Iván Capote. La palabra es su universo

La obra plástica de Iván Capote está fundada en el valor visual y conceptual de las palabras. Sobre ellas ha levantado su universo creativo como nuevamente puede constatarse en su reciente exposición personal en la Galería Habana en enero de este año.

Son asumidas las palabras y las frases con intenciones de musitar en voz baja verdades de una fuerza inobjetable. Las disloca además en sus letras. Maneja de un modo característico el contexto referencial, abstraído de las inmediateces de identificación. Con eso se propone desmontar los discursos, al abrir senderos de sentidos desestabilizadores que se aventuran a entrar en zonas conflictuales; problematizar el poder de efectividad comunicativa inmediata del lenguaje al cual en cambio torna misterioso en una propuesta influida de corrientes experimentales de la poesía, con intenciones de trascender el mero hecho del contenido textual para adquirir una visualidad distributiva entre las palabras y las zonas de vacío dentro de la página. Aspecto a mi juicio proyectado en su forma de distribución de las obras dentro del espacio galerístico, jugando entre llenos y vacíos. Es decir, el espacio expositivo es manejado como poesía visual con esos acentos y vacíos alternándose, distribuyéndose solidariamente, reclamándose interrelacionados.

En sus obras las palabras son las constitutivas de sus formas artísticas. Adoptan una pose performativa, actúan frente a los espectadores, no importa si el público es avezado en descifrar el lenguaje del arte contemporáneo o está a la zaga de ellos. Para todos los presentes y aun en ausencia de estos, representan su acción visual aun cuando la pieza concebida, permanezca y nada posibilite actuar con ella más que a nivel del pensamiento en la direccionalidad y recorrido detallado de la mirada.

La plasmación tridimensional de las palabras las convierte en esculturas. Sus obras desprenden un sonido silencioso en la esencialidad de sus formas inspiradas en la estética minimal. Nada, nada ha de haber eliminable en la pieza. Tanta es su desnudez. Su ascética concentración formal la hace cargarse de una energía interior.

Las palabras sirven para nombrar las cosas y como si se tratara de los comienzos del mundo da cuenta de solo aquellas a su juicio primordiales para levantar la vastedad de un universo de sentidos. Los modos de tratarla físicamente y los materiales empleados siguen esa directriz. Interesado en pugnar beligerantemente al público a nivel conceptual con sus piezas, su decodificación no está a flor de piel. La sequedad de sus piezas es por demás notable.

Su arte no se aleja de los contextos nacionales pero los interpreta de una manera personal. Es crítico pero los juzga con frialdad en sus enunciados artísticos, sin arrastre emocional. Es intelectiva su manera de comunicarse artísticamente. No hay complacencia sensorial. Se da justamente lo esencial en un purismo extremo. Su método parece estar dispuesto a la rigurosidad metódica cartesiana de descomponer un fenómeno hasta sus unidades mínimas.

Sus cuadros realizados mediante plantilla, dibujan con trazo fino una palabra, en otros casos una frase con una caligrafía en múltiples ángulos. El resultado traspasa por ese procedimiento su condición semántica y se convierte en líneas ornamentales con el vaciamiento de sentido. Representa y alerta de ese modo sobre la quiebra del valor comunicativo de la palabra cuando es convertida en retórica, cualquiera sea su aplicación, en la política, la cultura o específicamente en el arte.

Carga de densidad semántica a sus obras. Ve en eso su responsabilidad como un artista analista, escrutador del poder de encubrimiento de las palabras. Es sarcástico el empleo escultórico de estas para desde el lenguaje asestar un contragolpe al poder engañoso de las palabras. Busca poner al descubierto ese carácter falaz al cual están posibilitadas de ser usadas, lo que estas encubren: las sutiles veladuras sociales de las cuales se reviste. Lo hace con un sentido lúdico, pero no jocoso, al mover alguna letra o varias sacadas de su posición y resituarlas en el contexto expositivo de la pieza como acentos, guiños visuales al observador. Muestra cómo el lenguaje tiene la capacidad de ser explorado hasta servir de reflexión sobre los límites del mismo en su capacidad de decir o falsear la realidad.

En No more word(s), una de sus piezas expuestas, utiliza el procedimiento de frases aseverativas que pueden tener un consenso general en circunstancias donde el hastío de la palabra manipulada por las esferas de poder de cualquier índole, sobresatura la paciencia de quienes la escuchan y pugnan por un cambio.

En otras la combinatoria de letras iguales le permite “jugar” a componer palabras con sentidos diferentes como hace con la palabra WONDER (DESEAR, SABER, PREGUNTARSE) donde se repetían varias letras con el propósito de reestructurarse en forma de anagrama al recolocarlas en otro orden, acción que bien pudieran hacer los propios espectadores y no solo el artista para condicionarlos a encontrar aquellas palabras posibles a ser conformadas con las mismas letras, aunque no está concebida con ese alcance.

Este modo de componer estructuralmente sus obras mediante palabras y el modo de ordenarlas socava el sentido inicial de la palabra mostrada, lo recompone y resitúa en otra dirección de sentido. Así ocurre con la palabra HERITAGE (HERENCIA). Dejaba entrever en la manera de distribuir espacialmente algunas letras en la instalación, la formación visual de otra palabra, RAGE (RABIA, IRA, FURIA, VIOLENCIA) donde las otras letras en parte fracturadas indicaban lo contrario a la preservación del legado en contrapuesta alusión a ese abandono.

En FE esa palabra sirve de apoyo para empujar y entrar a un espacio muy amplio pero sorprendentemente vacío, en un sentido directo al vaciamiento de la fe, de su inefectividad para aliviar el dolor humano o impulsar las acciones con un sentido esperanzador. 

Otro procedimiento tiene lugar con otra pieza constituida por un gran vaso con letras en bronce sumergidas dentro de este, con una letra S fuera en la repisa, que a decir de su autor, bastaría agregar esa S para desbordar el gran vaso, ya de por sí colmado de agua, porque introducir esa letra implicaría llenarlo de más mentiras —esas son las letras de la palabra contenida en su interior— al traspasarse peligrosamente los límites de la aparente calma y estabilidad física mostrada. Es la apropiación artística desde lo visual de la sabia y comprobada frase popular de “unas gotas más desbordan el vaso y el desorden se desencadena con todas las implicaciones asociadas”.

O en la palabra DESEO mostrada en dibujo y en una larga cadena metálica a su lado, con las connotaciones coactivas de ese encadenamiento, la cual como grito silenciado se ha materializado y escapado casi sin aliento, prolongado indefinidamente para ir de un extremo a otro de la sala cual si pudiera continuar imaginariamente y traspasar los muros de la galería llegando a reclamar la atención del público de la calle.

En OWN (TENER, POSEER), al que titula Mantra Occidental, es expresivo de sus ideas de artista en torno a las veleidades del pensamiento occidental, arraigado en la posesión desenfrenada de bienes materiales donde tener más y más bienes, riquezas y comodidades es la meta de esas sociedades fundadas en el valor del dinero, en verdad sometidas a la rueda de la fortuna: hoy floreces y mañana te arruinas. Indicado por Capote al situar las letras de esa pieza en la pared y a su alrededor los inciensos a ser quemados ante el público, en expresión simbólica de lo consumible, de lo que arde y desaparece para siempre sin dejar nada.

Él es partidario por el contrario de los valores espirituales promulgados desde la Antigüedad por la filosofía hindú, donde una palabra con sonoridad semejante es el mantra de la vibración universal, el cual comunica un gran poder a quien lo emite devocionalmente, según los presupuestos de esa filosofía y religiosidad oriental. Para esa cultura los verdaderos valores humanos trascendentes han de hallarse en el espíritu al cual se llega por la desposesión y desprendimiento de todo lo material. Al punto que solo el cuerpo cuenta y la voluntad de mejoramiento interno para lograr el desprendimiento gradual de todos los fardos dejados por las vidas individuales en sus pasadas reencarnaciones. Sigue esta cultura y otras afines, la idea de mientras las riquezas materiales se consumen, las del espíritu sobreviven.

La austeridad y sequedad sensorial de sus piezas responden a mi modo de ver a una identificación con esa manera espiritual oriental de alcanzarse la concentración al despojarse de todo lo accesorio. Con eso Iván Capote cierra filas a las concepciones que se vanaglorian de las sociedades del espectáculo, del brillo y el esplendor falso, sea cual sea el fundamento de ideas acerca de ese esplendor, susceptible de ser ilusiones seguidas en muchas vertientes de la vida individual y también en las ideas y formas de organización que mueven a las sociedades.

Finalmente dejamos la observación de intuir en la distribución espacial de las piezas en la reciente exposición en la Galería Habana en enero de este año un cuidadoso ejercicio curatorial desarrollado por el propio artista, que tiene por presupuesto el dejar un considerable espacio separador entre las piezas a fin de  aislarlas visualmente y permitir a los espectadores concentrarse en la observación detenida de cada una, sin generarse tensiones visuales de atracción entre ellas. Ha sido montada según igualmente creemos ver, con la pretensión de desplegar sobre todo más allá del referido tratamiento espacial, una estructura discursiva mediante sus piezas a manera de la organización de un texto escrito, donde estas a la manera de palabras se ordenan de un modo secuencial escogido por el artista-curador, aunque posible de cierta libertad de reordenamiento compositivo sin producirse en cambio una variación del sentido como es propio de los textos escritos, con la finalidad de conducir al público sagaz hacia una idea-meta.

De este modo evidencia este joven artista el operar en su creación artística y en su manera organizada de exponer, ser poseedor de un pensamiento calculador donde cada cosa ha de ocupar el lugar mejor a los fines expresivos y comunicativos.