José Luis Díaz-Granados

En el libro La Paz en Colombia, Fidel hace un resumen de los aportes de Cuba al proceso de paz; él tuvo muy claro todo desde un inicio. En el texto se aprecia su conocimiento de la historia del país. Muestra de ello es que los gobernantes de Colombia siempre han acudido a él para consultas por su memoria prodigiosa.

Cuando Salvador Allende tomó el poder en Chile, creía ingenuamente en el sistema democrático de su país y Fidel, en su visita de 1971, le dijo que tenía que tener mucho cuidado, a lo que Allende le respondió que creía en sus Fuerzas Armadas y su sistema democrático. Fidel le reiteró que si les daba las calles a los fascistas, lo tumbarían; como en efecto, sucedió.

Fidel tenía algo que decir para cada país, para cada gobernante.

Es algo simbólico e importante, es un emblema y una alegoría, que cuando se firma el Acuerdo de Paz, es que Fidel muere. Mientras estuvo en su “cuartel de invierno”, siguió cada detalle del proceso.

El legado que deja Fidel para América Latina y, en especial, para Colombia, es que transformó su ideario y la realidad de América Latina y el Caribe. Enseñó a pensar de una manera diferente, aun a las personas de izquierda. Supo enseñarnos que pudo resolver las necesidades básicas de su pueblo, que erradicó el analfabetismo, la mala salud, y llevó adelante todo lo que contribuyera a la alegría y el bienestar del pueblo.