Joel del Río:

Como sistema, el proceso de nominación y premiación de los Lucas me parece bien, pero está demostrado que no vale para nada. No vale para nada que uno pase tantas noches visualizando casi 300 videoclips para seleccionar los mejores, porque al final nos damos cuenta de que se trata de un show espectacular. Lo importante es la espectacularidad. Se supone que el voto es secreto, que cada jurado no sepa por cuáles videos se decidió el otro, pero como no tienes acceso a esa información, luego te quedas impactado ante el resultado.

Este año, por ejemplo, hubo un empate en la categoría de Video del año. Estaba Joseph Ros con dos de sus videos: Final obligado, de Joaquín Clerch y Dame Guerra, de Buena Fe. Orlando Cruzata determinó llegar a una decisión a través del voto de los telecentros en el país, anulando así el trabajo de los jurados. Finalmente, como es de esperar, ganó el tema musical, no el video. Y esto no es una competencia de música. Cuando se trata de la deliberación del jurado, es la deliberación del jurado. Es normal que entre 12 especialistas haya un empate, pero eso se soluciona reuniendo al jurado nuevamente, convocándolos a que lleguen a un consenso por aquel audiovisual que creen mejor. Y Final obligado, de Clerch es, a mi parecer, mucho mejor que Dame Guerra, de Buena Fe, que es un buen video, pero no el mejor.