La Habana en un libro referencial

Creía conocer La Habana hasta que llegó a mis manos el libro de Rolando Julio Rensoli, que presenta en esta Feria Internacional del Libro la Editorial Extramuros. Se nos dice que es la segunda edición actualizada y notablemente aumentada de una primera que vio la luz en 2008. La Habana, ciudad azul, metrópolis cubana es un libro que puede crecer hasta el infinito. En su estado, de momento, me obligó a mirarme en el espejo de una urbe en la que realicé mis estudios preuniversitarios y de educación superior y en la cual vivo y trabajo desde hace 38 años.

Si pongo mi experiencia vital por delante no es por esa vanidad que aflora en ciertos reseñadores de manera que se convierten ellos mismos en protagonistas de la presentación. Al contrario, quiero confesar algo que quizá compartan otros lectores de la obra: mi ignorancia sobre múltiples aspectos de nuestra ciudad.

En efecto, no basta dar vueltas a la ceiba de El Templete —por cierto, ahora mismo inexistente— ni acompañar al venerable y volcánico don Eusebio en su ciclópea obra restauradora de edificios y almas, ni pasear por el Malecón con la mar en calma, ni viajar desde La Lisa a Alamar y viceversa en ómnibus atestados y rugientes, ni quejarse de la desidia de los servicios comunales, ni desandar las noches Rampa arriba y Rampa abajo, ni atribularse con derrumbes y apuntalamientos, ni sufrir u odiar a Industriales, para creernos más habaneros que nadie.

Rensoli nos sitúa en una realidad profunda, desde una perspectiva rigurosa pero con humildad. Reconoce los antecedentes y valiosos aportes de historiadores, arquitectos, urbanistas, economistas, demógrafos, antropólogos, testimoniantes y cronistas, incluso de los no siempre considerados activistas que en su momento dieron vida a las monografías históricas de los municipios capitalinos.

En estas páginas el autor se impregna de la poética vindicativa de la oratoria de Leal, felizmente plasmada en libros como La Habana, ciudad antigua y Nuestra Habana: ayer y hoy; de la acuciosidad de la para mí paradigmática La Habana, biografía de una provincia, de Julio Le Riverend; y de la agudeza descriptiva y analítica de Carlos Venegas en La urbanización de las murallas; dependencia y modernidad, y al mismo tiempo concede prioridad a fuentes originales en archivos y hemerotecas.

Sin embargo este no es el resultado de una investigación de gabinete. Sin las vivencias del autor, su confrontación cotidiana con la trama urbana que rastrea y expone, su cultivada curiosidad y capacidad intelectual para observar, procesar, decantar y extraer conclusiones, La Habana, ciudad azul… no pasaría de ser una obra útil en el orden referencial, lo cual es bastante. En realidad estamos ante un texto de múltiples resonancias, incitador e incluso, en determinadas apreciaciones, polémico, entendida esta última condición por la revelación de evidencias que echan por tierra más de un mito.

La lectura sucesiva de los capítulos del libro nos lleva a la comprensión de la complejidad urbanística y espacial de la ciudad, a sus plazos y predios de fundación, a su capitalidad, al proceso de metropolización, a su regionalidad histórica y actual, a la incidencia de las divisiones político-administrativas y más adelante, a sus signos identitarios, entre los cuales destaco la fortaleza ética y cultural de sus barrios, la entrega épica de sus hijos y la irradiante resistencia de sus habitantes.

Se nos revela entonces una Habana policéntrica, ecléctica, desafiante, diversa, pero a la vez tangible tanto en sus dimensiones físicas como espirituales. Y también un posible camino para la integración interdisciplinaria que exigen los estudios de Historia Regional, especialidad todavía en ciernes entre nosotros, aunque haya dado a estas alturas algunos sustanciosos frutos. Por no ser menos, Rensoli dedica un capítulo a la comparación entre los procesos históricos, urbanísticos y culturales de La Habana y Santiago de Cuba, especie de punta de iceberg para estudios posteriores.

Al principio de esta nota observé que La Habana, ciudad azul… no deja de ser obra abierta, lo que llamamos un permanente work in progress. Se me ocurre, por ejemplo, que su reflejo en las artes visuales y en la ficción literaria es una tarea pendiente, como también un registro más completo en las referencias musicales.

Rensoli, estoy seguro, hará crecer esta historia de la ciudad de Aponte y Varela, de Mendive y Luz Caballero, de los Estudiantes de Medicina fusilados por ser cubanos y de los negros abakuás que trataron de rescatarlos, de Baliño y Mella, de Rubén y Roa, de El Curita y Fontán. La ciudad donde se respira el drama de Cecilia Valdés y las insurrectas rumbas de Tío Tom. La ciudad donde nació Martí y donde ha librado batallas el invicto Fidel.