Katherine Paterson: La literatura nos deja atisbar en el corazón de las personas

Una de las autoras más significativas del panorama literario universal acaba de visitarnos por segunda vez, como parte del grupo de autores, editores, investigadores y amantes de la lectura que participaron en “Lectura 2015. Para Leer el XXI”, congreso que organizan cada dos años el comité Cubano del IBBY y la Cátedra Latinoamericana y Caribeña de Lectura y Escritura, con el coauspicio de la Organización internacional del libro infantil y juvenil (IBBY) y que este año se hizo en conmemoración del aniversario 120 de la caída en combate de José Martí y en saludo al 35 Congreso Mundial de IBBY. El evento es uno de los foros de estudio sobre la lectura más prestigiosos a nivel internacional.

Nacida hace ya 83 años en Qing Jiang, Jiangsu, China, e hija de padres norteamericanos, siendo niña Katherine fue trasladada a EE.UU., donde estudió y se hizo profesora de religión. Ha publicado libros sobre teología y adaptaciones bíblicas, traducciones del japonés y el chino y, además, numerosas obras para jóvenes gracias a las cuales ha ganado gran popularidad en todo el mundo y premios como el Hans Christian Andersen en 1998, la Newbery Medal y el National Book Award. Hoy en día, vive con sus hijos en Norfolk, Virginia, EE.UU.

La experiencia del mundo del Oriente está muy presente en sus libros, pues no se debe olvidar que Katherine Patterson pasó cuatro años en Japón, donde trabajó con grupos de pastores en zonas rurales. El maestro de las marionetas, cuenta la historia del hijo de un pobre artesano, que aspira a trabajar en un teatro de marionetas. El mundo del duro aprendizaje para un adolescente, la competencia artística, las envidias y los celos están presentes en tan sobrecogedora novela. Un tema similar muestra El signo del crisantemo, en la cual el joven Muna (él sin nombre), al morir su madre emigra por Japón buscando al padre samurái, con un crisantemo tatuado en un hombro. Su modo de adaptarse a una sociedad terrible por sus leyes, aflora en esta bella y sugestiva novela sobre la ética en un adolescente que lucha por hallar su camino en la vida. En este entorno también se ubican El llanto de los ruiseñores, El cuento del pato mandarín y Rebeldes del reino celestial.

En La gran Gilly Hopkins Katherine muestra el dilema de la hija de una hippie quien, como un fardo, rueda de familia en familia y de hospicio en hospicio hasta encontrar a quien con amor la integre a una sociedad que la ha rechazado, aunque con falsas promesas de redención. Otro libro suyo, Sal a cantar Jimmy Jo, demuestra los inhumanos manejos que sufre un niño cantante explotado por el Star System, y en Un puente hasta Terabithia —a mi parecer su novela más tierna y estremecedora— trata de la amistad truncada por la muerte entre dos adolescentes de caracteres bien dispares, pero con una afinidad que les hace sentirse los seres más especiales de la tierra mientras están juntos. En Amé a Jacob cuenta las desavenencias entre dos hermanas gemelas, una más favorecida por la crianza que la otra, quienes viven en una isla solitaria a donde un buen día regresa el capitán de un barco. La búsqueda de Park presenta la historia de un adolescente que emprende una misión: conocer el pasado de su padre que murió en la guerra de Viet Nam y en Lidie, vuelve a tocar los temas sociales al pintar el drama de una chica que escapa de su pobre entorno familiar para irse a una fábrica, pero el sueño de la libertad resultará para ella muy duro y difícil de alcanzar.

Otros libros suyos son Ángeles y otros extranjeros, La vaca más pequeña del mundo, Igual al Rey, Flip, flop, niña, Despejada medianoche: historias de Navidad, El ángel y el asno, Jip: su historia, Celia y el agua dulce, dulce y El mejor regalo de Navidad de Marvin. Una de sus obras más recientes Parzival: la demanda del Caballero del Grial, explora con acierto la historia dentro de la historia, al apoyarse en un poema del siglo XIII de Wolfram von Eschenbach con la intención de relatar el viaje iniciático de un adolescente por un bosque en pos de sus raíces, sepultadas en la misteriosa leyenda del Rey Arturo de Britania.

Toda la obra de Katherine Patterson aboga por los derechos de los niños, adolescentes y jóvenes, independientemente del entorno o la época en que les haya correspondido existir y en su propia vida ella siempre ha abogado por las causas justas. Precisamente por eso no es casual que en el 2001, a pocas semanas de haberse producido en EE.UU. aquella tragedia universal que significó el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York y de que allí murieran algunas personas entrañables para ella, Katherine formara parte de la delegación del IBBY Internacional que participó en el Congreso Lectura 2001 y que hiciera de este modo una muestra abierta de su solidaridad, no solo hacia el IBBY, sino hacia Cuba y su pueblo. Justamente, comenzamos nuestro diálogo refiriéndonos a la significación que le atribuye a su segunda visita a Cuba.

¿Qué significa estar en Cuba y en este congreso Para leer el XXI?

Estaba emocionada de venir una vez más a Cuba. Cuando mi esposo y yo estuvimos en octubre del 2001, fue muy difícil de visitar y cuando tratamos de entrar de nuevo a EE.UU. el oficial de aduana nos sugirió primeramente que teníamos que pagar una multa de 40 mil dólares por haber quebrantado la ley. Al final el oficial cedió, y la multa fue retirada. Pero ahora la ley en sí misma se quiebra, y es maravilloso sentir que un nuevo día se aproxima.

¿Qué posibilidades ve al restablecimiento de relaciones entre nuestros países y el inicio de una colaboración cultural?

La literatura es imprescindible porque nos deja atisbar en el corazón de las personas de una manera diferente a como somos. Pero poesía y ficción necesitan de traductores habilidosos y bien dotados si quieren tener éxito. 

Estoy muy agradecida hacia Obama y mi propio senador, Patrick Leahy, además del Papa y el presidente Raúl Castro por trabajar por un nuevo día entre nuestros países. Espero y rezo porque el Congreso pronto retire el bloqueo completamente. Creo que una buena manera de derribar las viejas barreras es entablar múltiples intercambios culturales. La música es un gran puente, y muchos en EE.UU. ya son fans de la música cubana, incluso nuestro presidente. Las artes visuales también pueden ser “leídas” a través de las barreras del lenguaje. La literatura es imprescindible porque nos deja atisbar en el corazón de las personas de una manera diferente a como somos. Pero poesía y ficción necesitan de traductores habilidosos y bien dotados si quieren tener éxito. También debe haber un compromiso por parte de los editores y compradores. Ya he dicho más de una vez que los libros nos dan amigos en otros países. Quizá, como hacen todas las artes, e inclusive cuando nuestros gobiernos quieren que despreciemos otras naciones, donde algunos de nosotros hemos hecho amigos, no podemos desearle daño.

¿Sus libros son muy apreciados en todas partes por su acercamiento a los problemas de niños y adolescentes? ¿Podremos contar con la posibilidad de publicarlos en breve en Cuba?

Ciertamente eso espero. Mis libros han sido publicados en Irán y otros países con los que EE.UU. no tiene relaciones oficiales. A veces esto significa que no tengo permiso de mi gobierno de recibir derechos de autor, como ha sido el caso de Irán, y algunas veces, como en el pasado de países de la orientación soviética, los editores no podían enviarme las liquidaciones de derecho de su país. Sin embargo, estoy feliz de que niños de cualquier lugar puedan leer mis libros. Quiero que ellos también tengan amigos en EE.UU. y deseo que la imagen de América en el mundo no pueda ser monopolizada por Hollywood.

¿Cuál es su libro más reciente y de qué trata?

Se llama Historias de mi Vida (Stories of My Life), y es eso exactamente, un recorrido por mi obra y cómo estas historias han inspirado las historias que he escrito.

¿Trabaja en algún nuevo proyecto?

Estoy tratando. Justo ahora doy vueltas en torno a mí misma para escribir la historia más apropiada.

¿Qué puede decirnos de los lectores sin edad para los libros sin fronteras?

Creo haber puesto mi esperanza en la idea de que los lectores no limiten su lectura a su propio tiempo, lugar o a personas como ellos. Por supuesto, hay grandes libros para los cuales los niños pueden no estar listos intelectual ni emocionalmente, pero creo que si un libro para niños no puede ser leído y disfrutado por adultos, no es digno tampoco de los niños lectores.