La Academia Cubana de la Lengua y su Boletín

En el año 1926 se fundó en nuestra isla la Academia Cubana de la Lengua, filial de la Real Academia Española (RAE), creada en 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández, marqués de Villena y duque de Escalona, con el propósito de “fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza”. Se representó tal finalidad a través de un emblema formado por un crisol puesto al fuego, con la leyenda Limpia, fija y da esplendor. Nació, por tanto, la institución como “un centro de trabajo eficaz”, según decían los fundadores, “al servicio del honor de la nación”. Posteriormente, se precisó que tenía como misión principal “velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico”.

Con posterioridad a la independencia de los países americanos, la Real Academia Española promovió el nacimiento de academias correspondientes en cada una de las nacientes repúblicas, considerando que los ciudadanos de todas esas naciones teníamos por patria común una misma lengua. A partir de 1870, se establecieron en América las academias hispanoamericanas correspondientes de la lengua española, y a ellas se añadieron la Academia Filipina de la Lengua y la Academia Norteamericana de la Lengua Española, que tienen actualmente igual rango y condiciones que la RAE. Estas 22 academias constituyen la Asociación de Academias de la Lengua Española, fundada en 1951 en el marco del I Congreso de Academias celebrado en México. Dicha asociación es el órgano de colaboración de todas ellas en la promoción de una política lingüística de carácter panhispánico.    

La Real Academia Española de la Lengua aprobó el 19 de mayo de 1926 la creación de la Academia correspondiente en Cuba, que en octubre de ese año ofreció la primera sesión pública bajo la guía de su primer director, Enrique José Varona, cargo ocupado posteriormente, y hasta su fallecimiento en 1969, por José María Chacón y Calvo y, poco después, por Dulce María Loynaz, quien, igualmente, la presidió hasta su muerte, ocurrida en 1997. La Academia ha mantenido un proceso de renovación que llega hasta nuestros días, cuando sostiene una activa vida tanto interna como externa, presidida hoy por el Dr. Rogelio Rodríguez Coronel. A ella pertenecen importantes figuras de la cultura cubana como Roberto Fernández Retamar, Graziella Pogolotti, Miguel Barnet, Eusebio Leal, Ambrosio Fornet, Pablo Armando Fernández, Sergio Valdés Bernal, Enrique Saínz, Margarita Mateo, Nuria Gregori, Antón Arrufat, Reynaldo González, Luisa Campuzano, Elina Miranda, Nancy Morejón y Marlen Domínguez, entre otros. Directores de la institución, ya fallecidos, fueron también Salvador Bueno y Lisandro Otero.

Los objetivos que le dieron vida en 1926 se mantienen como los asideros esenciales de la emblemática institución: estudiar la lengua española y velar por su pureza y propiedad en Cuba; estudiar la vida, desenvolvimiento y modalidades de la lengua española en Cuba en todos sus aspectos (lexicográfico, fonético, semántico) y formar la lista de voces y acepciones cubanas; informar a la Real Academia Española sobre las voces y expresiones cubanas que nacen o entran en desuso; evacuar consultas sobre el lenguaje y, de modo especial, sobre cubanismos.

También colabora en proyectos tan transcendentales como la elaboración del Diccionario de la Lengua Española, cuya primera edición dató de 1780 bajo el título de Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Se considera el principal diccionario y autoridad de consulta del español e incluye palabras de uso común extendido, al menos en un ámbito representativo de los contextos donde se habla el español o castellano; además, incluye numerosos arcaísmos y vocablos hoy desusados, para entender la literatura castellana antigua. Desde la edición 22 se ha aumentado el número de acepciones propias de los países hispanohablantes y la última vio la luz en 2013. Asimismo, Cuba participó en la elaboración del Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) y el Diccionario de americanismos (2010).  

Labor de la Academia Cubana de la Lengua fue la publicación en el año 2008 de una edición crítica, de conjunto con la Editorial Letras Cubanas, de dos obras fundacionales de la narrativa cubana: Una pascua en San Marcos y El Ranchador, en edición asesorada por Ambrosio Fornet y realizada por Cira Romero.

El Boletín de la Academia Cubana de la Lengua comenzó a editarse en 1952, cuatro veces al año. En su primer número, correspondiente a enero-marzo, explicaron que sus propósitos eran recoger en sus páginas   

los discursos de nuestras periódicas sesiones públicas y, desde luego, los estudios atinentes a los fines del Instituto, así de los miembros de la corporación, como de nuestros estudiosos de la filología. No será un órgano cerrado, de limitado espíritu: aspira, por el contrario, a mantener la tradición de amplitud, de universalidad que permitió a los maestros cubanos del siglo XIX servir con más eficacia en la magna tarea de la fundación de la nacionalidad.

El Boletín… se publicó ininterrumpidamente hasta 1961, reapareció en 1964 y ha vuelto a ver la luz en años recientes, manteniendo siempre su perfil de dar a conocer los discursos que se pronuncian cada vez que es elegido un nuevo miembro, publicar los ciclos de conferencias que se ofrecen y dar noticias sobre las actividades generadas por la institución. Entre los colaboradores de la publicación en su primera etapa figuraron, además de Chacón y Calvo y Dulce María Loynaz, Jorge Mañach, Raimundo Lazo, Esteban Rodríguez Herrera, Agustín Acosta, Medardo Vitier, Manuel Pedro González y Fernando Ortiz. En años más recientes, el Boletín ha publicado números monográficos, como el dedicado a Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), donde se recogieron las conferencias dictadas por los académicos Roberto Méndez, Luisa Campuzano, Enrique Saínz, Elina Miranda, Ambrosio Fornet y el ya desaparecido Monseñor Carlos Manuel de Céspedes. Se preparan otros números dedicados a José Lezama Lima y Julián del Casal.                         

La Academia Cubana de la Lengua en sus 90 años de establecida, así como el Boletín que auspicia, constituyen un notable asidero para el desarrollo de la vida cultural cubana. Organismos como los Ministerios de Educación y de Educación Superior, mantienen activos vínculos con la institución por todo lo que implica para el mejor uso de nuestra lengua y en lo referido al español hablado en Cuba, una de las más importantes vertientes de trabajo de la Academia, que cada vez con mayor fuerza se inserta en nuestro entorno.