La danza se llama Alicia

El nombre de Alicia Alonso estará eternamente asociado a grandes hechos de la definición de la cultura cubana y del legado particular que dejó una etapa de crecimiento del ballet internacional.
 


 

Unos podrán estar a favor y otros en contra de algún momento de su carrera, pero nadie puede cuestionar su talento, estilo personal, su forma de asumir el escenario en cada rol del extenso repertorio que fue poniendo a sus espaldas. Cada título lo hizo especial; sin embargo, hay personajes que tendrán su nombre como referente para siempre en la historia de la danza. Giselle y Carmen llevan la marca personal de Alicia Alonso, fueron obras que la apuntaron a lo alto de una constelación de estrellas en el ballet internacional.

Por muchos años, Alicia Alonso ha sido guía e inspiración para generaciones de bailarines en todo el mundo. Para esta Isla, ha sido el primer nombre que abrió las puertas de un país a cientos de intérpretes, interesados en conocer de cerca la escuela cubana de ballet, una forma diferente de asumir la escena desde los mismos presupuestos del baile de puntas.

Bailarina, coreógrafa, maestra, Alicia se quedó en Cuba y arraigó los cimientos del ballet en un país donde se hablaba de rumba, son y guaguancó; un país al cual muchos se acercaban por el exotismo de sus mulatas, el ron y un sol permanente en el horizonte de sus playas.

Alicia Alonso hoy es más que la bailarina que salió de las filas del Theatre Ballet de Nueva York para sustituir a otra Alicia (Markova), y colocar su nombre junto al de tantos y tantos intérpretes en la gran nómina del ballet mundial. Con su trabajo permanente, con su insistencia en desarrollar el ballet de este país, Alicia Alonso es otra manera de llamar la danza en Cuba.