Joaquín Cuartas: Entre el mito y la realidad

Es el escritor radial más premiado (12 grandes premios en los festivales nacionales de la radio). Desde que comenzó a escribir, a finales de la década de los 60, su imaginación no ha parado de concebir radionovelas, teatros, cuentos, programas infantiles. Fiel seguidor de Félix B. Caignet, a quien considera su maestro y homenajeara en 1996 con su novela Cuando la vida vuelve. Ganador de un premio Casa de las Américas y los premios españoles de teatro “Margarita Xirgú” y “Tirso de Molina”.

Entre el mito y la realidad 

“Escribir para la radio no es un oficio difícil pero sí arduo porque tienes que hacerlo todos los días. Estás atrapado dentro del mundo de una novela, un cuento, una aventura. Cada obra en sí misma encierra un universo que tú creas. Si es una versión, es un universo creado por otro pero tú lo estás realizando y haciéndole cambios, porque muchas veces lo escrito para un libro no es exactamente lo que sale en radio. En radio lo que prima es el diálogo y una buena narración, un buen estilo de narrador”.

Estas fueron las primeras palabras que Joaquín Cuartas me dijo, grabadora en mano, cuando logré que se apartara de la máquina de escribir y se instalara en un butacón de la sala para conversar.

La entrevista sucedió en un abrir y cerrar de ojos: Joaquín, interrumpido en plena labor creativa, a pesar del acuerdo previo, no concedió minutos de más. La escritura lo llamaba imperante y él respondió a mis preguntas con exactitud, guiado por la fidelidad de años.

Con el desenfado que le caracteriza ofreció diversas pistas para comprenderlo como autor y hombre, y, de ser posible, desbaratar el mito que sobre él se cierne, después de entregar a cientos de oídos cubanos novelas como La canción del Shannon, Viento Sur, Crónica social, Cuando baja la marea, Historias de amor y olvido, Cuando la vida vuelve, entre otros cuentos y teatros.

Si usted recuerda los altoparlantes situados en Infanta, frente a la emisora Radio Progreso, la calle abarrotada de gente que escuchaba el último capítulo de Cuando la vida vuelve, en el año 1997; entonces tiene que saber que ese acontecimiento marcó, para quienes tuvieran dudas, el regreso indiscutible de la radionovela cubana. Constituyó el mejor homenaje que Joaquín creyó podía hacerle a Félix B. Caignet, demostrar que aquellos recursos que el santiaguero utilizó en El derecho de nacer, continuaban siendo efectivos a finales del siglo XX.

A sus 70 años Joaquín Cuartas constituye, sin discusión, uno de los autores radiales más queridos por los radioyentes cubanos. Dueño de una imaginación sin límites, maestro de la ironía y poseedor de un fino sentido del humor, cada día se debate entre las criaturas y los mundos que crea, esperando secretamente que la realidad en que vive no sea más que otra de sus ensoñaciones.

¿Cómo le llegan las historias?

Mis historias no son de la realidad, aunque la vida real a veces sorprende. Tomo las cosas de películas, de otros escritores, no hay nada nuevo bajo el sol; todo es una recreación constante, tomar lo que existió y volverlo a recrear.

¿Cómo crea a sus personajes, de qué moldes los extrae?

Los personajes parten de un ente imaginativo casi siempre. No me baso en hechos de la vida real, mis personajes son muy imaginativos, porque en la vida real sí hay historias muy buenas pero nunca tienen el vuelo que tú le puedas dar imaginativamente.

Puedes tomar una historia real cambiarla, reconstruirla y darle todo el vuelo que quieras. Sin embargo, necesariamente, con una historia real estás constreñido al hecho y a la personalidad de cada una de las personas que intervienen y de ahí no puedes escapar.

Soy creativo en cuanto a los personajes, unos son de farsa, otros de comedia, de tragicomedia, de pieza, o sea, de los diferentes géneros teatrales. En la radionovela funcionan todos porque un personaje puede ser trágico, de comedia, de pieza, que empiece y termine en lo mismo y así. Claro que cuando escribo teatro ya soy más formal en cuanto al género.

Mis personajes deben poseer humanidad, bondad, sacrificio. No me gusta la vulgaridad.

Dentro de la galería de personajes que ha creado, ¿podemos hallar algunos recurrentes?

A los personajes tienes que sentirlos de carne y hueso. Por ejemplo, el peor momento para mí es cuando termina una novela porque tengo que olvidarme de ellos. Para la próxima no puedo tenerlos en cuenta porque si no los estoy repitiendo. Eso, precisamente, me sucedió en la novela Cuando la vida vuelve con el personaje Beba Salavarría. Después lo saqué en la novela Cuando baja la marea como Loló Sotolongo y en otra como Serafina Santinez.

Ese personaje lo arrastro mucho por tratarse de una mujer muy simpática. Esos personajes recurrentes los arrastras y solo les cambias el nombre porque los amas mucho y no te desprendes de ellos. Además, esa Beba Salavarría, un día de pronto me salió cuando escribía un capítulo. Le pregunté: “¿y tú que haces aquí?” porque no lo había planificado. Los personajes se le aparecen solos a uno”.

Siendo un hombre tan irreverente, ¿cuánto respeta el formato de la radionovela?

Lo rompo a veces, depende. Por ejemplo, hay una escena y un personaje le dice al otro: “deja que venga el próximo bocadillo que voy a acabar contigo”. O sea, hay una ruptura pero tienes que tener cuidado con eso porque al público le gusta la novela muy clásica, a la cual están acostumbrados.

¿Qué aspecto cuida en la construcción de sus novelas?

Me interesa cuidar el lenguaje.

¿Qué cree del estado del dramatizado actual?

Debía mejorar, no es la radionovela hecha 10 ó 15 años atrás. No es mala, hay buenas novelas, buenos escritores, pero debía mejorar la realización, la cual a veces no acompaña.

¿Cuáles consejos daría a los jóvenes que quieran dedicarse a la escritura radial?

Trabajar, trabajar, trabajar. Tomás A. Edison decía que la creación era un 95 por ciento de sudor y un cinco por ciento de inspiración. Esa es la única solución.

Fragmento de una entrevista inédita realizada al escritor el 20 de febrero de 2008