José Martí en Ángel Rama

Ángel Rama, uno de los principales ensayistas y críticos latinoamericanos (1926–1983), sin haber escrito un libro definitivo sobre José Martí, nos ha dejado tres importantes contribuciones para el estudio de su obra literaria. Ellas son: La dialéctica de la modernidad en José Martí, de 1971, Indagación de la ideología en la poesía. Los dípticos seriados de Versos sencillos, de 1980 y José Martí, en el eje de la modernización poética: Whitman, Lautreamont, Rimbaud, de 1983.


Ángel Rama: "Martí con su obra interroga a la modernidad" 


El primero de estos ensayos, publicado en Estudios Martianos en 1974 por la editorial universitaria de la Universidad de Puerto Rico, se inicia esbozando el concepto de modernismo enraizado de manera natural a la modernidad, y ubicando a nuestro primer escritor como “un hombre encabalgado sobre épocas distintas, a causa de lo cual es llamado ‘muy antiguo y muy moderno’”, si le aplicamos la divisa de Darío. A continuación Rama afirma que Martí con su obra interroga a la modernidad y esboza la diferencia entre el cubano y los otros escritores hispanoamericanos del período, que estriba en “que, mientras estos últimos abren el camino hacia la especialización que habrá de convertirlos exclusivamente en ‘literatos’ […] aquel incluye  la poesía en la constelación de tendencias de su personalidad, religándose a la concepción de poeta civil del romanticismo, aunque no dependiendo de ella.”

El ensayista ve como formulación de vida en Martí una característica que lo hace inseparable de la modernidad, y que no es otra que “la concepción del conocimiento como instrumento de la acción”. Por eso “hace suyo el aparato mental de la modernidad, celebrando su incorporación al mundo latinoamericano como un acontecimiento positivo” (135), y “tratando de demostrar que literatura y sociedad son una misma cosa, que la primera emana de la segunda y que solo mediante la captación del corazón de la sociedad presente puede edificarse una obra artística válida (136). El ensayista se detiene entonces en la estrecha relación que en la obra del cubano se da entre poesía e historia, y en las sutiles peculiaridades que aporta a su obra literaria, contemplada desde la era de la modernidad, ser un hombre proveniente de la periferia, pues “aquí ha sido el manejo del concepto de la historia, llenándolo de contenido concreto y cercano, el que le ha permitido liberarse de la dependencia que la modernidad europea acarreaba y entrar en posesión de sí mismo […] para referirse a la conquista voluntaria de la libertad (139).”También en este ensayo podemos encontrar fundamentos socio — históricos y socio — literarios a la idea de su poética que defiende contra el verso retórico y ornado el verso natural.

Un giro en los enfoques sobre Versos sencillos es ostensible en el ensayo “Indagación de la ideología en la poesía. Los dípticos seriados de Versos sencillos”, publicado por la revista Iberoamericana en su número correspondiente a julio — diciembre de 1980. Este es un ensayo ambicioso, abarcador, que prueba la armonía multiformal de un libro clásico. Constituye una lección de ejercicio receptivo, pues coloca a la figura que se analiza en simetría a los pensadores trascendentes de las diversas disciplinas humanísticas (Marx, Emerson, Whitman), y a los más destacados teóricos del momento (Levi–Strauss, Deleuze, Barthes, Foucault, Freud). La objetividad con que se asume el poemario es una de las causas de la revelación auténtica del mensaje. En otros estudios académicos, en general, lo objetivo no traspasa la mera exposición fría de los hechos, sin arribar a frutos plenos.

El desentrañamiento de valores ideológicos en el estudio del poemario, su imbricación con el momento histórico vivido por Martí y sus correlaciones con el contexto no son esquemáticos, ya que se trata de un análisis que va del texto al contexto para volver a él, y no parcializa para nada una personalidad en que estos valores eran cuestiones medulares de su pensamiento. Si hoy se clasifica su crítica literaria como esquemática y se desmiente al  afirmar que “… en el terreno de la literatura no hay lucha cultural antiimperialista” podemos proclamar que en Martí, y particularmente en este libro, los elementos ideológicos demuestran lo contrario. En Martí es luminosa la evidencia. Rama desde su ejercicio solo ha aportado el fundamento exegético.

En el estudio “José Martí en el eje de la modernización poética: Whitman, Lautreámont, Rimbaud”, publicado en la Nueva Revista de Filología Hispánica de México en 1983, vuelve a insistir en que la poesía es “una capacidad única para traducir el funcionamiento de lo real”, y profundiza en las características del poeta visionario, y en la mutación de la poesía martiana a partir de su estancia norteamericana. Uno de los aspectos más novedosos de su ensayo es contemplar al dolor, asunto tan definidor de la poética martiana, como reflejo de la máquina productiva que es el hombre en el capitalismo, a tal punto que llega a llamar a la inspiración “automatismo síquico–poético.” Para culminar definiendo los tres rasgos anotados de la estética martiana en apretada síntesis, que supone un arduo ejercicio receptivo. Ellos son:

  1. El rigor cognoscitivo atribuido a la poesía.
  2. El nivel superior en que puede dar cuenta de la macroestructura del universo diseñando sus leyes.
  3. La utilización de repertorios de imágenes cargados de significación precisa que los reconvierten en signos, y que pueden explicarse […] por una impostación realista de su arte.

Como vemos, este ensayista ha llegado a la esencia del poeta cubano sin escribir demasiado, sólo dando el corte desde una inteligencia trascendente.