José White y su bella cubana

José White (Matanzas, Cuba, 31 de diciembre de 1935 - París, 12 de marzo de 1918), uno de los músicos más famosos de su siglo, dejó para la historia una emblemática obra: La bella cubana (1853) hace 165 años.

Foto de la partitura original de La bella cubana. Foto: Musinet
 

La bella cubana se encuentra entre las tres canciones más emblemáticas de la cubanía, según datos de Zoila Lapique. A la canción, con posterioridad, un poeta cuyo, nombre hoy se desconoce, le adaptó una letra apropiada.

Esta obra fue escrita por White para dos violines y orquesta, según el violinista Alfredo Muñoz, es la obra más importante del siglo XIX, único ejemplo de concierto romántico por un cubano.

¿QUIÉN FUE JOSÉ WHITE?

Su nombre real es José Silvestre de los Dolores White Laffite. Cuando cumplió los diecinueve años de edad, ya conocía y tocaba dieciséis instrumentos musicales, entre ellos, el violín, la viola, el violoncello, el contrabajo, el piano, la guitarra, la flauta, el cornetín y la trompa.

Cursó estudios musicales en el famoso Conservatorio de París, ciudad donde ganó altos elogios de la crítica por los éxitos obtenidos como violinista, al extremo que se le bautizara con el nombre de "el Paganini cubano". Hizo varias giras por países de la América y Europa.

José White
José White. Foto: Cadena Habana
 

En 1840 inició sus estudios con su padre, Carlos White, y entre 1843 y 1844, los continuó con José Miguel Román, y a partir de ese último año, con Pedro Haserf. El 27 de mayo de 1855 viajó a París, donde ingresó el 14 de junio de 1856 en el Conservatorio de París, en la clase de Jean Delphine Alard y tuvo como condiscípulo a Pablo de Sarasate. Ese mismo año, White obtuvo el Primer Premio del Concurso del Conservatorio de París.

La Gazzete Musicale del 3 de agosto de 1856, citado por Oscar Carreras, dice acerca de White: “«...Otro tanto diremos del discípulo que ha ganado el Primer Gran Premio de violín, y que sin embargo era el último en la lista de los concursantes, ¿dónde tomó sus primeras lecciones? ¿Cómo este hijo de la virgen de América se ha hecho el émulo de los más grandes violinistas conocidos en Europa? He aquí lo que ignoramos y lo que desearíamos saber por honor de la Escuela americana, de la que es una soberbia muestra el eminente White.»

En 1855 se encuentra en París, de donde regresó a Cuba en 1859. En su ciudad natal ofreció una serie de conciertos acompañado por el pianista Adolfo Díaz, y escribió Fantasía cubana —que concluyó en La Habana— y el Estudio núm. 6, op. 13 para violín; La bella cubana y Bolero de concierto. El 4 de octubre de 1860, ofreció su último concierto en Matanzas; después regresó a París. White compone en 1864 su Concierto en fa menor, para violín y orquesta, que estrena en la Sala Herz de París el 3 de marzo de 1867, y sobre el cual, en La France Musicale, se expone que White: «Siempre se ha hecho notar, tanto por la manera amplia y magistral con la que ejecuta las obras como por su estilo elegante y sobrio cuando interpreta la música contemporánea”.

Por su parte, el crítico Víctor Cochinat, citado por Sabine Faivre d’Arcier, escribe en 1872: «En ese intérprete de violín, no sólo hay un compositor sino también un pensador, y es un placer comprobar la justicia que le hace el público a este autor tan completo como variado, cuya figura esbelta y ligera, sus cabellos encrespados, sus ojos negros, su rostro dorado por el sol de las Antillas nos recuerdan a uno de aquellos portadores de la lira, “Orfeo contemporáneo”.

Para que tengamos la validez de White como músico observemos que José Martí, apóstol de Cuba le dedica al músico tres artículos aparecidos en la Revista Universal de México entre mayo y junio del 1875.

En esos artículos, especialmente en el primero (25 de mayo de 1875), el maestro redacta las palabras más primorosas que haya escrito sobre la música.

“Hay una lengua espléndida, que vibra en las cuerdas de la melodía…La música está perpetuamente palpitando en el espacio…La música es la más bella forma de lo bello…La música es el hombre escapado de sí mismo”.
 

 LA BELLA CUBANA (1853) / JOSÉ WHITE

¡Ay! luz de amanecer,

y resplandor de sol,

al mirar la mujer,

que inspiró mi canción.

Bella cubana,

flor de jardín tropical,

madrigal es tu voz,

que inspiró mi canción.

Bella cubana eres un rayo de luz,

que en la negrura de mis noches,

inspiración es tu voz,

que soñó mi canción.

¡Oh, Cuba hermosa!, cuánto diera,

por ver tus verdes campos, tu cielo y tu sol,

y tus palmeras de amor,

que tan sólo conocen hoy del dolor.

Eres tú mi Cuba bella,

la tierra de inspiración,

donde bajo tus estrellas,

yo conocí el amor.