Isaac Nicola: “Mi objetivo mayor ha sido formar músicos”
Foto: Archivos de Creart
 

Pulcro, atildado, fino en su guayabera blanca, fineza que viene del espíritu, más que de la inmaculada indumentaria, humilde con verdad natural, el padre de la Escuela Cubana de Guitarra, Isaac Nicola, Premio Nacional de la Enseñanza Artística, 1997, nos recibe con la cortesía y llaneza de maneras que le es habitual. ¿De qué otra cosa podíamos hablar, si no de la guitarra, fundamento estético, pedagógico y metodológico de su vida y obra?


 

¿Es cierto que la guitarra proviene del úd árabe?
Hay dos teorías sobre su origen. Se sabe que la raíz de casi todos los instrumentos musicales está en el Oriente, civilización que se desarrolla mucho antes que la nuestra u occidental. Por eso, para muchos, la guitarra desciende del laúd árabe (úd como le llaman ellos), llevado a España en el siglo VIII. No comparto esta teoría, sino la de mi maestro Emilio Pujol, alumno a su vez de Tárrega, basada en la investigación de la inglesa Katherine Schlesinger, sobre el violín, aplicable a la guitarra. Según ella, los romanos llevan la lira y la cítara al resto de Europa y la parte norte de España, en los siglos VII, VIII... Ello da origen a la crota, cuyas sucesivas modificaciones, introducidas por los constructores españoles, es fuente de la viola y toda la parentela de la guitarra. Es decir, un instrumento de fondo plano, en forma de 8, que se dice cuerpo de mujer, con mango, relativamente largo, que se tocaba con arco, plectro o con la mano, según las posibilidades. Mientras el laúd, llevado por los árabes, tiene forma de media pera, cortada longitudinalmente, posee fondo abombado y mástil corto.

Los que sustentan la teoría de que desciende del úd, todavía no han explicado cómo dejó de tener el fondo abombado, la forma de media pera, el mástil alargado, ¡qué evolución! La teoría de Pujol es más lógica, a mi modo de ver. Además, cuando los árabes llevan el úd a España, ya existía allí un instrumento de cuerdas que se tocaba con el plectro, arco o punteado. Siglos después se habla de la vihuela de mano. Sustento, y es mi teoría, que los constructores españoles tenían una técnica más sencilla para la fabricación y ante la dificultad que representaba la construcción del úd, adaptaron la técnica de fondo plano al úd. Corrobora esta idea el que en España existía el llamado laúd español, de fondo plano, miembro de la familia de las bandurrias, también usado en Cuba. Toda la familia de los laúdes -bandurria, mandolina, bandola...— en España se construyen con el fondo plano.

Siempre me pregunté, al estudiar su origen, cómo se transformó en un instrumento completo, distinto organográficamente, dadas las diferencias entre uno y otro.¿Así que la guitarra no es árabe, no es mora, no es gitana, solo romana?
Siempre me pregunté, al estudiar su origen, cómo se transformó en un instrumento completo, distinto organográficamente, dadas las diferencias entre uno y otro. España es el único país de Europa donde no tiene gran acogida el laúd renacentista europeo. ¿Por qué? Porque tenían la vihuela de mano que llenaba el mismo cometido. Sobran tratados de constructores de vihuela, pero no conozco tratados de obras de laúd publicados en esa nación.

Hábleme de la guitarra de hoy, en Cuba y el mundo...
La técnica evoluciona siempre por la exigencia de los compositores. Ellos plantean los problemas y así surgen cosas nuevas. Siempre se adaptó la guitarra a las exigencias técnicas y estéticas de cada momento. Pienso en Leo Brouwer, que inició en la guitarra mucha de su música y él ha sido y es un renovador, sin dudas y sin chovinismo alguno. Se da el hecho de que casi todos los compositores nuestros han escrito para guitarra y casi todos los guitarristas han sido compositores. Llegó un momento, producto del bloqueo de Estados Unidos, que no teníamos partituras ni textos para el estudio del instrumento y eso obligó a los compositores no guitarristas a trabajar para guitarra. Una necesidad de la Revolución, con tantos estudiantes en las escuelas de arte, casi sin textos. Luego, y producto de este esfuerzo, el estudiante de guitarra fue un privilegiado, porque tenía más textos de estudio que los otros.

También es norma de la escuela que fundó estimular la creación...
De la llamada escuela cubana de guitarra deben hablar los demás, sobre todo los extranjeros que han dicho que en Cuba se hace una cosa distinta. La guitarra que nos vino de España, como el idioma, canta en cubano. En toda Latinoamérica es el instrumento musical más popular: nuestros pueblos la asimilaron, como el idioma. Existe una guitarra argentina, venezolana, etc., independiente de escuelas, que ya es otra cosa. La técnica que he tratado de impartir (¿imponer?) es la que me llegó de Tárrega, por medio del maestro Pujol y yo la di a través de mi prisma, y mis alumnos, a su vez, la transmiten mediante el suyo, que es como decir características personales aparte, nuestra idiosincrasia, la de nuestro pueblo. Cada cual incorpora su propia creatividad, que es, como todos sabemos, la capacidad de romper continuamente los esquemas de experiencia. La escuela cubana de guitarra es creativa en este sentido, siempre trabaja, siempre hace preguntas, descubre problemas donde los otros encuentran respuestas satisfactorias.

La técnica evoluciona siempre por la exigencia de los compositores. Ellos plantean los problemas y así surgen cosas nuevas.¿Lo fundamental, pues?
Es la música. Mi objetivo mayor ha sido y es formar músicos más que guitarristas.

Obra poco común
Antes de la Revolución daba clases en el Conservatorio Municipal de La Habana, hoy Amadeo Roldán. Comencé allí en el ’48 y mi madre 20 años antes. La vida de mi madre da para un libro y si ella estuviera viva, el premio hubiera sido para ella. Clara Nicola ideó el método que luego yo perfeccioné (¿o desarreglé?) y luchó durante mucho tiempo porque la guitarra se enseñara en el Conservatorio, como una cátedra más, con igual dignidad que las otras. Muchos se opusieron a esto, entre ellos, recuerdo la fuerte oposición de Gonzalo Roig. Esa fue una batalla librada en difíciles condiciones, cuando había de todo y no había posibilidad de nada, época capitalista de la cual los jóvenes no tienen referencia.

Tres hermanos y la guitarra de estudio o clásica: Abel, Isaac y Clara, en ese orden. “A los 10 años, apareció mi hermana Clara, cuando ya nadie esperaba ningún otro. Fue el encanto de mi madre, disfrutó esa hija como no disfrutó de los varones. Era pequeño pero pude darme cuenta. Tengo un hijo, del cual estoy muy orgulloso, Noel, y una hija, que es la guitarra. Noel es muy serio, un poco ácido, pero buena persona, dicen todos quienes lo conocen y le tratan. Buen músico también, trovador legítimo.

La guitarra que nos vino de España, como el idioma, canta en cubano.Sentido vital de la creación
Con sus 70 primaveras, Isaac Nicola no se detiene. Trabaja ahora, junto a Martín Pedreira, en la revisión de los métodos de nivel elemental, pues aunque parezca inverosímil nunca se imprimieron los libros III y IV de su método: los alumnos de guitarra tuvieron que copiar como locos toda su vida. Impresos el I y II, al III y IV se le han añadido anexos y complementado en varios aspectos, aunque aún no están al alcance de todos.

¿Cuál es la música que más gusta al maestro?
Pues la antigua, la renacentista, ¡esa es mi pelota! Disfruto mucho al grupo Ars Longa en sus conciertos en la Basílica de San Francisco...

Isaac conserva una vihuela que se trajo de Europa, de su época de estudiante. Un luthier amigo la tomó prestada para hacer copia de ella y entregarla a dos jóvenes músicos que la necesitan. Ambas, la vihuela y la guitarra, apenas son tocadas por el Maestro. Pero eso era un secreto, ¿verdad?

 

Nota: Esta entrevista tal vez haya sido la última concedida por el maestro Isaac Nicola. Programada para salir en este número del 1ro. de agosto, en el proceso editorial nos sorprendió la noticia de su muerte repentina, a consecuencia de un infarto cardíaco, el lunes 14 de julio. Bohemia ha preferido mantener la estructura original de este trabajo periodístico y conservar así intacto el testimonio del eminente pedagogo.

 

Revista Bohemia. Año 89, no. 16, agosto de 1997