La armonía ideal entre técnica y belleza

Osiel Gouneo es el único cubano y uno de los contados bailarines latinos que integran las filas del Bayerisches Staatsballet, más conocido como Staatsballet de Munich. Regresó  para protagonizar Don Quijote y Diana y Acteón junto a Viengsay Valdés, primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba (BNC), quien fuera su pareja de baile en la última etapa de Gouneo en la compañía más importante de danza clásica en el país.

Su retorno generó muchas expectativas en un público que anhelaba disfrutar de su indiscutible talento. Las presentaciones tuvieron lugar en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional (Don Quijote), y en la Federico García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso (Diana y Acteón). En este último y legendario lugar, el actual primer bailarín del Ballet de Munich dedicó unos minutos previos a su ensayo para dialogar sobre su carrera y los sentimientos que afloran con esta visita.

“Me resulta raro venir al Festival como invitado y no como parte del Ballet Nacional. Siempre he participado como miembro de la compañía, por lo que esta vez se siente diferente. Ni siquiera he visto aún a los compañeros con que trabajé durante los últimos años que estuve en Cuba. No hemos coincidido por cuestiones de tiempo, porque ellos están ensayando en el teatro o en la compañía. Lo más importante para mí es estar aquí y ser parte de este evento, bailar para los colegas, para mis amigos, la familia, eso es lo primordial en este momento.


Osiel Gouneo (Basilio) en Don Quijote. Foto: Nancy Reyes


Don Quijote fue una de las primeras piezas en las que me fijé desde que estaba en la Escuela de Arte en Matanzas. Era la variación más sonada, la que todo el mundo quería ejecutar. Los muchachos del último año traían ese tipo de ballet a concursos, entonces el deseo de querer hacerlo se contagiaba.

“Después tuve la oportunidad de bailarlo en la Escuela Nacional de Ballet (Fernando Alonso) y en la compañía. Allí pude intercambiar con la bailarina que asumía el personaje de Kitri, porque casi siempre en la escuela interpretábamos Don Quijote solos, como variación nada más. Había muchos elementos de la historia y el personaje que, obviamente, por la edad no entendía y con el tiempo comprendí.

“Ahora lo presento prácticamente por primera vez ante el público cubano, porque cuando lo hice completo con el BNC fue durante una gira en 2012 a Vancouver, Canadá; pero en Cuba nunca lo bailé entero, como tampoco Diana y Acteón. En Rusia y en Dinamarca, con el Royal Danish Ballet, sí lo hice bastante.


Osiel Gouneo y Viengsay Valdés en Diana y Acteón. Foto: Kike


Acteón requiere explosividad y fortaleza técnica. Actualmente no es un problema para mí, sobre todo después que he tenido la oportunidad de bailar a McMillan, de trabajar otras coreografías de mayor peso e importancia artística como Manon, Romeo y Julieta, que requieren más actuación. La técnica siempre la vas a tener porque para eso trabajamos a diario en las clases, en los ensayos, pero para mí es más importante lo artístico.
“Estamos en pleno siglo XXI, muchos bailarines se centran en la técnica y no en los detalles. Yo me enfoco más en los detalles para intentar hacer lo que ya todo el mundo ha visto de una manera distinta”.

“Estamos en pleno siglo XXI, muchos bailarines se centran en la técnica y no en los detalles. Yo me enfoco más en los detalles para intentar hacer lo que ya todo el mundo ha visto de una manera distinta”.

Con tan solo 23 años se trasladó a Oslo para iniciar un nuevo ciclo en su carrera profesional con el Ballet Nacional de Noruega. Allí enriqueció su repertorio con piezas neoclásicas y contemporáneas, al formar parte del elenco de los montajes de coreógrafos residentes tales como Alan Lucien Øyen, Patrick King y Daniel Proietto, a quienes los cubanos conocen gracias a los Festivales Internacionales de Ballet.

El público que lo vio bailar cuando integraba el BNC, advierte hoy el cambio evidente en su cuerpo y estilo. En este Festival deleitó con el rol del cazador Acteón el mismo día de su cumpleaños 26 (5 de noviembre). Como es característico en los bailarines cubanos, no se hizo esperar el regodeo de sus grand jeté y sus pirouettes adornados.


Osiel Gouneo en Diana y Acteón. Foto: Kike


Sin lugar a dudas, el contacto con coreógrafos y profesionales de otras escuelas y grupos de diversa formación lo han dotado de más elasticidad en el físico y madurez artística. Ha dejado atrás la rudeza de los inicios en su modo de danzar. Haber compartido escenario junto a Tamara Rojo y Alina Cojocaru, como estrella invitada del English National Ballet, no es un aprendizaje para nada desdeñable, y este matancero supo apreciar y aprender de ellas para enriquecer una carrera a todas luces en ascenso. Mas en la función de Don Quijote el pasado domingo se notó brusco por momentos como partenaire. Su Basilio, tan varonil, era más áspero que amoroso.

“Por exigencias vitales he tenido que adaptarme a otro tipo de movimiento, otro modo de bailar y eso siempre te hace crecer. Ya tenía una base, que fue la que aprendí acá; pero lo que te hace un poco más grande como bailarín es que puedas aprender de estas experiencias y decirte: ¿qué tenía o no antes y hoy sí tengo? He adquirido un poco más de experiencia escénica, que no es hacer diez veces Giselle o Don Quijote, sino bailar diferentes ballets que ni te pasaba por la mente que podías hacer en algún momento. Eso es lo que me ha alimentado: la oportunidad de interpretar Carmen, ballets de (William) Forsythe, (Kenneth) MacMillan, (Wayne) McGregor.

Lo más difícil para él ha sido, no obstante, lograr la complicidad entre la danza clásica y contemporánea, compaginar ambos estilos en su modo de danzar. “Trato de no mostrar el ballet clásico puro, sino de hacer ver mi propia técnica de ballet más suave y lírica, en eso lo contemporáneo me ha ayudado mucho.


Osiel Gouneo (Basilio) y Viengsay Valdés (Kitri) en Don Quijote.  Foto: Nancy Reyes


“Trato de no mostrar el ballet clásico puro, sino de hacer ver mi propia técnica de ballet más suave y lírica, en eso lo contemporáneo me ha ayudado mucho.
“La actuación es una meta personal que me he propuesto. Hay gente que se fija más en el aspecto técnico y otros en lo artístico. Intento mezclar los dos. Para mí, la parte artística es muy importante y por eso es a la que más atención le presto.

“Ahora estamos preparando Espartaco, un rol que siempre he querido ejecutar, y muchos otros que el público cubano no conoce y me encantaría traerlos personalmente. Si pudiera ser en un Festival Internacional de Ballet sería genial”.

Sobre la hornada de bisoños bailarines que recién ingresaron al BNC, opina que es conveniente ofrecer papeles principales a jóvenes que tengan 19 o 20 años, puesto que a la edad de 25 contarán con una experiencia basta para interpretar roles más complejos. “Se trata de ofrecer oportunidades a esas generaciones noveles para que experimenten, cometan errores y sigan investigando”.


Osiel Gouneo (Basilio) y Viengsay Valdés (Kitri) en Don Quijote. Foto: Nancy Reyes


“El sueño de todo bailarín desde que está en la escuela es alcanzar la máxima categoría, poder asumirla depende de cuán preparado te sientas”.
Él mismo, a sus 22 años, fue ascendido a primer bailarín, el mayor nivel en la jerarquía danzaria. A pesar de su juventud, sentía que estaba listo para aceptar esa responsabilidad. “El sueño de todo bailarín desde que está en la escuela es alcanzar la máxima categoría, poder asumirla depende de cuán preparado te sientas”.

Osiel Gouneo fue una vez más en La Habana el Basilio de Don Quijote. El próximo sábado será Romeo en Romeo and Juliet, en el Nationaltheater; y en ese mismo teatro, el 24 de noviembre, se transformará en el Albrecht de Giselle. Aunque no le interesa la coreografía —“eso se lo dejo a quienes tengan vocación para crear”—, le gusta ayudar en los ensayos y clases; sin embargo, no se visualiza en el futuro ni como maitre ni como profesor: “no nací para eso, yo prefiero moverme”.