La arquitectura debe entenderse como el arte que es

Los arquitectos cubanos tienen hoy un escenario difícil. La posibilidad de participar en la concepción de muy pocos de los grandes hoteles y edificios de inversión extranjera construidos en los últimos años en Cuba; el intrusismo de otras profesiones y oficios que hacen parecer que cinco años de carrera pensando-estructurando instalaciones, no valen nada; y la negativa de permitir cooperativas y emprendimientos privados relacionados con la disciplina, dejan poco contexto para los graduados y expertos de Arquitectura en la Isla.

Incluso, no es espontáneo afirmar que parte de ese deterioro constructivo urbano que hoy vivencian no pocas ciudades del país es debido, entre otros muchos factores, a la subvaloración que sufren estos profesionales en múltiples escenarios.

Así lo cree la reconocida académica María Victoria Zardoya Loureda. Pero los análisis son más complejos.


La ciudad que heredamos, la ciudad que construimos

Para la vicedecana de investigación y posgrado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Politécnica José Antonio Echeverría, un examen sobre la situación constructiva citadina hoy y el papel de los especialistas en el ramo, debe estar dividido en dos partes. “Si hablas de arquitectura y urbe, debes mencionar dos elementos: la ciudad que heredamos y lo que hacemos de nuevo en ese entorno”, explica Zardoya.

La destacada profesora insiste en que, en el primer caso, es necesario constatar el proceso de mantenimiento que se lleva a cabo. “No es desconocido que muchas veces se rehabilitan las instalaciones de forma indebida, y se transforman negativamente los edificios, tanto estatales como privados. Con ello se violan las regulaciones urbanas y se afecta la imagen de la ciudad”.


Foto: Cortesía Daniel Taboada


En el segundo escenario, es importante “cuidar las nuevas propuestas que se ejecutan”. Por eso Zardoya distingue que en estos casi 60 años de arquitectura posrevolucionaria, cada momento tiene su peculiaridad. “No es igual la tendencia de los 60´ o 70´, que lo ocurrido en el Periodo Especial, un lapso caracterizado por la supervivencia. Incluso existen diferencias con lo que acontece desde hace 15 años”.

Aun así, la especialista alerta cómo la generalización errónea de ideas y conceptos ha conllevado a la subvaloración de las proposiciones arquitectónicas de estas décadas.

Un ejemplo del dilema constituyó la masificación del sistema Girón en las décadas de los 70´y 80´. A criterio de Zardoya, esta tipología fue y es excelente para su objetivo primigenio: la arquitectura para centros educativos, específicamente las secundarias básicas en el campo. “Respondía a una trayectoria de los buenos proyectos de los 60´. Demostró, además, su capacidad de adaptarse a otras estructuras educativas como las Vocacionales”, argumenta.

No obstante, alerta sobre el peligro de la homogenización. “Cuando la idea se utilizó para todo y se multiplicó en policlínicos, cafeterías, hoteles, simplemente aburrió. Una opción original se volvió monótona y se mal empleó. Comenzó por ser un elemento distintivo y luego se convirtió en algo igualitario. Es por eso que a veces se hacen generalizaciones hablando mal del sistema Girón, cuando en realidad resultó excelente para lo que fue creado. Solo que sufrió el mal de la reproducción indiscriminada”.

 

Arquitectura como arte

El dilema de monopolizar la urbanidad con estructuras similares no es la única preocupación de la profesora del Programa Curricular de Doctorado en Arquitectura. Zardoya lanza otras alarmas: “No hay respeto por la profesión del arquitecto. Si hablamos de la esfera estatal, ¿desde cuándo no se convoca a un concurso para una obra? A través de estos certámenes es que se presentan muchas ideas y se escoge la mejor. A la vez, brindan un mejor panorama de las tendencias actuales”.

Por otra parte, “muchos proyectos de hoteles y grandes edificaciones de inversión extranjera se les otorga a compañías del exterior. ¿Por qué?”, se pregunta la académica. “Aquí hay buenísimos arquitectos, con nociones novedosas y creativas. Los directivos dicen que sí hay profesionales cubanos, pero estos solo están en la parte constructiva, a pie de obra. Entonces el proyecto, la idea, viene convoyada con la inversión y es de creación foránea”.

En ese complejo panorama de subestimación, también desempeña un rol la polémica función del arquitecto de la comunidad. “Fue una idea muy buena, surgida bajo la tutela del grupo Hábitat Cuba. Su objetivo era brindar asesoramiento a las personas que desearan realizar cambios constructivos en sus viviendas”.

Pero al cerrar Hábitat Cuba y pasar por diferentes entidades estatales, hoy esta figura no cumple la función para la que fue ideada, y se limita a la realización de trámites. “Incluso, muchos no son graduados de Arquitectura; son ingenieros civiles que sí pueden dar soluciones constructivas, pero no hacer un proyecto.

“Se ha convertido en una camisa de fuerza. Si yo quiero hacer una casa, por qué tengo que contratar al arquitecto que ‘me toca por la libreta’. Como si no fuera arte. Si voy a poner un cuadro en mi hogar, no me dicen si debo colocar un Picasso o un Cundo Bermúdez. Coloco el que quiera”.

Y Zardoya se sigue preguntando: “¿Por qué con la arquitectura debe ser diferente y tengo que contratar al arquitecto que ‘me corresponde’? Hasta los egresados de la carrera tenemos que hacerlo para concebir un plano de nuestras propias casas”.

La miembro de la Comisión Nacional de Monumentos explica que en el contexto cubano no se entiende a esta área del conocimiento como un valor artístico al nivel de la pintura y la escultura.


Foto: Kike


Ante tan complejo contexto, aboga por una mejor educación de la población y directivos. “Hay desconocimiento sobre cuáles son buenos referentes. Existen personas que maltratan sus viviendas y sus instalaciones, supuestamente modernizándolas. Y no pasa esto porque quieran, es que no saben”.

“Hay desconocimiento sobre cuáles son buenos referentes. Existen personas que maltratan sus viviendas y sus instalaciones, supuestamente modernizándolas. Y no pasa esto porque quieran, es que no saben”.

“No hay cultura de acudir a un arquitecto. En el caso de los privados, muchas veces contratan a albañiles que les dicen ‘esto es así’ y les hacen caso. No apelan a un especialista. Todo sucede porque el dueño cree que no le hace falta”, añade.

Tampoco los medios de comunicación aportan mucho a una mejor comprensión de las funciones de un profesional de esta índole. Al respecto, la estudiosa se lamenta: “En un reportaje de una nueva edificación hablan de quién acometió la inversión, la empresa constructora, y no dicen quién fue el arquitecto. Es como que ‘no importa’. Esa irreverencia se transmite y está en todos los escenarios”.

Entre dos aguas

Por si fuera poco, junto con los dilemas mencionados, muchos representantes del área sufren la no permisibilidad del trabajo por cuenta propia.

“Ahora se autorizó a los diseñadores para ejercer el trabajo independiente, y a nosotros no. De todas formas, existen muchos grupos creativos que trabajan de manera particular, aunque no con licencia de arquitectura. Es un fenómeno ambiguo y fomenta la ilegalidad desde el momento en que no permiten que trabajen de manera privada”.

“Afortunadamente, han surgido ciertos proyectos que, con determinado éxito, marcan pautas. Aquellos que tienen cierta sensibilidad y respaldo económico, acuden a ellos. Eso está permitiendo que en los últimos tres o cuatro años aparezcan obras dignas en espacios privados”.

“El arquitecto que se gradúa, a pesar de todo, es un personal bien formado.
En estos grupos exitosos, influye la calidad de los recién egresados de la carrera en todo el país. “El arquitecto que se gradúa, a pesar de todo, es un personal bien formado. Ahora mismo acabamos de terminar un encuentro entre estudiantes cubanos y suizos. Cuando topamos con alumnos de otros países, los nuestros están a la altura de ellos y más”.  

Con calidad, pareciera solo quedar el que les dieran una oportunidad y un mayor respeto. Zardoya y los arquitectos cubanos abogan y apuestan por ello.