La Cruzada… a la conquista de los espectadores

El 28 de enero de 1991 yo tenía siete años; estaba en segundo grado aprendiendo a conjugar vocales y consonantes, mientras un grupo de osados actores guantanameros salía por primera vez a llevar el arte de las tablas a las zonas más montañosas del territorio.

No imaginaba yo en ese entonces, quizás por mi ingenuidad, ni ellos por la modestia que siempre los ha caracterizado, que esa travesía llegaría a convertirse en uno de los sucesos culturales más importantes de Guantánamo, e incluso del país; y que a partir de ese momento, año tras año, niños y adultos esperarían a la Cruzada Teatral Guantánamo-Baracoa para compartir con los títeres, actores, críticos y juglares cubanos y extranjeros, dispuestos a abandonar sus comodidades para convertir las zonas por donde pasan en mejores lugares, la gente que conocen en mejores personas.

A 26 años de esa primera experiencia, converso con el actor Emilio Vizcaíno, actual director de la Cruzada… 
 


Foto: Sonia Almaguer

 

¿Cómo resultó aquella experiencia inicial?

Pienso que fue una respuesta al estatismo y a las limitaciones que en todo orden se producirían; fue una actitud valiente, atrevida y cargada de una suerte de aventura sin ataduras. Se dormía donde sorprendiera la noche, al lado de un río o en la guardarraya de un cañaveral, sin contacto con autoridades gubernamentales o culturales; se tuvo plena autonomía en el primer andar.

Pienso que el carácter exploratorio marcó ese recorrido inicial. El diagnóstico en el terreno, el cultivo de amistades que harían sostenible la logística, el intercambio con el público y el repertorio escogido —fundamentalmente teatro cubano—, posibilitaron verificar la necesidad del proyecto y su verosimilitud.

¿Cuánto ha crecido la Cruzada hasta entonces?

La Cruzada es todo un movimiento cultural y artístico que realiza su itinerario sin necesidad de cómodas condiciones, solo las indispensables para vivir en campaña. Crece en cuanto a la incorporación de otras manifestaciones artísticas que enriquecen la programación, y a la creciente demanda de participación de grupos de otras provincias cubanas y del ámbito internacional, que se identifican con los objetivos socioculturales del evento.

Con el paso de los años, La Cruzada ha tenido la posibilidad de replantearse y rediseñarse en muchas ocasiones. Todo esto le ha permitido crecer en debates críticos, en aspectos logísticos, de factibilidad, y sobre todo en el repertorio: su calidad estética, formatos, estructura dramatúrgica.

Esto se constata en las respuestas del público, en su comportamiento ante el hecho teatral y su capacidad apreciativa, pues ya nos empiezan a exigir. La mayor satisfacción es tener actores y actrices entre nosotros, que un día fueron niños y que desarrollaron el interés por el teatro viéndonos trabajar para ellos. La mayoría de los jóvenes instructores de teatro de hoy día se formaron bajo la tutela de nosotros y nos reciben con sus grupos de creación.

A esto se suma la alegría que ofrece compartir la experiencia con agrupaciones de otras latitudes, lo que hace del recorrido toda una aventura, matizada por la variedad de las propuestas y las estéticas, que van desde el teatro de títeres hasta una verdadera función de clowns, en los escenarios naturales con que contamos.

¿Cómo se organiza el evento, antes, durante y después?

La Cruzada tiene un Comité organizador, integrado por las principales autoridades de la cultura, el Consejo Provincial de las Artes Escénicas, la AHS, la UNEAC, el Centro de Comunicación para la Cultura, el Gobierno Provincial, el PCC, etc. Todas las instituciones se unen para, desde el 3 de marzo, cuando se regresa a Guantánamo, empezar a organizar la siguiente edición.

A partir de ahí atendemos la evaluación del trabajo en todos los municipios y trazamos los objetivos; las opiniones de colegas y los criterios técnicos son importantes para la superación de las puestas, las estéticas, las producciones, estrenos y reposiciones.
 


Foto: Sonia Almaguer


Hablamos de un evento con un carácter netamente comunitario. Sin embargo, los artistas, por lo general, preparan puestas en escena para presentarlas en salas, con todas las condiciones que estas poseen. ¿Cómo resuelve el equipo de la Cruzada este dilema?

En las presentaciones, el teatro de títeres ha iniciado una verdadera conquista de los espectadores, los cuales aplauden a los personajes del retablo, introduciéndolos en un discurso escénico incuestionable.

La variedad de propuestas satisface necesidades, gustos e intereses tanto de los pobladores como de los participantes, motivados por incidir en el desarrollo del gusto estético, capacidad de apreciación y creación artística en los pobladores de las montañas. Nos proponemos abrir un campo de investigación para aplicar los resultados en el enriquecimiento temático y escénico del repertorio de los participantes, y aprovechar el evento para la confrontación y superación de los teatristas guantanameros y de los grupos invitados.

En fin, tenemos la necesidad de abordar espectáculos teatrales que utilicen la tecnología en función de la dramaturgia, que iluminen y no que alumbren. Soñamos con escenarios desmontables en medio de la serranía y que el espacio sagrado del teatro esté reservado para el disfrute pleno e inteligente.

Es conocido que la Cruzada cuenta, además, con invitados nacionales y extranjeros. En el caso de los nacionales, ¿mantienen la fe en un evento que se realiza fuera de los circuitos teatrales? Y los extranjeros, ¿contextualizan sus propuestas impregnadas casi siempre de referentes de su país de origen?

A nuestro llamado asisten los teatristas identificados con el trabajo en la comunidad, con sensibilidad y ganas de acortar las distancias de las grandes ciudades y los circuitos teatrales; los que sean capaces de rediseñar sus propuestas día a día, con la rapidez de la dinámica que impone la programación y sus escenarios naturales, rompiendo toda clase de esquematismos y librando el juego teatral a la interacción, la improvisación sana; al aprovechamiento de cualquier situación espontánea en medio del camino, al canto de las aves y a la tierna mirada de los espectadores.

Este año la Cruzada se peculiariza por las afectaciones del huracán Matthew a las comunidades que son parte del recorrido. ¿Cuáles son las alternativas?

Esta edición enfrenta una situación especial, pues cinco de los seis municipios del recorrido (Yateras, San Antonio del Sur, Imías, Maisí y Baracoa), fueron fuertemente afectados por el paso del huracán Matthew. El fondo habitacional, las instituciones culturales y educacionales que garantizaban la vida del evento y el intercambio cultural, el ecosistema, la base económica y agrícola, están en un estado tal de deterioro, que exigen reformular el proyecto del evento que estaba implementado, sobre todo en cuanto a la logística, para lograr un mayor grado de sostenibilidad e independencia.

Sobre estas nuevas condiciones queremos incidir. Esta edición estará dedicada muy especialmente al pensamiento humanista del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y a las comunidades afectadas por el huracán.

Aunque este es un evento multinstitucional, el Director de la travesía lleva el peso y la responsabilidad de su organización. ¿Hasta dónde aporta esta experiencia al ejercicio creativo?

Para mí, definitivamente, es una experiencia muy buena; mantiene viva la creación en el empeño de participar cada año, intercambiar con colegas, mostrar lo mejor, y establecer alianzas de trabajo fructíferas que posibiliten la experimentación de estéticas para redimensionar el horizonte creativo.

¿Satisfecho, o todavía crees que queda mucho por cambiar?

Insatisfecho. Quedan muchas posibilidades por explotar que nos permitirían que la Cruzada Teatral se redimensionara y pudiera interactuar más con la comunidad y sus problemáticas. Queremos abordar temas de interés para la sociedad, y que en el tratamiento artístico de estos temas se vea la sensibilidad del compromiso, ya no de una simple función de entretenimiento, sino de un abordaje consciente, de una mayoría de edad.