La Academia de Ballet del siglo XXI

La pasión de los espectadores cubanos por el ballet clásico a veces raya en el delirio. Bastaría acercarse a la taquilla del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso en el momento en que se anuncia temporada del Ballet Nacional de Cuba, para corroborar la afirmación. Pero tal fervor no es fruto de la casualidad, sino que responde al extraordinario trabajo desarrollado a lo largo de los años por los componentes de la “escuela cubana de ballet”, de la cual la enseñanza del ballet es uno de sus puntales, siendo reconocida en todo el orbe  por su rigor y por el elevado nivel técnico de los bailarines que forma.


Fotos: Internet


Por esa razón, venir a La Habana cada abril es un gran atractivo para  maestros y estudiantes de ballet de todo el orbe. Al XXIII Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet —dedicado a Fidel, incansable promotor del ballet y del sistema de enseñanza artística — acudieron más de 300 maestros y estudiantes de 12 países: Brasil, Colombia, Estados Unidos, Francia, Holanda, Honduras, Italia, México, Panamá, Perú y Venezuela. Como anfitriones, participaron 500 maestros y estudiantes cubanos de la Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso —institución organizadora del evento—, de otras escuelas del sistema de enseñanza artística, del Centro Prodanza, de la Universidad de las Artes, y de otras escuelas y universidades de nuestro país.

Como es habitual, el acto de graduación de la Escuela Nacional de Ballet (ENB) Fernando Alonso, que abre las puertas de los egresados al campo profesional,  marcó el inicio de la apretada agenda del certamen. Según los expertos, la promoción de 2016-2017 se destaca por el elevado dominio de la técnica y por la manera en que se proyecta en el escenario. Entre los graduados se encuentra Narciso Medina hijo, quien se alzó con la Medalla de Oro en la categoría senior en el Youth American Grand Prix 2016, en la dura competencia que tuvo lugar en Nueva York, a la cual acudieron bailarines del mundo entero.

Por esos días, el hermoso palacio del Prado habanero, sede de la ENB, fue un hervidero de bailarines. Era un desafío caminar por sus pasillos en los momentos de receso, repletos de niñas y niños que convertían ese tiempo en oportunidad para intercambiar con los otros participantes, para mostrar lo aprendido en el salón o, sencillamente, para tenderse en el piso a descansar.

Uno de los grandes atractivos de encontrarse en La Habana cada año es la posibilidad que se abre para el intercambio pedagógico. Maestros de ballet de diversas partes del planeta acuden a la cita para actualizarse, para incorporar nuevos conocimientos a la enseñanza, para proponer nuevos incentivos para la práctica profesional. Debo subrayar la asistencia de maestros cubanos radicados en otros países: vienen con sus estudiantes y traen sus experiencias de trabajo. Formados en nuestras escuelas, han dialogado con otras tradiciones danzarias y la incorporan creativamente a lo aprendido aquí. Puedo ejemplificar con la labor de Víctor Alexander, egresado de la Escuela Nacional de Danza, quien fuera primer bailarín de Danza Contemporánea de Cuba. Actualmente es director de la Ruth Page School of Dance, en Chicago, y fue, junto a la maestra Ramona de Saá, el preparador del joven Narciso Medina para su participación en el citado certamen de Nueva York. Roberto Machado Inerarity fue figura principal del Ballet de Camagüey hasta que la coreógrafa norteamericana Anne Marie D´ Angelo le invitó a formar parte de su agrupación. Ahora es el coordinador de la Escuela de Ballet de Monterrey, y mantiene permanente intercambio con la ENB.

El evento propuso múltiples actividades: conferencias magistrales, diálogo con los creadores, talleres de maquillaje, cursos de danza histórica y encuentros con la crítica. La maestra Ramona de Saá y el doctor Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba, compartieron sus visiones de la escuela cubana de ballet, de la cual ambos han sido protagonistas indiscutibles. El investigador y crítico venezolano Carlos Paolillo impartió el curso “¿Hacia dónde va la danza en el siglo XXI?”. El profesor Pedro Ángel González coordinó las sesiones del Taller de la Crítica, en el cual la investigadora Mercedes Borges recordó a la generación de bailarines del Ballet de Camagüey que compartió su tiempo con el maestro Fernando Alonso; y la periodista Amelia Duarte abordó la manera en que Lunes de Revolución registró los sucesos de la danza en los años 60 del pasado siglo. Con la presentación del libro El síndrome del placer, del maestro Ramiro Guerra, concluyó el Taller de la Crítica. Editado por Ediciones Cúpulas, el texto recorre la historia de la sexualidad humana, tan cercana a la danza.



 

La competencia —Concurso Internacional para jóvenes estudiantes de ballet y el Concurso Internacional infantil— sigue siendo el plato fuerte.  El ballet es un arte que exige alta competitividad y profundo conocimiento de sus rígidas leyes. Es estimulante ver cómo los cuerpos altamente tecnificados, en virtud del entrenamiento diario, buscan la expresión individual; cómo batallan para alcanzar la creatividad desde edades tempranas. Asombra la sobrevivencia del ballet clásico en pleno siglo XXI, sorprende cómo se entroniza la armonía y la elegancia que proclama con el caos de esta era digital.

He intentado tomar el pulso al evento; pero es imposible asistir a todas las actividades, dada la intensidad del programa. El boletín Giros, coordinado por los estudiantes y profesores de Danzología de la Universidad de las Artes, da fe de cada suceso, de las opiniones de los participantes, de la necesidad de que exista este Encuentro. De ahí que reclame en estas páginas mayor compromiso de las autoridades culturales: los Concursos debieran retomar el estímulo que significa el otorgamiento de becas para cursar estudios en escuelas del país. La ENB exige a gritos un sitio web que comunique sus logros y que informe con rapidez lo que ocurre en las sesiones de trabajo.

Al cierre de estas líneas, crecían las expectativas. Los jóvenes críticos y los jóvenes bailarines esperan los resultados de las deliberaciones de los respectivos jurados. Pero antes que concluya el XXIII Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet, quiero recordar que 2017 es fecha de celebraciones. El centenario de Alberto Alonso, bailarín y coreógrafo, autor de una de las versiones más aclamadas de Carmen y uno de los pilares de la escuela cubana de ballet, debiera festejarse por todo lo alto, dados los grandes aportes que hizo a la cultura danzaria de Cuba. El Ballet de Camagüey arriba a sus 55 años de trabajo. Nos corresponde agasajarlo por su perseverancia creativa, por los bailarines que ha formado y por su capacidad para romper esquemas y hacer converger en escena lo clásico y lo contemporáneo.