La Feria del Libro en Santa Clara (I)

Quizás hallé en Santa Clara algunas respuestas para con las insatisfacciones que me ha dejado la Feria del Libro en los últimos años, sea en La Habana o en cualquier otro lugar del país.

La recién concluida edición del evento allí destaca, en primer lugar, por su acento propio. Cierto es que se desarrolla bajo el denominador, común para todos los sitios, de: 26 Feria Internacional del Libro. Y que, al igual que todas en 2017, le estuvo dedicada a Armando Hart y dirigió miradas a Canadá como país invitado de honor. La obligatoriedad de pertenecer a un evento macro, concebido como único para toda Cuba, le deja solo carácter de estación.

Creo, por un lado, que aprovecha esos dictados sin caer en la esterilidad de, simplemente, repetirlos como eslóganes. Y, por otro, impone la “microhistoria”de las ferias villaclareñas como un saber hacer. Estas se remontan a mucho antes de que la Feria se amplificara a inicios de los 2000, periodo sin duda beneficioso, pero modelo ya agotado, sea por su declive natural, sea porque se le fueron sustrayendo recursos y prioridades.

La Feria en Santa Clara se benefició de la salida de títulos que la poligrafía no entregó a tiempo para que estuvieran en los anaqueles de La Habana. Sin embargo, no se trata solo de libros y cantidades de ejemplares. Se trata de una concepción que prioriza y articula presentaciones y foros como fructíferos encuentros entre libros, lectores, escritores y especialistas de diversas ramas del saber. 

Y ya veremos cómo.