Isaac Nicola: el maestro y la escuela

Una escuela instrumental no es cualquier cosa. Se requiere sistematizar conocimientos, organizar metodológicamente sus contenidos, delinear conceptos pedagógicos, y contar con seguidores que aseguren su continuidad y desarrollo. Pero, además, debe contarse con peculiaridades técnicas y estilísticas, obras e intérpretes que se identifiquen con esos factores.

La Escuela Cubana de Guitarra es un hecho. Leo Brouwer, sin lugar a dudas su más encumbrado exponente, ha dicho que “es la suma de los elementos técnicos, un repertorio y una sensibilidad por parte de los guitarristas y los creadores con respecto a ese instrumento, la guitarra”. Precisado por el maestro mexicano Juan Helguera, Leo añadió: “Es difícil sintetizar, porque una escuela no se circunscribe a ciertos recursos sino que conlleva un status, una perspectiva histórica y un medio ambiente. Entre estos elementos destacaré la técnica procedente del maestro español Emilio Pujol, transformada por mi maestro Isaac Nicola y los aportes contemporáneos que al decir de la crítica derivan de mi trabajo. Además hay otro factor muy importante: la nueva generación de compositores, que nace de la conjunción de las dos anteriores”.

Fue al regreso de Europa, a inicios de los años 40, cuando Nicola, a partir de la experiencia pedagógica de su madre y de lo que aprendió con Pujol en la línea de continuidad de Tárrega, comenzó a forjar los principios pedagógicos y metodológicos de la Escuela Cubana de Guitarra.Como se ha visto, un nombre aparece como una especie de pivote entre lo que heredamos de España y un derrotero propio: Isaac Nicola. Son conocidos sus datos biográficos: nació en La Habana el 11 de abril de 1916 —celebramos por estos días su primer centenario— a los quince años comenzó sus estudios formales con su madre, Clara Romero, y recibió su primer título académico, guiado por ella, en el Conservatorio Laura Raynieri, adscrito a la Sociedad Pro Arte Musical en 1934.

De inmediato avanzó en su formación mediante estudios de análisis musical y armonía con María Muñoz de Quevedo hasta que marchó a París, donde fue al encuentro del español Emilio Pujol (1886 – 1980), quien a su vez había sido discípulo de Francisco Tárrega (1852 – 1909). Pujol dijo del cubano: “Isaac siente profunda y notablemente el arte (…) Es una gran satisfacción para mi encontrar en su colaboración inteligente, el espíritu culto y profundo que inútilmente hubiera buscado entre los ejecutantes generalmente frívolos o ambiciosos de triunfos fáciles y provechosos”.

Fue al regreso de Europa, a inicios de los años 40, cuando Nicola, a partir de la experiencia pedagógica de su madre y de lo que aprendió con Pujol en la línea de continuidad de Tárrega, comenzó a forjar los principios pedagógicos y metodológicos de la Escuela Cubana de Guitarra, recogidos en 1977 en un método que abarcó lecciones para transitar desde el nivel elemental al medio superior.


Foto: Archivo de Creart
 

A veces suele reducirse ese mérito a un aspecto netamente técnico. Cierto que hay rasgos que se deben tener en cuenta, como lo observó su hermana Cuqui Nicola al considerar cómo Isaac, luego de su estadía en París de 1937 a 1939, “se percató de que sin uñas el instrumento no sonaba igual y comenzó a emplearlas nuevamente, pero esta vez apoyando, como su maestro Pujol”.

Nicola aspiraba a formar músicos, a revelar artistas.Pero el método va más allá de los elementos técnicos, incluso más allá de la secuencia lógica de aprendizaje. Los maestros que lo apliquen con rigor y creatividad —nunca desde el dogma y la rutina— y los talentos que lo asuman como una guía para el dominio de la expresión guitarrística, saben que de lo que se trata es de ascender hasta la música de una manera integral. En otras palabras, Nicola aspiraba a formar músicos, a revelar artistas.

Y más aún, Isaac formaba seres humanos con altura ética y consciente responsabilidad. Aldo Rodríguez, en su libro Isaac Nicola: maestro de maestros, subrayó entre sus enseñanzas la transmisión de conceptos morales y sociales, como la honestidad, la consagración, la ejemplaridad y la modestia.