Karl Lagerfeld, un nombre obligado en el mundo de la moda

Hace apenas unos días tuvimos la posibilidad excepcional de conocer de manera directa a este afamado modisto internacional, y a sus obras más recientes de vestuario en su colección Crucero 2017, presentadas por la Casa Chanel en pasarela realizada en el céntrico Paseo del Prado de La Habana. También pudimos apreciar una retrospectiva de su importante obra fotográfica realizada para las promociones de las casas de moda donde trabaja, junto a otras fotografías suyas con un carácter artístico más independiente, exhibidas en el espacio de Factoría Habana como parte de las actividades por la celebración del Mes de la Cultura Francesa en Cuba.

Los inicios de Karl en la moda datan de una edad temprana en Francia, a donde llegó para labrarse un camino profesional. Casi desde sus comienzos empezó a revelar cualidades organizativas y de imaginación en el diseño creativo de modas. Fue ganando un reconocimiento de manera gradual, adquiriendo en ese  transcurso habilidades en el diseño.


 

En 1963 comenzó a trabajar en la Casa Chloé. En 1965 amplió su responsabilidad a diseños para la Casa italiana Fendi. Una década más tarde creó su propia compañía, sin abandonar la actividad creativa en aquellas dos firmas donde sus encargos se habían hecho muy notorios. Sus trabajos de diseño para Chloé y Fendi son sus primeras aportaciones a la moda. Ha continuado durante muchos años vinculado a ellas pese a ser también directivo creativo en Chanel.

El nombre de Karl Lagerfeld, denominado el káiser de la moda atendiendo a su origen alemán y al poder del imperio de sus creaciones, está asociado inobjetablemente desde 1983 a la casa Chanel como su principal centro creativo. Esta firma francesa en el campo de la refinada cultura del vestir se encuentra dentro de las punteras desde las décadas del 20 y del 30 del pasado siglo, cuando Cocó Chanel, su creadora, logró impregnarle una imagen de sostenida modernidad vanguardista.

Lagerfeld entró en Chanel después de algunos años de declive atravesados por esa casa productora tras la muerte de Cocó. Los diseños de sus nuevas líneas la salvaron por la manera segura, elegante, moderna y espectacular de diseñar Lagerfeld, quien despertó rápidamente la atención de públicos muy exigentes, convertidos desde entonces en fieles clientes de sus creaciones y de la casa de modas. Además, produjo un renovado prestigio de esa firma en quienes en tiempos anteriores habían sido clientes asiduos de las colecciones diseñadas por Chanel. Se respiraba con Karl una atmósfera de continuidad en la herencia de esa reputación, reafirmada como un valor a preservar, pero asumida desde el vigor de la renovación, de ir impregnándola con su estilo personal, sostenido e incrementado desde los 80 hasta hoy.


 

Aunque le impregnó un espíritu nuevo y poderoso, mantuvo conceptualmente el respeto a la línea del estilo pautado por esa gran diseñadora desde los comienzos, bajo los principios del más severo rigor de calidad en las propuestas, con diseños modernos de avanzada y la terminación a nivel de cada detalle, con un glamour alcanzado en todas las líneas creativas.  El estrellato de Karl se ha mantenido en todo ese enorme tiempo con un poder omnímodo. El impulso dado ha engrandecido a Chanel en la acción pública de esa marca en los escenarios más especializados de la moda internacional de alta costura, donde mantiene un liderazgo renovado en cada sucesiva estación del año.

La inspiración seguida por Lagerfeld en el diseño es muy rigurosa, fruto del estudio metódico de la historia del arte, de la moda y de la fotografía antigua. Es un perseverante coleccionista de libros y de cuanta documentación los aborde; actitud sabia que lo enlaza con los grandes modistos internacionales, una gran parte de ellos franceses, quienes anteriormente se inspiraron en las modas históricas. Karl, sin embargo, tiene una amplitud de miras muy ambiciosa. Toda la cultura producida por el hombre —básicamente la occidental en diferentes periodos históricos— es revisitada por él, desmontada analíticamente en las maneras de trabajar la línea, el acomodo del vestuario, los detalles, sus formas de confección y de ensamblado con los tejidos, para desentrañar el modo en el cual se estructuran  los diferentes componentes del vestuario y las respectivas intenciones de sentido en los usos dados por diferentes capas sociales en cada momento y país.


 

Karl tiene un gran poder para captar rápidamente esas interrelaciones y hacer la deconstrucción de esos textos visuales de la moda histórica. Estimulan su imaginación y desencadenan su proceso creativo. Afloran en sus creaciones y nuevos proyectos basados en reinterpretaciones y rupturas de la moda y de las fotografías asociadas a esos periodos, al penetrar en los comportamientos y en la confrontación de las tendencias seguidas en años recientes y lejanos. Comprende que la moda es un eterno ciclo de retornos y reconsideraciones hacia determinados principios constructivos y sígnicos que subyacen inscritos en los modos contingentes de concebir, diseñar, producir y usar el vestuario.

Rápidamente capta Lagerfeld el espíritu más íntimo y peculiar de la visualidad de cada época y desencadena un flujo plenamente consciente en la interpretación por inferencia de las direcciones hacia donde puede fluir la moda a corto, mediano y largo plazo. Esa luz larga le asiste. Ve más allá de la inmediatez. Prevé posibles direcciones. Desde esas rutas traza sus diseños con el convencimiento de que esas aventuras de la moda a proyectar tienen, sin embargo, muchas posibilidades de progreso, moderado o espléndido.  Ese dominio histórico le permite vislumbrar, desde el presente, las posibles derivas en los cambiantes temperamentos culturales que se suceden con dinámica creciente en los tiempos actuales.

Aunque el rasgo distintivo de Chanel era mantener la alta costura como un signo distintivo de esa firma de extrema elegancia y suprema exclusividad en el vestir, Lagerfeld decidió abrir en años recientes una atrevida línea experimental de moda prêt-à-porter que resultó todo un éxito comercial. Desde entonces han continuado esas dos direcciones en Chanel. Esa experiencia amplió la estimación pública de la firma francesa y reforzó la de la casa de modas propiedad de Karl, que también se mueve en esa dirección.


 

A diferencia de la alta costura que caracteriza a Chanel y a otras de gran prestigio internacional —donde en algunas colecciones todo se realiza por medio de un enorme y minucioso trabajo de elaboración manual de cada vestuario lujoso, con tejidos de excelencia, concebidos de una manera individualizada y excepcional para una persona determinada—, el vestuario prêt-à-porter, en cambio, es diseñado en esas casas para ser realizado industrialmente con alta calidad, pero de una forma seriada.

Crear buenos diseños experimentales, con calidad en su concepción y su fabricación en la moda estandarizada, responde a necesidades de venta en gran escala. Es una democratización del buen diseño y la perfección técnica en su acabado. Está dirigida a determinados sectores de la sociedad ampliando, de ese modo, el margen de acción del diseño de buen gusto al poner a precios mucho más asequibles las piezas confeccionadas bajo ese criterio industrial de alta calidad.

La vertiente creativa alternativa del prêt-à-porter responde a nuevas demandas y oportunidades impulsoras de renovadoras estrategias del diseño, emergidas como resultado del ascenso de capas medias de poder adquisitivo moderado, cuyos imaginarios de apetencias individuales están movidos fuertemente por mostrarse poseedoras de un estatus simbólico-económico holgado. Esos sectores medios de la sociedad aspiran a la posesión de productos comerciales de la moda, identificados de manera masiva como de buen gusto y de un notorio grado de excelencia, sin necesidad de la exclusividad. Para esas capas de la sociedad vestir con piezas prêt-à-porter, lejos de ser un estigma, se ha convertido en un claro y distintivo signo de modernidad, de demostración de sus posibilidades económicas, indicado por las marcas que las promueven. Este es un nuevo carácter asumido por el mercado de la moda en sociedades que disfrutan, placenteramente, en otorgar una alta valoración estimativa a sus símbolos de distinción social como un componente imprescindible para la satisfacción individualizada de las respectivas subjetividades.


 

Los sectores sociales adinerados siguen encargando sus vestidos de lujo a modistos y casas productoras de primera línea. Pueden continuar exhibiendo sus exclusividades sin ser afectados por esa línea masificada de productos de la misma firma, incluso del mismo diseñador. Al contrario, pueden ver con satisfacción cómo sus elevados gustos intentan ser alcanzados con elaboraciones industrializadas, las cuales aspiran también a vestir cientos y miles de personas, sin llegar a portar tal vez nunca alguno de esos vestuarios lujosos y en extremo caros, símbolos de un estatus social y económico inalcanzable para aquellos. La moda en el vestir exige una coherencia con los otros campos del existir lujoso: la residencia, el auto, los negocios, los restaurantes y hoteles de lujo, el acceso a comidas con precios de cubiertos exorbitantes, recepciones y todo un conjunto de campos afines del vivir. Siguen siendo privilegiados aquellos espacios, no contaminados por el engrosamiento de las capas medias.

La firma de su propiedad, Karl Lagerfeld, reconocida como marca por su propio nombre, se complace en esa vertiente creativa del prêt-à-porter, altamente rentable y dinámica, ávida de nuevos diseños en cada temporada, respaldada por una clientela muy amplia que genera altas ganancias a nivel acumulativo del excedente de todas las compras, que compensa con creces los gastos en su producción.

Su sagacidad, ampliamente demostrada a lo largo de una extensa carrera en el diseño del vestir, se ha impuesto en la creación de moda del más exorbitante precio y refinamiento, y también en esa vertiente de amplia demanda con alta calidad de diseño y confección, afirmada en la valía y reconocimiento de su autoridad en el campo de la moda más exigente.


 

Bajo el halo sacralizado de su gran prestigio en las exigencias de la alta costura para las Casas Chanel, Fendi y la suya propia, su sorprendente capacidad de seducción, de poder avizorar y crear líneas expresivas que calan en los gustos de los clientes más exquisitos y de los de esas capas ansiosas de vestir con elegancia a precios más asequibles, ha provocado una y otra vez acontecimientos muy atrayentes en el sector singularizado y en el fenómeno de la moda generalizada de calidad.

Al igual que sus grandes contrincantes en el campo del diseño, en su divisa ha estado crearse un estilo personal mantenido de forma invariable, cuyos cambios estacionales no quiebran ese sello caracterizador de su peculiar manera. Su labor ha marcado pautas en la moda internacional debido a una sobria estilización, resaltada por el porte elegante, cómodo y esbelto de la silueta, al revelar la sensualidad del cuerpo con la caída suave y firme de los tejidos, conjugando hábilmente lo clásico con lo contemporáneo en signo distintivo de una sobriedad impactante de sus modelos.


 

Cómo saberse eternamente cambiante y mantener, no obstante, una línea de acentuada sobriedad y elegancia en todo cuanto esté adscrito a su nombre, es algo que solo los grandes como él saben hacer bien por tiempo prolongado, en su caso, durante varias décadas. Esa severidad y austeridad racional, diríase alemana, le ha acompañado siempre. Su imagen personal, invariable en la línea asumida, es indicadora de la construcción de una marca, de un estilo personal con rasgos propios. Su encomiable energía, pese a su edad, es un signo poderoso de cómo alguien dotado de un ímpetu creativo renovador puede ser actual. Él sabe muy bien que esa es la mejor manera de hacerse eterno.