La cita

LA CITA

Una muchacha bonita,

sentada frente a un espejo,

se hace un arreglo parejo

para acudir a una cita.

Llega por la tardecita

al mencionado lugar;

abre la puerta y al entrar

un hombre la está esperando;

y la muchacha temblando

sin poderse controlar.

Ya después, en el cuartito

donde sudaba su piel,

le suplica al hombre aquel

que le haga un buen trabajito.

Él le responde bajito:

yo en eso soy veterano,

y con un gesto liviano

la echa hacia atrás sonriendo;

ella el objetivo abriendo

y él con el hierro en la mano.

Ella le dice: —Bajito,

(parece al hierro temiendo)

por si alguien nos está oyendo

y se me escapa algún grito.

Él le introduce flojito

el objeto en el lugar;

ella empieza a forcejear,

y ya casi sin aliento

le dice: —En este momento

no me la vaya a sacar.

Sin saber cómo ni cuándo

el hombre se la sacó,

que la mujer se quedó

quietecita y suspirando.

Se levantó, siguió andando

de lo más jacarandosa;

y allí quedó, de la diosa,

la muela en un recipiente.

–seguro que aquí la gente

se imaginaba otra cosa

Adolfo Alfonso.