Jornada Cucalambeana: que no calle el guateque

Los tallos que fueron el sostén de frondosos bambúes que durante años dieron cobija al lugar más paradisíaco de Las Tunas, permanecen inertes, testigos de canturías, de controversias, de un jolgorio que devela la cultura más auténtica de la campiña cubana.

Ahora, trocados en símbolos, están al lado de los nuevos bambúes que hacen de la finca El Cornito el lugar soñado para cantar, decir décimas, bailar y hacer sonar las maracas, los cueros y las cuerdas del laúd, el tres y la guitarra.

Reducidos a troncos por el implacable, otrora fueron la matriz de los follajes que sirvieron de inspiración a Jesús Orta Ruiz (el Indio Naborí), Ramón Veloz y Coralia Fernández; Celina González, el dúo Los Compadres, el Jilguero de Cienfuegos, Justo Vega, Adolfo Alfonso, Faustino Oramas…


La exposición paisajística, uno de los espacios tradicionales de la jornada. Fotos: Yaciel Peña
 

Al igual que esa metamorfosis de la naturaleza, puede hablarse entonces de los hombres y mujeres de hoy, que siempre han estado al lado de las leyendas de la improvisación, el canto guajiro y la estrofa nacional, sin olvidar nunca el árbol genealógico de la poesía popular: Juan Nápoles Fajardo (El Cucalambé, 1829-1861).

La primogénita Jornada Cucalambeana, que este año desarrollará la edición 50 (dejó de efectuarse una), del 28 de junio al 2 de julio entrante, tuvo lugar en la Plaza Calé de Las Tunas en 1966, y en los tres años siguientes las fiestas se trasladaron al estadio Julio Antonio Mella y a la actual Plaza Cultural, hasta que en 1970 se declaró a El Cornito como sede permanente.

No podía haber otro escenario que esta finca, para reunir cada año a lo mejor de la cultura popular, material y espiritual de Cuba, pues allí permanecen las ruinas de la casa (Mi Rústico Hogar) donde vivió Juan Nápoles Fajardo.

Esas ruinas volverán a ser la sede del Catauro de la Décima, un espacio destinado a los intelectuales invitados a la jornada, para intercambiar, improvisar y dar a conocer los ganadores de los concursos en décima escrita y el de glosa Canto Alrededor del Punto.

El otro concurso de alto vuelo, el Justo Vega, de improvisación —activado desde 1994 y diseñado para jóvenes—, mantendrá su escenario natural, al aire libre y debajo de frondosos bambúes, sede de un segmento internacional para los exponentes de países que han confirmado su asistencia: Colombia, México, Puerto Rico, Argentina y Alemania.

Ramón Batista, director fundador de la Casa Iberoamericana de la Décima, explicó: “Este año se rescatará el paseo en coche de las aspirantes a Flor de Birama, las que serán elegidas en un espectáculo el día 30 en el anfiteatro de la sede, a partir de las cualidades físicas y espirituales de las muchachas representativas de los campos cubanos.

“El tradicional desfile que se desarrollaba desde la calle Cucalambé hasta la Plaza Cultural —amplía—, en esta versión comenzará en la Plaza Martiana, donde estuvo ubicada la casa natal del bardo, y terminará en el Centro Provincial de Artes Plásticas, escenario de las exposiciones de décima ilustrada, paisajes y artesanía popular”.


La Flor de Birama se selecciona a partir de la belleza física y espiritual de las muchachas de campo.


Batista reconoce que sin la Jornada no existiría la Casa Iberoamericana de la Décima de Las Tunas, anfitriona de la promoción de las tradiciones campesinas y de los talleres infantiles de repentismo y de la enseñanza del laúd y el tres.

Papillo: no más un paso atrás

Luis Paz (Papillo), director del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, que lleva un cuarto de siglo participando en el convite, considera que el evento comenzó a perder terreno cuando la Jornada dejó de tener carácter nacional.

“Desde entonces se ha debilitado la autoestima, pero sin que la gente haya perdido el espíritu de disfrutar cada año de la cultura campesina”, precisó el también repentista, quien consideró que para no continuar perdiendo terreno en los festejos, es necesario garantizar el transporte para los participantes y los espectadores, situación muy difícil en las más recientes ediciones.

“En esta Jornada 50 se requiere redimensionar los espacios y cambiar la puesta en escena, mientras el Coloquio Iberoamericano debe hacerse más ameno para que el público participe también, de manera que los resultados de las investigaciones no solo queden entre estudiosos del tema”, sostuvo.

A propósito del Coloquio, el evento teórico más importante de la cita cultural, que se efectúa cada dos años sobre investigaciones vinculadas a distintas variantes de la espinela, se celebrará en la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García, con un homenaje a los investigadores Virgilio López Lemus y Maximiliano Trapero, de Islas Canarias, fervientes defensores de las tradiciones en este espacio.

La ciudad de Las Tunas será anfitriona también de un encuentro con fundadores, de las exposiciones Figuraciones Guajiras, de Rogelio Fundora (el Guajiro que pinta), y una personal de Adigio Benítez (ya fallecido). En la propia urbe acontecerá un recital de mujeres decimistas y espectáculos infantiles.

El Cornito, corazón del jolgorio

El corazón del jolgorio estará en El Cornito, a cinco kilómetros de la ciudad cabecera tunera, en el homónimo territorio oriental, a partir del 30 y hasta el domingo 2 de julio. Por el día se efectuarán canturías, descargas y bailes; y por la noche habrá actividades dedicadas a las flores de Birama, El Cucalambé, al Indio Naborí y a delegaciones extranjeras.


Los bailes típicos caracterizan el jolgorio


Para imprimirle valor recreativo al emblemático paraje, en la década del 80 del pasado siglo se construyó un motel, que sirvió para alojar a los artistas participantes en las Jornadas y el disfrute popular.

Pero el implacable está en todos lados y no perdona. Las instalaciones fueron deteriorándose y solo recibían una atención cosmética cuando se acercaban las cucalambeanas. Ello originó que antes de esta edición 50, de las 180 cabañas existentes, solo era posible utilizar 30.

La estrategia planteada por las autoridades decisoras para este año obvió el programa cosmético de ediciones anteriores. Ahora el objetivo es el de dejar totalmente lista cada instalación que se incluya en el programa de reparación, mientras el presupuesto lo permita.

Luego vendrán otras etapas, hasta que recupere su esplendor este complejo recreativo-cultural, para mantener con vida el Guateque Supremo del Campesinado Cubano, como bautizó a la Jornada el Indio Naborí.