La brigada que esperamos

No cabe en un solo día, ni en un solo texto, la solidaridad de los cubanos. Porque ese: el dicharachero, jugador de dominó, a veces “médico” y otras tantas “economista”, se transforma en lo que haga falta cuando ofrece sus manos. Y no importa si son manos de médico, de maestra, de investigador, de periodista; en ese momento son solo manos para trabajar.


Despiden brigada de artistas que actuarán en zonas afectadas por huracán Irma
Foto Internet
 

Aunque, viéndolo desde otro ángulo, sería injusto decirlo así. En realidad, al cubano no hace falta llamarlo. Con saber, o creer que es necesario, ofrece todo lo que tiene. Y no entrega lo que le sobra, comparte lo que guarda; no le da vueltas al asunto, lo enfrenta sin temores; y no lo disminuyen los obstáculos, sino que sonríe, se levanta y vuelve a comenzar.

Por eso cuando me pidieron reportar sobre los artistas que partieron esta mañana a ayudar a los afectados por Irma, no pensé en un grupo de músicos, actores, dramaturgos… que cargaban instrumentos y atrezzo —aunque sí lo hicieron. Pensé, y hallé, a 109 personas dispuestas a cambiar todo eso por ladrillos y palas, por cubos de agua, o por lo que el momento requiriese.

Pensé también en los que no imaginan cuánta felicidad puede transmitir una melodía, un cuadro o una obra; en los que no entienden —¿acaso no lo han hecho?— que cada cual aporta lo que tiene y que, cuando se hace desde la convicción, un solfeo puede ser tan reconfortante como una noche en un colchón mullido.

Les llaman brigadas, y en verdad lo son, pero no por el sentido estricto de su significado, sino por el ánimo de quienes las componen. Son, sin dudas, un equipo, una sola alma que parte ahora al Oriente, pero que lo ha hecho antes a innumerables sitios, y que aguarda el futuro con la complicidad de quien conoce su destino.