maestro Freddy Artiles, quien me impartió esta asignatura. Aunque parezca algo elemental, nunca dejo de prepararme, e intento siempre motivar a un grupo ante algo que ahora mismo no les interesa. No espero que adoren a los títeres como yo, pero sí les voy a ofrecer un conocimiento que sé que no tienen”.

Para hablar de las jóvenes generaciones hay que volver a los inicios, afirma Isabel C. López. “Uno se imagina el momento de ebullición creativa de los años 80, y tal vez siente nostalgia por ese tiempo que pasó. Recordar la experiencia de la fundación de Teatro de la Villa, ese tipo de vinculación entre lo pedagógico y lo artístico, que no se trata solo de cumplir un plan A, B, C o D. El ISA es una escuela de arte y allí debemos enseñar a hacer teatro.

“Si revisamos el libro de los novísimos dramaturgos esa es una zona del teatro cubano que surgió dentro del ISA en el que participaron estudiantes de diversos perfiles. Un proyecto como Traspasos tiene la noción también de integración y convida a los egresados del ISA a volver a ella.

“Las puestas que hizo Mario Guerra con estudiantes del ISA, o las que montó Armando Suárez del Villar donde intervenían artistas plásticos, músicos y bailarines; otra experiencia es la de Alexis Díaz de Villegas como la que veremos aquí, y años antes cuando hizo La otra orilla; todos fueron procesos paralelos a las clases; pero los estudiantes tienen que involucrarse en estos procesos fuera del horario académico o de lo contrario faltar a los turnos.

“Como profesora me hallo muchas veces en la disyuntiva de excusarlos si se ausentan a los turnos porque tienen un proyecto o regañarlos. ¿Cómo les voy a decir: “no vayas a trabajar en tal montaje”?, cuando mi rol es enseñarte a hacer teatro. Yo misma aprendí muchísimo asistiendo a los eventos, colaborando con Tablas, el Perro Huevero, Entretelones, lo cual es una práctica habitual de los estudiantes, e igualmente me involucré con un grupo como asistente de dirección. Eso es un problema que tenemos en el centro hoy”.

Al concluir el foro la programación reservó para este día varias presentaciones dirigidas especialmente al público infantil. Cuentos a caballo, del grupo villaclareño Los pintores, tuvo su última función en esta edición en el teatro La Andariega. El espacio sede del grupo homónimo los acogió so pena del agobiante calor de la sala, por lo que los actores realizaron un esfuerzo doble sudando copiosamente. La pieza que trajo este grupo de títeres fue Cuentos a caballo, inspirado en El caballito de los siete colores, de Samuel Feijoo; y El dueño de los caballitos, de Luis Rafael Hernández.

La tarde continuó para los niños y familia en general con El irrepresentable paseo de Buster Keaton, Teatro Las Estaciones, de Matanzas; y Como la noche y el día, de Alas Teatro, Pinar del Río.

Al anochecer se presentó Perla Marina, de Teatro El Público, La Habana, dirigida por el actor Osvaldo Doimeadiós, y con esta función el grupo se despide del Festival. La obra constituye el proyecto de graduación de estudiantes del último año de la Escuela Nacional de Arte.