José María Vargas Vila, el controvertido

Entre los personajes polémicos de la literatura latinoamericana figura un colombiano que conoció a José Martí, sintió profunda admiración por él y visitó la Isla. Se nombra José María Vargas Vila.

Nacido en Bogotá en 1860 —por tanto, siete años menor que el Héroe Nacional cubano—, desde joven se involucró en las luchas políticas de su país, ya como periodista, orador o agitador, pues fue hombre de pluma y de palabra encendidas, que lo llevaron a ser perseguido y emigrar. Todo ello lo hizo pronto conocido.

En 1891 viajó a Nueva York, donde estableció relaciones con otros expatriados latinoamericanos y conoció a José Martí, cuya entrega a la causa cubana y talento lo cautivaron. Coincidieron en actividades patrióticas, políticas y tertulias literarias. Al cubano tampoco le fue ajena “la peroración cadenciosa, inspirada, valientísima del colombiano Vargas Vila”. En la gran urbe fundó Vargas Vila la revista Hispanoamérica y el diario El Progreso, además de publicar un libro desafiante contra los caudillos y dictadores de América Latina.


Foto: Cortesía del Autor


Este escritor, de palabra temida en los círculos de poder, abogó por la libertad de los pueblos e hizo público tanto su marcado anticlericalismo como las críticas al expansionismo norteamericano. Muchas “leyendas” se incorporaron a su personalidad, fueran o no reales, entre ellas que odiaba a las mujeres, a las monjas, a los ricos; que su vida era escandalosa, signada por la perversión, el anarquismo, la violencia, el satanismo… Se le tildó de “desbocado blasfemo, desvergonzado calumniador, escritor deshonesto” y otras muchas lindezas en un libro tan curioso como arbitrario que llevó por título Novelistas malos y buenos (1910), firmado por Pablo Ladrón de Guevara.

Vargas Vila estuvo en Cuba en tres ocasiones. La primera en 1923, de paso para México; la segunda en 1924 y la tercera a partir de enero de 1926. La fotografía que acompaña a este texto es “uno de los pocos retratos que Vargas Vila se hizo en Cuba”.

Durante la segunda estancia se movió por toda la capital, se tomó fotos, redactó algunas memorias y residió por cierto tiempo en zonas aledañas a La Habana. Escribiría en su diario: “… Heme aquí, llegado de nuevo a las playas oro y azul de esta isla maravillosa, donde la sombra doliente de José Martí parece extender sus brazos para recibirme. Recobro el imperio de mí mismo. ¡Bendita sea!”.

De no menor interés resulta apuntar que el diario secreto del escritor, el cual recoge consideraciones personales, políticas y filosóficas como todo documento íntimo, se conservó por largo tiempo en La Habana, donde murió su ayudante personal. Después, el diario pasó por diversas manos hasta ser depositado en la Fragua Martiana, para posteriormente ser donado por Cuba a Colombia.

“La vida es una fuente inagotable de decepciones, tal vez porque es una fuente inagotable de esperanzas”, sentenció. Poco más resta por apuntar sobre José María Vargas Vila que no sea del dominio de todos. Murió en 1933 y de su estilo se ha comentado que era grandilocuente, que gustaba de la adjetivación y el tremendismo, que era apasionado y tenaz, efectista en demasía y concluyente en sus juicios. Fue un escritor muy popular y leído. Su obra tiene altas y bajas, y no es ocioso decir que José María Vargas Vila era en sí mismo todo un personaje.