Joel James: de las letras y la estirpe

Guanabacoense, banense, santiaguero, caribeño. De todo eso fue, es; sobre todo un fundador, con una indudable originalidad en su aporte intelectual. El compositor Electo Silva (un poco en broma, un poco en serio) afirma que Joel hablaba popular, pero pensaba culto. Una robusta obra ensayística, investigativa, narrativa, organizativa y filosófica, acompaña el paso de Aníbal Joel James Figarola (13 de enero de 1942-27 de junio de 2006) por la cultura de su país.

foto de Joel James Figarola historiador y antropólogo cubano
Joel James Figarola, historiador y antropólogo. Fundador de la Casa del caribe y la Fiesta del fuego. Fotos: Internet 


Es inevitable recordarlo ahora que concluye el X Coloquio Joel James In Memoriam en la Casa del Caribe que él mismo fundara a principios de los 80. Los intelectuales de América y el Caribe que se dieron cita en el evento, destacaron su profunda inmersión en la tradición como afluente decisivo en la supervivencia de nuestras naciones.   

Autor de títulos como La gran nganga, Caballo bermejo, Hacia la tierra del fin del mundo, José Martí en su dimensión única, El Caribe entre el ser y el definir, En el altar del fuego y Vergüenza contra dinero, entre otros, su aporte teórico se halla en permanente descubrimiento.

Joel James y los intelectuales nucleados alrededor del vigor del Caribe como espacio cultural antes que geográfico, nos hicieron mirar hacia adentro y hacia al lado. El territorio vecino se corporizó como geografía, como poesía, como creencia, como sustrato. Así lo explicaba:

Un sistema conceptual capaz de explicarnos el Caribe desde sus esencias, nos proporcionaría una explicación del mundo muy distinta de las hasta ahora existentes, con probable alejamiento del componente eurocentrista (…) No quiere esto decir que tenemos que desechar la cultura universal para explicarnos el Caribe; quiere decir que todo ese acervo ha de ser puesto en función de las definiciones de las realidades de la región si queremos alcanzar a comprender estas mismas realidades” [1].

La Casa del Caribe y el Festival que le prohijó (a mi entender, obra viva del pensamiento de Joel), vertebró a un mismo tiempo esfuerzos investigativos y reconocimiento práctico. No es poco. Hizo que el Caribe hablara por sí mismo, que renovara su altura, que las voces, la magia y el sacrificio tuvieran un lugar. El Festival del Caribe marca un parteaguas en la percepción de esta zona e inicia una revaloración intelectual del aporte popular al cosmos espiritual cubano; si bien su hondura rebasa con mucho el ámbito nacional, e incluso el caribeño.

“La cultura popular tradicional se hace y se rehace a sí misma en virtud de los impulsos anónimos de hombres y mujeres, también anónimos, de los pueblos. (…) esto constituye un milagro y al mismo tiempo constituye un misterio (…) Continuemos haciéndolo con todo el respeto y la libertad, que son factores determinantes de la historia y la cultura cubanas” [2].

El pensamiento de Joel James brilla con especial intensidad y perspicacia en el volumen Vergüenza contra dinero. La filóloga y poeta Marisol Mendoza Carrazana (editora inicial junto a Jesús Cos Causse) nos ha contado la viacrucis del libro, a través de un esclarecido estudio psicológico y social, con su verbo indomable de siempre. Fue un volumen que levantó ojerizas en algunos, que emergió en una modesta imprenta santiaguera (1996) y que hoy, con varias ediciones, constituye una muestra de honestidad intelectual.


Con Harry Belafonte


El libro de James retomaba aquella consigna que enarbolara Eduardo Chibás y el Partido Ortodoxo en época republicana del pasado siglo, y hundía sus análisis en la Cuba contemporánea, en sus factores éticos y su economía, en los peligros contra el entramado de la nación. No es posible ignorar sus palabras:

Lo que se encuentra detrás de Vergüenza contra dinero y en las profundidades de nuestro ser nacional, es la curiosa capacidad de la cubanía para salvarse de las acechanzas contra su propia existencia, sean estas acechanzas provenientes de fuera, o, las que son peores, resultado de excrecencias propias. Una cultura fraguada con una dimensión de sacrificio, en permanente lucha contra la injusticia y el vicio, ha desarrollado como componentes suyos muy íntimos, recursos contra todas las amenazas del abuso y la corrupción (…) existen los que no se dan cuenta de nada y los que no quieren darse cuenta de nada [3].

A Joel James le escuché en presentaciones de libros, conferencias, inauguraciones y asambleas. Participó en las luchas contra la dictadura de Batista y diría que nunca se quitó sus botas de combatiente. Le buscaban intelectuales de renombre mundial, ilustres desconocidos, santeros, su gente de los grupos portadores. Parecía estar en todos lados. Siempre me extraña verle detenido en el metal, con su barba y sus espejuelos característicos, a quien fuera padrazo, motor y ceiba.

Admiraba su andar sin miedos, su apego a lo que creía, y no podré olvidar aquella tarde en una revista radial. Iniciamos un diálogo fértil, francamente retador, donde hablamos de la sociedad que tenemos y de la sociedad que soñamos, de sus libros, del Festival del Caribe, de los fulgores y de los desaguisados de esta sociedad que soñamos, sufrimos y construimos.

A Aníbal Joel James Figarola la cultura cubana le debe más de lo que suele admitirse. Irremediablemente, su universalidad no hará más que crecer. Su producción intelectual (hecha en medio de múltiples avatares y responsabilidades), no solo hay que buscarla en sus libros, sino también en su estirpe. Se le extraña.   

 

Notas:
1. Joel James: “El Caribe, entre el ser y el definir”, en La Jiribilla, No. 487, http://epoca2.lajiribilla.cu/articulo/8154/el-caribe-entre-el-ser-y-el-definir
2. Joel James: “Reflexiones sobre la cultura popular tradicional”,  http://www.lajiribilla.cu/reflexiones-sobre-la-cultura-popular-tradicional
3. Joel James: Vergüenza contra dinero. Casa del Caribe. Taller Argenis Burgos. Industrias Locales, diciembre de 1996. pp. 7-12.